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Domingo, 18 de octubre de 2026
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Cuando una pierna hinchada esconde algo serio: la otra cara de los coágulos que pocos miran

El dolor en la pantorrilla, el cambio de color en la piel o una fiebre que no se explica pueden ser la punta del hilo de una trombosis venosa. Una afección que, detectada a tiempo, se trata; ignorada, puede terminar en una embolia pulmonar fatal. Cuatro señales, tres etapas clave en la vida de las mujeres y un llamado a no confiarse.

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Carla NazarSociedad · · 5 min de lectura
Cuando una pierna hinchada esconde algo serio: la otra cara de los coágulos que pocos miran

Vicky tiene 42 años y vive en un barrio tranquilo de la ciudad de Santa Fe. Trabaja en una administración, lleva a sus hijos al colegio y camina lo justo. Hace unas semanas, una mañana cualquiera, se levantó y notó que la pantorrilla derecha le dolía de una manera que no le cuadraba. No fue un tirón muscular ni un calambre: era una molestia constante, más marcada cuando apoyaba el pie. A las 48 horas la zona estaba hinchada, caliente y con un color rojizo que antes no estaba ahí. Pensó que iba a pasar. No pasó. Cuando por fin consultó, la médica le dijo que estaba ante un cuadro de trombosis venosa profunda, y que la suerte fue llegar a tiempo. Vicky no había tenido un coágulo antes, no tomaba anticonceptivos y no tenía antecedentes familiares conocidos. Pero llevaba semanas sentada más de diez horas por día frente a la computadora, con la hidratación justa y sin moverse demasiado.

Su historia no es rara. La tromboembolia venosa, el nombre técnico que reciben los coágulos que se forman en las venas profundas, suele aparecer cuando uno menos lo espera. Y los números muestran que la subestimación del riesgo es, justamente, parte del problema. El cardiólogo preventivo Francesco Lo Monaco lo describe con una frase que Vicky repitió varias veces en la consulta: "sentirse bien no significa que todo esté bien".

Qué pasa cuando se forma un coágulo y por qué puede ser mortal

La tromboembolia venosa se produce cuando se forma un coágulo en una vena profunda, generalmente en las piernas. Ese trombo puede quedarse en el lugar y causar dolor e hinchazón, o puede desprenderse. Cuando se desplaza y viaja hasta los pulmones, lo que se conoce como embolia pulmonar, el cuadro se vuelve una emergencia médica. La embolia pulmonar puede ser fatal y requiere atención inmediata, porque obstruye el flujo sanguíneo en los pulmones y compromete la oxigenación de todo el organismo.

Las cuatro señales que el cuerpo suele dar antes

Lo Monaco identificó cuatro manifestaciones físicas que pueden indicar la presencia de un coágulo en una vena profunda. Ninguna de ellas confirma por sí sola el diagnóstico, pero cualquiera justifica pedir turno con un profesional: dolor o sensibilidad en una pierna, sobre todo en la pantorrilla o el muslo; hinchazón de aparición reciente, generalmente en una sola extremidad; cambios en el color de la piel, que puede verse roja, azulada o más oscura de lo habitual; y sensación de calor localizada en la zona afectada. Vicky tuvo las cuatro. Y eso, le explicó después la médica, fue lo que terminó de convencerla de que no podía seguir esperando.

Cuándo deja de ser una consulta y pasa a ser una ambulancia

Hay síntomas que ya no dan margen para esperar un turno. La dificultad respiratoria súbita, el dolor en el pecho que se intensifica al inhalar, la tos con sangre y la pérdida de conocimiento son señales típicas de una embolia pulmonar en curso. Frente a cualquiera de ellas, la indicación es llamar a emergencias de inmediato. No concurrir por medios propios al hospital, no esperar a que se pase, no automedicar. El tiempo, en estos cuadros, se mide en minutos.

Quiénes corren más riesgo y por qué

No todas las personas tienen la misma probabilidad de desarrollar un coágulo. Hay factores que elevan el riesgo de manera significativa: haber tenido un coágulo previamente, tener antecedentes familiares o condiciones hereditarias como la trombofilia, fumar, pasar períodos prolongados con movilidad reducida y convivir con enfermedades crónicas como diabetes, insuficiencia cardíaca o cáncer. A esa lista se suman situaciones que cambian de manera transitoria pero importante la manera en que la sangre coagula, y que muchas veces se subestiman.

Las tres etapas de la vida de una mujer que cambian el cálculo

En la vida de las mujeres hay tres momentos donde esa probabilidad se modifica, y que conviene tener presente aunque la persona se sienta perfectamente bien:

  • El uso de anticonceptivos hormonales con estrógeno. El incremento del riesgo existe, pero para la mayoría de las usuarias es bajo. Lo importante es charlarlo con quien los indica y revisar antecedentes antes de empezar.
  • El embarazo y el posparto. Es un período de mayor vulnerabilidad, porque el cuerpo activa mecanismos para evitar el sangrado excesivo durante el parto, y eso favorece la coagulación. Los controles obstétricos contemplan este punto, pero no está de más tenerlo presente.
  • La terapia hormonal para síntomas de la menopausia. Cuando incluye estrógeno, también puede elevar el riesgo, sobre todo si se combinan otros factores.
“La prevención comienza por comprender los propios riesgos, en lugar de asumir que sentirse bien significa que todo está bien.”Francesco Lo Monaco, cardiólogo preventivo

Volver a Vicky, volver al mensaje

Vicky hoy está en tratamiento. La médica le insistió en algo que Lo Monaco repite en cada charla: los riesgos no son fijos a lo largo de la vida, cambian con el embarazo, con los tratamientos hormonales, con los meses de sedentarismo, con una operación, con una inmovilización. Por eso el consejo más adecuado no es universal, sino que varía según la historia clínica de cada persona. La recomendación es simple y a la vez incómoda: no esperar a que el cuerpo avise con un dolor que no se va. Quienes tienen antecedentes personales o familiares de problemas de coagulación son quienes más deben conversar el tema con su médico, pero la lección que Vicky se lleva a su casa vale para todos. Una pierna hinchada, una pantorrilla caliente, un color de piel que cambió sin razón: a veces el cuerpo está hablando antes de que la urgencia sea una emergencia.

CN
Carla NazarSociedad

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