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Lunes, 19 de octubre de 2026
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Cuando el cuerpo avisa antes de toser: las pistas silenciosas que puede dejar la neumonía

El cansancio profundo, la respiración agitada y las náuseas suelen aparecer antes que la fiebre y la tos. Especialistas remarcan que detectarlas a tiempo puede evitar complicaciones, sobre todo en adultos mayores, personas con enfermedades crónicas o defensas bajas.

CN
Carla NazarSociedad · · 4 min de lectura
Cuando el cuerpo avisa antes de toser: las pistas silenciosas que puede dejar la neumonía

Lo recuerdo como si fuera ayer, sentado en el consultorio de Rafaela, en el centro de la provincia de Santa Fe, donde atiende el médico clínico Diego Almada, que hace casi tres décadas observa el mismo patrón en sus pacientes mayores: la neumonía llega muchas veces sin anunciarse con la tos ni con la fiebre que todos Esperamos ver. "Viene el familiar y me dice: mire, mi mamá no tiene tos, no tiene fiebre, pero está descompuesta y no quiere comer. Y cuando uno la revisa, la saturación está baja y la radiografía muestra una mancha que no esperábamos", cuenta Almada, mientras acomoda en el escritorio las planillas con los turnos del día. Para él, ese es el primer llamado de atención que la enfermedad deja en el cuerpo antes de mostrarse como todos la imaginamos.

Una infección que se camufla de resfrío

Una infección respiratoria que parece un resfrío común puede evolucionar hacia una neumonía sin que los síntomas clásicos aparezcan de inmediato. En este cuadro, los alvéolos pulmonares se inflaman y pueden llenarse de líquido o pus, lo que dificulta el paso de oxígeno hacia el organismo y deja una huella que el cuerpo empieza a registrar mucho antes de que la tos se haga presente.

La causa puede ser bacteriana, viral o fúngica. Entre los agentes bacterianos más frecuentes se cuentan el Streptococcus pneumoniae y el Mycoplasma pneumoniae. Algunos virus responsables de la gripe o el covid-19 también pueden derivar en neumonía. La evolución depende del agente causante, la edad y el estado de salud previo de cada persona, algo que Almada insiste en remarcar cada vez que recibe a un paciente mayor o con una enfermedad de base en el consultorio rafaelino.

Las señales que aparecen primero

  • Fatiga profunda y cansancio inhabitual, que aparece de golpe y no se explica por el esfuerzo del día.
  • Respiración acelerada, con sensación de que falta aire o de que cada inhalación exige más de lo normal.
  • Latidos rápidos, que se perciben en el pecho sin haber hecho actividad física.
  • Náuseas, falta de apetito y un malestar general que va creciendo sin un motivo claro.
  • Fiebre que puede estar ausente, sobre todo en mayores de 65 años, donde la temperatura incluso puede ubicarse por debajo de lo normal.

Lo que suele pasar inadvertido, y que el neumonólogo Gerald Weinhouse, de la División de Medicina Pulmonar y Cuidados Críticos de Mass General Brigham, señaló con claridad, es que la fatiga profunda y la respiración acelerada pueden aparecer antes que la tos o la fiebre. "La fatiga y el cansancio pueden aparecer primero y ser profundos", dijo Weinhouse. Y agregó que, si bien la tos es casi universal, "algunas personas no tienen mucha fiebre", una frase que en Rafaela, según cuenta Almada, escuchó repetida en boca de muchos colegas a lo largo de los años.

Cuando el cuadro avanza pueden sumarse presión arterial baja, diarrea o cambios en el estado mental. La confusión repentina, la somnolencia excesiva y la desorientación requieren consulta médica de inmediato, sobre todo en mayores de 65 años. En ese grupo etario, y en personas con defensas comprometidas, la temperatura corporal puede incluso estar por debajo de lo normal. La ausencia de fiebre, entonces, no descarta la enfermedad, y entenderlo a tiempo puede cambiar el pronóstico.

Los grupos con mayor riesgo de complicaciones incluyen bebés, niños pequeños, adultos mayores, fumadores y quienes padecen enfermedades cardíacas, pulmonares, diabetes, asma o cáncer, o reciben tratamientos que reducen las defensas. Entre las complicaciones posibles figuran la acumulación de líquido alrededor de los pulmones, la presencia de bacterias en sangre, los abscesos pulmonares y la insuficiencia respiratoria, que puede requerir internación.

Conviene consultar a un médico si la tos persiste varios días y empeora, si hay dolor en el pecho al respirar, si los síntomas reaparecen después de una mejoría inicial o si aparece fiebre persistente de 39 grados o más. "Yo siempre les digo a los pacientes y a los familiares que vuelvan si el cansancio no cede, si la respiración se acelera o si notan a la persona mayor confundida o dormida de más. Es mejor pasar por el consultorio una vez de más antes que lamentar una internación que se podía haber evitado", cierra Almada desde Rafaela, con esa voz calma que lo acompaña cuando se trata de explicar que el cuerpo, muchas veces, avisa antes de que la tos y la fiebre salgan a escena.

CN
Carla NazarSociedad

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