Jueves, 24 de septiembre de 2026
Actualidad y noticias, al instanteBuscar ⌕

Era Hora Noticias

PortadaVida

Cuando el agua alcanza y cuando no: la guía para no equivocarse de bebida

Una nota para entender por qué las sales de rehidratación oral no son lo mismo que una bebida deportiva, qué pasa con los minerales que llegan de los alimentos y en qué casos la sed diaria alcanza para estar bien hidratado.

CN
Carla NazarSociedad · 24 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

Acá en la cocina de Ana, en una casa chorizo de Temperley, el mate se corta y se vuelve a cebar cada veinte minutos desde que arranca el día. Ana tiene 53 años, dos hijas grandes, un marido jubilado y la costumbre de consultar al médico antes que a Google, así que cuando arrancó la primavera y sintió que le agarraba una diarrea leve por una ensalada mal lavada, llamó al consultorio de su médica de cabecera antes que tomar nada por su cuenta. Esa decisión, tan simple, sirve como punto de partida para entender un tema que parece trivial y esconde varios matices: no todas las bebidas que vemos en la góndola sirven para lo mismo y, sobre todo, no siempre hay que beber más de lo que el cuerpo pide.

Diarrea: por qué una bebida deportiva no es lo mismo que una sales de rehidratación oral

La diferencia es técnica y es importante. La Organización Mundial de la Salud y Unicef recomiendan sales con proporciones definidas de glucosa y electrolitos para prevenir o tratar la deshidratación vinculada con los cuadros diarreicos. Su función es específica y no se reproduce con una bebida deportiva, que apunta a acompañar el esfuerzo físico. La glucosa, en esas soluciones, cumple un rol clave: ayuda al intestino a absorber sodio y agua, y por eso la fórmula combina glucosa con cloruro, potasio y citrato en cantidades estudiadas. La médica de Ana, la doctora Laura, de Lomas de Zamora, le explicó por teléfono que cualquier confusión, desmayo, vómito persistente, imposibilidad de beber o signo de deshidratación grave obliga a ir a una guardia. Elegir una bebida por cuenta propia nunca reemplaza esa evaluación profesional.

El día a día: la mayoría obtiene los minerales que necesita de la comida

Para la hidratación habitual, la regla es bastante más sencilla de lo que parece. Las frutas, las verduras y las legumbres aportan potasio; los lácteos, las semillas, los frutos secos y algunos vegetales suman calcio o magnesio; el sodio y el cloruro llegan, básicamente, con la sal y los alimentos preparados. Estos minerales, llamados electrolitos, participan en cómo se distribuye el agua en el cuerpo y en el funcionamiento de nervios y músculos. Cuando no hay pérdidas importantes de líquidos, no está demostrado que sumarlos como suplemento haga algo útil. Suelen bastar el agua, las comidas regulares y la propia sed como guía.

  • Frutas, verduras y legumbres: principales fuentes de potasio.
  • Lácteos, semillas, frutos secos y ciertos vegetales: aportan calcio y magnesio.
  • Sal y alimentos preparados: vía principal de sodio y cloruro.
  • Suplementos de electrolitos sin pérdida comprobable: sin beneficio demostrado.
  • Señal más simple para hidratarse: atender la sed y comer con regularidad.

Actividad física: la respuesta depende del esfuerzo, el calor y el sudor

En el club del barrio de Ana, donde su hija mayor entrena hockey tres veces por semana, el tema aparece cada tanto. El Colegio Estadounidense de Medicina del Deporte señala que las bebidas con carbohidratos y electrolitos pueden ofrecer ventajas durante esfuerzos prolongados, pero aclara que para ejercicios de menos de una hora la evidencia de diferencias fisiológicas o de rendimiento frente al agua es escasa. Cuando el esfuerzo supera esa hora, sobre todo con calor o humedad, las necesidades de reposición pueden aumentar, y no existe una cantidad única para todos: la sudoración y las pérdidas de sales varían de persona a persona. Beber más de lo necesario también puede alterar el sodio en sangre, un cuadro que los médicos ven sobre todo en corredores de larga distancia y en adultos mayores que se sobrehidratan sin indicación.

La médica de Ana le dejó una indicación práctica, la misma que se repite en los consultorios de atención primaria de la región: si no hay diarrea, vómitos ni fiebre, y la persona come con normalidad, el agua de la canilla, filtrada o de botella, más las comidas de siempre, alcanza. Las sales de rehidratación oral se reservan para los cuadros diarreicos, y las bebidas con electrolitos, para esfuerzos largos y calurosos. Ana volvió a la cocina, cebó un mate más y me dijo, mientras se acomodaba los anteojos sobre la nariz, que lo que más le sirvió no fue comprar nada en la farmacia sino entender, de una vez, por qué su médica le insistía siempre con lo mismo: que el cuerpo, cuando se lo deja trabajar, suele arreglárselas solo.

CN
Carla NazarSociedad

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo