Del dicho al cerebro: por qué seguir creyendo en el mito del cerebro izquierdo y derecho puede achicarte la vida
Un estudio con más de mil participantes y la voz de una especialista de Cleveland Clinic confirman lo que muchas personas intuyen: no existen dos tipos de cerebros opuestos. La investigadora Grace Tworek se apoya en la ciencia para derribar un invento popular.

En el sur de la provincia de Buenos Aires, una docente del secundario barrunta hace rato la misma cruzada. Cada vez que aplica una prueba de personalidad en el aula, alguna alumna levanta la mano y pregunta con cara de disculpa: "Yo soy del derecho, ¿no? Por eso me cuesta la matemática". Carmen, que así se llama la profesora y que desde hace veinte años trabaja en escuelas rurales del partido de Coronel Pringles, ya tiene la respuesta masticada, pero igual le pesa repetirla, porque sabe que del otro lado de los bancos hay chicos y chicas que cargan con ese sambenito como si fuera un defecto de fábrica. "Te dicen: soy artista, soy desordenado, soy de letras, la ciencia no es lo mío. Y lo dicen con resignación, como quien lee un diagnóstico en una cartilla", cuenta mientras ordena una pila de carpetas en un recreo húmedo de octubre. Esa resignación es, justamente, lo que la psicóloga Grace Tworek, de la Cleveland Clinic en Estados Unidos, quiere combatir: la idea de que cada persona pertenece a un hemisferio cerebral como si fuera un equipo de fútbol y la otra mitad fuera la hinchada contraria.
Lo de Carmen no es un caso aislado ni un dato menor. La clasificación de personas entre "de cerebro izquierdo", racionales y analíticas, y "de cerebro derecho", creativas e intuitivas, lleva décadas instalada en cuestionarios de internet, en propuestas educativas y en conversaciones de mesa familiar. El problema es que, según las investigaciones más recientes, no tiene base científica. Quienes la repiten suelen desconocer que esa etiqueta nunca pasó el filtro de un laboratorio con grupos grandes de personas. Lo que sí existe, y vale la pena repasar, es una asimetría real entre los dos hemisferios, aunque mucho más modesta de lo que el mito sugiere.
Lo que la neurociencia sí sabe, y lo que no
- El hemisferio izquierdo interviene de manera destacada en el lenguaje y controla el movimiento del lado derecho del cuerpo.
- El hemisferio derecho participa en el procesamiento visual y espacial y controla el lado izquierdo.
- Ambos hemisferios se comunican en forma permanente a través del cuerpo calloso, un conjunto de fibras nerviosas que intercambian información entre las dos mitades.
- Esa coordinación constante es la que permite hablar mientras se miran los gestos del interlocutor, se interpreta el tono de voz y se evalúa el contexto emocional.
Para disipar de una vez el rumor, alcanza con leer un trabajo publicado en PLOS ONE, la revista científica de acceso abierto revisada por pares. El equipo de investigación estudió la conectividad cerebral en reposo de 1.011 personas de entre 7 y 29 años. Identificó regiones con lateralización, incluidas áreas vinculadas al lenguaje en el hemisferio izquierdo y redes de atención en el derecho. Hasta ahí, ninguna sorpresa. El dato que voltea el mito es lo que vino después: no apareció evidencia de que esas conexiones se agruparan en un patrón que favoreciera consistentemente a un hemisferio sobre el otro dentro de cada individuo. La especialización es una propiedad local de ciertas redes neuronales, no un rasgo global que permita catalogar a las personas.
“Las fortalezas individuales no prueban que una mitad del cerebro gobierne la personalidad.”Grace Tworek, psicóloga de la Cleveland Clinic
El origen del bulo, sin embargo, está bien identificado y no nació en una charla de café, sino en un quirófano. A mediados del siglo pasado, se estudiaron pacientes a quienes se les había seccionado el cuerpo calloso para controlar crisis epilépticas graves. Esa cirugía, llamada comisurotomía, dejó a los especialistas con una oportunidad única para examinar las diferencias entre los hemisferios. Aquellos hallazgos fueron reales, pero las condiciones eran absolutamente excepcionales: cerebros intervenidos, lesionados, sin la comunicación habitual entre sus mitades. Extrapolar esos resultados a la población general fue el salto que nunca debió haberse dado, y por eso la comunidad científica lleva años pidiendo que se desactive la cadena de Whatsapp que aún circula.
Carmen, la profesora de Coronel Pringles, dice que conoce el camino de memoria. Lo ve cada marzo, cuando llegan los chicos de primer año y ya traen la etiqueta puesta por la familia, los vecinos o un video de los tantos que circulan en redes. "El año pasado tuve un alumno que se justificaba por su torpeza con la guitarra diciendo que era de cerebro izquierdo. Le hice escuchar la misma canción que le pedía ensayar a una compañera catalogada como de cerebro derecho, y los dos tardaron lo mismo. Se miraron, se rieron, y al final la practicaron juntos los recreos siguientes", recuerda. Esa imagen, la de un aula donde la etiqueta pierde fuerza frente a lo que cada uno puede aprender, es la que la Unesco también busca proteger. El organismo internacional advirtió que trasladar estas ideas al aula puede condicionar las expectativas sobre los alumnos. Definirse como "poco creativo" por asumirse analítico, o como "desorganizado" por creerse artístico, puede desalentar la práctica de habilidades que, como cualquier otra, se entrenan con tiempo, error y acompañamiento. La moraleja que Tworek repite y que la docente del sur bonaerense empezó a compartir con sus colegas es bastante más sencilla de lo que parece: no hay dos cerebros opuestos, hay un solo órgano que trabaja en red, y las personas somos mucho más que la mitad que nos tocó en una trivia de sábado a la noche.
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