Burgerpalusa 2026: dos recetas de doble medallón, un jurado y un público que eligieron distinto
La Segunda, de Burgerteca (Salta), se llevó el premio del jurado con provolone, queso azul y crema de champiñones. Crispy Malbec, de Burger Shoppe (Mendoza), conquistó al público con cheddar, pimientos y reducción de Malbec. Más de 20.000 hamburguesas vendidas en dos jornadas en el Hipódromo de Palermo.

Con más de 20.000 hamburguesas vendidas a lo largo de dos jornadas en Tribuna Plaza, dentro del Hipódromo de Palermo, la quinta edición de Burgerpalusa cerró con un resultado que admite una sola lectura doble: hubo dos ganadores y dos maneras de entender qué hace a una hamburguesa merecedora de un premio. Por un lado, el jurado eligió a La Segunda, la receta de Burgerteca, el local salteño que combina doble medallón de carne con provolone, queso azul, panceta, cebolla, crema de champiñones y alioli, servida en un pan clásico. Por el otro, los más de 10.000 asistentes que pasaron por el festival se inclinaron por Crispy Malbec, la preparación de Burger Shoppe, la casa mendocina que reemplazó la dupla de quesos por cheddar, pimientos, cebolla crispy, lactonesa y una reducción de vino Malbec, todo sobre pan slider golden.
¿Qué separa a una elección de la otra cuando comparten la misma base de doble medallón?
La pregunta es pertinente porque ambas recetas arrancan desde el mismo punto —dos medallones de carne— y a partir de ahí toman caminos opuestos. La Segunda apuesta a una combinación de quesos fuertes, con el provolone y el azul como columna vertebral, y suma la cremosidad de los champiñones y el contrapunto graso de la panceta. Es una receta que pide pan clásico porque la idea es que el sabor de los quesos y la crema domine por encima de la estructura. Crispy Malbec, en cambio, va hacia el terroir mendocino: la reducción de Malbec le da un punto de fruta cocida y tanino suave, el cheddar aporta untuosidad sin competir con el vino, y la cebolla crispy y la lactonesa se encargan de sumar textura antes que profundidad. La diferencia, en definitiva, es de filosofía: capas de queso y cremosidad contra un perfil más aromático y crujiente.
Lo que dice la organización del festival, al presentar los premios, es que se trató de una elección con dos criterios bien diferenciados —uno técnico, a cargo de especialistas, y otro popular, a través del voto del público que pasó por las dos jornadas— y que ambos merecían reconocimiento por igual. Lo que muestran las recetas, al ponerlas una al lado de la otra, es que el paladar del jurado y el del público masivo no siempre coinciden, ni siquiera cuando compiten dentro de la misma categoría.
¿Cómo se llegó a las dos finalistas entre más de 100 hamburgueserías?
- Se inscribieron más de 100 hamburgueserías de distintos puntos del país para participar de la Competencia Federal.
- 24 locales avanzaron a una etapa difundida por YouTube, a lo largo de cinco episodios de presentación ante un jurado especializado.
- 8 lugares obtuvieron su pase directo a la final a través de esa etapa televisiva.
- 4 participantes más accedieron a la final mediante una votación abierta en las redes sociales del festival.
- La selección final quedó concentrada en dos recetas: La Segunda (Salta) y Crispy Malbec (Mendoza).
¿Qué se llevaron, más allá del trofeo?
El premio del jurado, además de la distinción simbólica, le abrió a Burgerteca la puerta a participar en encuentros hamburgueseros de Uruguay y Perú, junto con 2.500.000 pesos en productos y otras distinciones anexas. El reconocimiento del público, en tanto, le reportó a Burger Shoppe un trofeo, 2.800.000 pesos en productos y premios complementarios. La asimetría en los montos y en los beneficios asociados da cuenta de que cada categoría tenía su propio esquema de premios y de que la organización buscó jerarquizar la instancia técnica por encima de la popular, al menos en términos de proyección internacional.
¿Qué falta para que la competencia deje de ser solo un festival gastronómico?
La quinta edición de Burgerpalusa consolida al evento como una vidriera relevante para un sector que mueve millones de pesos por fin de semana en la Argentina, pero todavía quedan asignaturas pendientes que la organización debería abordar si quiere trascender la lógica del festejo. Falta, por ejemplo, una memoria técnica accesible de las recetas finalistas —con proporciones, métodos de cocción y fichas de proveedores— que permita replicar los resultados fuera del contexto del festival. Faltan, también, indicadores de impacto económico desagregados por local y por región, de modo que la competencia federal no se limite a un reconocimiento simbólico. Y falta, sobre todo, transparentar los criterios del jurado con la misma claridad con la que se muestran los del público, para que la brecha entre ambos veredictos no se lea como un defecto del sistema de evaluación sino como una decisión editorial asumida. Por ahora, lo que queda es la foto de dos hamburguesas muy distintas que, en una misma tarde, en un mismo lugar, y sobre la misma base de doble medallón, le ganaron a más de cien candidatas.
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