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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Cuando la boca habla del cuerpo entero: lo que un jubilado correntino aprendió con cada diente que perdió

Una revisión de catorce estudios vuelve a sacudir una idea que muchos arrastran desde chicos: que la dentadura es un tema menor. Para Roberto, de Goya, no fue menor la pérdida, ni el silencio social que vino después, ni el aviso que terminó llegando al odontólogo.

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Carla NazarSociedad · · 3 min de lectura
Cuando la boca habla del cuerpo entero: lo que un jubilado correntino aprendió con cada diente que perdió

Son las nueve de la mañana en Goya, Corrientes, y Roberto Romero está sentado en la galería de su casa con un mate en la mano y una servilleta de papel al lado, por si las moscas. Tiene setenta y dos años, la boina calada hasta las cejas y una historia que arranca mucho antes de cualquier paper científico: cuenta que la primera pieza la perdió a los cincuenta y siete, después una muela a los sesenta y tres, y que de a poco fue dejando de ir al cumple de los amigos del club porque no le gustaba hablar con la dentadura postiza floja. Lo dice con la calma de quien ya hizo las paces, pero aclara: "Yo no sabía que eso podía terminar en algo más grande". Lo que vino después fue un deterioro cognitivo que, según él mismo relata, le empezó a borrar nombres propios y después la confianza para cruzar la calle.

Lo que dicen los números y, sobre todo, lo que no dicen

Una revisión publicada en la revista JAMDA reunió datos de catorce estudios sobre adultos mayores y llegó a una cifra que a Roberto le suena conocida: quienes habían perdido más de un diente presentaban cerca del cincuenta por ciento más de riesgo de deterioro cognitivo y un veintiocho por ciento más de probabilidades de recibir un diagnóstico de demencia. La advertencia de los autores importa tanto como el hallazgo: se trata de una asociación estadística, no de una relación de causa y efecto comprobada. En el medio hay otros factores — inflamación prolongada, alimentación, acceso al odontólogo, enfermedades previas — que pueden empujar el resultado hacia cualquier lado. Por eso la cautela: mirar el diente caído como una señal, no como una sentencia.

La inflamación de encías, la vieja gingivitis, aparece en distintos trabajos asociada a problemas cardiovasculares, pulmonares, obstrucciones en vasos sanguíneos y accidentes cerebrovasculares. Otra vez vale la misma regla: no se probó causalidad directa, pero la coincidencia es suficiente como para que los controles odontológicos dejen de vivirse como un trámite y empiecen a figurar en el seguimiento médico de cualquier persona grande. Cuando la gingivitis se queda sin tratamiento, avanza hacia los tejidos que sostienen el diente y desemboca en periodontitis, una afección que en etapas avanzadas lleva a perder piezas. Y acá aparece algo que Roberto cuenta con precisión de jubilado correntino: "El día que dejé de salir fue el día que me quedé solo adentro de la cabeza".

Molestias que parecen menores y no lo son tanto

  • Sensibilidad dental: aparece cuando las encías se retraen y dejan la raíz a la intemperie, o por el bruxismo, ese apretar o rechinar los dientes durante el sueño. Una férula nocturna puede bajar la presión; el odontólogo es quien distingue si la causa es esa u otra que pide otro tratamiento.
  • Boca seca: cuando se produce menos saliva, masticar, tragar, hablar y hasta percibir sabores se vuelve un trámite complicado. Suele llegar como efecto secundario de varios medicamentos, y puede aparecer junto a diabetes, accidentes cerebrovasculares, alzhéimer y enfermedades que afectan el sistema inmune.
  • Pérdida de piezas: además del dolor físico, arrastra un costo social que muchos subestiman. Hay quienes evitan conversar, sonreír o ir a reuniones por la incomodidad de la dentadura, y el aislamiento en la vejez es, también, un factor que pesa en la cabeza.

Desde Goya, Roberto — así lo llamaremos para cuidar su intimidad, aunque él mismo pidió figurar con nombre — resume lo que aprendió con los años y los dientes que ya no están: "Ir al dentista no es capricho, es cuidarse la cabeza". Una manera criolla de decir lo que la revisión de JAMDA y la guía de Harvard Health Publishing vienen sosteniendo: que la boca, en la adultez mayor, no es un capítulo aparte de la salud, sino un termómetro del cuerpo entero. Y que el momento de consultarle algo al odontólogo es antes de que el problema avise, no después de que la muela ya quedó en el lavatorio.

CN
Carla NazarSociedad

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