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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Cuando bajar la grasa corporal de más sale caro: lo que el cuerpo empieza a perder sin aviso

El tejido adiposo no es un adorno: almacena energía, regula hormonas y protege órganos. Reducirlo demasiado puede debilitar músculos, huesos y defensas, incluso en quienes entrenan a diario.

CN
Carla NazarSociedad · · 4 min de lectura
Cuando bajar la grasa corporal de más sale caro: lo que el cuerpo empieza a perder sin aviso

A las siete de la mañana, en un gimnasio de barrio de la provincia de Buenos Aires, Romina se para frente al espejo con una preocupación que repite desde hace meses. Entrena cuatro veces por semana, cuida cada comida y sin embargo siente que algo no cierra: le baja la energía, se le atrasa el período y las series de pesas que antes resolvía con holgura hoy le cuestan un esfuerzoextra. Tiene 42 años, dos hijos y la sensación amarga de que el cuerpo, que era su aliado, ahora le pasa la factura. Lo que le pasa a Romina no es un caso aislado ni una exageración de alguien que se obsesionó con la balanza: es la postal que describen investigadores consultados en los últimos años sobre qué ocurre cuando la grasa corporal cae por debajo de lo que el organismo necesita para funcionar bien.

El punto de partida es simple y a la vez incómodo para la cultura del six pack: la grasa no es un enemigo aerrar sino un tejido que cumple tareas concretas. Almacena combustible para los momentos de escasez, envuelve y protege órganos vitales y participa en la regulación hormonal. Cuando sus reservas caen de forma pronunciada, el cuerpo empieza a tomar decisiones drásticas para sobrevivir, y esas decisiones afectan a músculos, huesos, hormonas y hasta la capacidad de pelear contra una infección.

Un número no alcanza: lo que dice y lo que oculta el porcentaje

Cualquiera que se haya subido a una balanza de bioimpedancia sabe que el aparato arroja un porcentaje de grasa corporal con dos decimales y una certeza aparente que casi siempre es falsa. Ese número, aislado, no dice mucho: la edad, el sexo, la distribución del tejido adiposo y hasta el nivel de hidratación del día pueden modificar la lectura. Una balanza hogareña puede variar varios puntos entre una mañana y otra según cuánta agua se haya bebido. Los pliegues cutáneos que toman los entrenadores dan información sobre la grasa subcutánea pero no permiten ver la que se acumula alrededor de los órganos, que es justamente la más riesgosa para la salud metabólica.

La densitometría DEXA, que distingue entre tejido graso, masa magra y masa ósea, es la herramienta más precisa que existe hoy para mapear la composición corporal, aunque por su costo y la necesidad de equipamiento especializado no está al alcance de cualquiera. En un estudio con más de 700 deportistas, Tamara Hew-Butler, investigadora de la Universidad Estatal de Wayne, registró mínimos del 10 por ciento en hombres y del 16 por ciento en mujeres, muy lejos del 1 o 2 por ciento que muchos associan con la definición muscular de revista.

Qué pasa cuando el cuerpo se queda sin reservas

  • Músculos que se consumen: ante una restricción calórica severa, el organismo puede empezar a tomar proteína del músculo para obtener energía, con pérdida de fuerza y rendimiento.
  • Hormonas que se desregulan: en los hombres, la testosterona puede caer junto con la energía y el ánimo; en mujeres deportistas, son frecuentes los ciclos irregulares o la ausencia de menstruación.
  • Huesos más frágiles: la falta de grasa afecta la generación y reparación del tejido óseo, lo que aumenta el riesgo de lesiones y, con el tiempo, de osteoporosis.
  • Defensas bajas: el experto Fredrik Karpe, profesor de medicina metabólica de la Universidad de Oxford, advierte que disponer de pocas reservas de grasa dificulta la respuesta del cuerpo ante infecciones graves.

Jessica Maung, investigadora de enfermedades metabólicas de la Universidad de Míchigan, lo resume con una frase que conviene tener presente: una cantidad insuficiente de grasa puede alterar distintos órganos y sistemas, y eso incluye a personas que entrenan y se alimentan con disciplina. La explicación está en una hormona llamada leptina, que produce el tejido adiposo y funciona como un mensaje al cerebro sobre cuánta energía hay disponible. Cuando esa señal cae, el organismo interpreta que estamos en época de escasez y empieza a recortar funciones para ahorrar recursos: apaga o atenúa la reproducción, baja la inversión en hueso, reduce el metabolismo.

El otro extremo: cuando la grasa se acumula donde no debería

La advertencia sobre los excesos tampoco es un detalle menor, sobre todo cuando la grasa se deposita en el lugar equivocado. La acumulación de grasa visceral, la que rodea los órganos dentro del abdomen, favorece la liberación de sustancias inflamatorias y se asocia con resistencia a la insulina, hígado graso y mayor riesgo cardiovascular. Por eso los especialistas insisten en mirar la distribución y no solo el número de la balanza: dos personas con el mismo porcentaje de grasa pueden tener perfiles de riesgo muy distintos según dónde se concentre ese tejido.

A Romina, después de varios estudios y una consulta con una endocrinóloga, le terminaron ajustando el plan alimentario y bajando la intensidad del entrenamiento. No fue magia ni un descubrimiento estridente: fue aceitar la cantidad de grasa que su cuerpo necesitaba para volver a menstruar, recuperar fuerza y dejar de sentirse agotada. Su espejo sigue ahí, en el mismo gimnasio de la provincia de Buenos Aires, pero hoy lo mira con otra regla: la de cuidarse sin castigarse, entendiendo que la salud no se mide en un porcentaje único sino en cómo responde el cuerpo entero cuando se le da lo que necesita.

CN
Carla NazarSociedad

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