Cuidar y no poder dormir: la encuesta que encendió la alerta sobre la sobrecarga de los cuidadores familiares
Un relevamiento de la Universidad Austral sobre 120 cuidadores principales detectó que cuatro de cada diez atraviesan una sobrecarga intensa. Las mujeres son las más afectadas, tanto en el descanso como en la posibilidad de sostener un proyecto propio. Especialistas piden mejorar el apoyo y ampliar las licencias laborales.

En la cocina de su casa en Mendoza, Laura termina de preparar la medicación de su madre y se sienta, por fin, en la silla del comedor. Son las once de la noche. Recién entonces, después de una jornada que arrancó al amanecer, puede pensar en ella. Y la primera señal de agotamiento aparece en lo más básico: hace semanas que no duerme las siete horas que su cuerpo le pide. Como ella, miles de personas en la Argentina asumen el cuidado principal de un familiar y reorganizan su vida —el descanso, el trabajo, los proyectos— en función de esa responsabilidad. Una encuesta de la Universidad Austral terminó de ponerle números a ese cotidiano que suele quedar detrás de la puerta de cada casa.
Los datos que dejó el relevamiento
El estudio se realizó por internet entre octubre de 2025 y abril de 2026 y reunió a 1.028 personas mayores de 18 años residentes en la Argentina. Una de cada cinco, el 20,4%, manifestó que cuidaba a un familiar. Dentro de ese grupo, el 60,6% de las mujeres asumió el rol de cuidadora principal, una proporción que entre los varones descendió al 44,4%. La diferencia no es un detalle: marca de entrada quién termina sosteniendo, en la práctica, la mayor parte de la carga.
Para dimensionar el impacto, los investigadores evaluaron a 120 cuidadores principales con la escala de Zarit, un cuestionario de 22 ítems utilizado a nivel internacional. Seis de cada diez presentaban algún grado de sobrecarga y el 40,8% alcanzó el nivel intenso, considerado por el informe como un umbral que requiere intervención. La traducción concreta es la que describe Laura todas las noches: dificultad para descansar, renuncia a actividades propias y un esfuerzo por mantener, casi a cualquier costo, el trabajo remunerado.
El trabajo remunerado, vale aclararlo, no queda afuera de la ecuación: el 75% de los cuidadores relevados estaba además empleado. El problema es que las herramientas para compatibilizar ambas responsabilidades cambian de manera pronunciada según el tipo de contratación. Los datos muestran que un cuidador formal accede, en promedio, a poco más de la mitad de las licencias y prestaciones contempladas —que incluyeron maternidad, paternidad, enfermedad de un familiar, eventos familiares y guardería—, mientras que un independiente accede a menos de una de cada diez. La diferencia no es menor: condiciona de raíz la posibilidad de pedir un respiro sin perder el ingreso.
“Importa la calidad del apoyo y no solamente su existencia.”Informe de la Universidad Austral
El relevamiento también cruzó un dato que invita a revisar lo que muchas familias dan por sobreentendido. La proporción de sobrecarga intensa fue del 40% tanto entre quienes dijeron recibir ayuda como entre quienes dijeron no tenerla. Es decir, no alcanza con que haya alguien dispuesto a colaborar: el informe advierte que importa la calidad de ese acompañamiento, y para medirlo distinguió tres dimensiones: la afectiva, la informacional —orientaciones, consejos, datos concretos— y la operativa, la que se traduce en hacer cosas concretas por la persona cuidada o por quien cuida.
El trabajo, sin embargo, no se quedó en el cuadro de dificultad. También registró lo que los cuidadores reconocieron como valioso. El 95,7% mencionó al menos un aspecto gratificante: el afecto recíproco, los momentos compartidos, los avances que la persona cuidada lograba día a día. Esa valoración convive, y a veces se mezcla, con el cansancio y con la falta de sueño, como ocurre en la mesa de Laura cuando termina la jornada mendocina. La investigadora del equipo, según reconstruyó el portal, sostuvo que el desafío pendiente es construir redes de apoyo más sólidas y políticas laborales que contemplen la realidad de quienes cuidan, sobre todo de las mujeres, que en este relevamiento volvieron a quedar en el centro de la carga.
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