Deuda joven, billetera virtual: la mora que se muda de banco a pantalla
Casi uno de cada cinco menores de 30 años con compromisos impagos los mantiene con una fintech, mientras que con los bancos tradicionales apenas supera el 7,9%. Un relevamiento del Instituto Argentina Grande sobre 5,7 millones de deudores morosos muestra que la digitalización del crédito recalienta el perfil etario más castigado por la falta de ingresos.

El sistema financiero argentino acumulaba, según el último corte disponible, 5.715.202 personas con al menos una deuda impaga, una cifra equivalente al 12% de la población total. Dentro de ese universo, los bancos concentran 2.468.367 casos, las fintech y billeteras virtuales 1.533.434, otras emisoras de tarjetas 1.261.470 y las entidades no bancarias 804.697. La fotografía, de todos modos, esconde un desplazamiento que ya reconfigura el riesgo: el de los jóvenes, únicos en los que las plataformas digitales superan a la banca tradicional en proporción de morosos.
El 19,4% de los jóvenes con deudas registra al menos una línea atrasada con una fintech o billetera virtual, frente al 7,9% que mantiene mora con entidades bancarias. La brecha, de más de 2 a 1, deja a los menores de 30 años como el único segmento etario en el que las plataformas digitales concentran más deudores en mora que los bancos, según el relevamiento del Instituto Argentina Grande.
¿Por qué los bancos ganan en casi todas las edades, pero pierden en los más jóvenes?
La morosidad con fintech decrece a medida que sube la edad. En la franja de 15 a 20 años se registraron 53.445 casos de mora con plataformas digitales contra 21.669 con bancos, una relación de 2,5 a 1 favorable a las fintech. Entre los 21 y 35 años, los bancos toman la delantera con 905.007 deudores morosos frente a 667.055 de las fintech. En el tramo de 36 a 50 años la relación es de 922.075 contra 557.217, y entre los mayores de 66 años, de 189.738 contra 49.523. El quiebre, entonces, se concentra en los más chicos y se disuelve rápido: a partir de los 21 años el peso de la mora vuelve a los bancos y crece con la edad.
En julio, el 38,1% de los deudores de entre 15 y 29 años tenía al menos una cuota en mora. La proporción baja al 31,73% entre los de 30 a 44 años, al 23,05% entre 45 y 59, al 16,77% entre 60 y 74, y al 14,47% en los mayores de 75. El grupo más endeudado en términos absolutos es el de 21 a 35 años, con 2.188.442 personas con al menos una deuda impaga en el sistema.
¿Qué hacen los que renegocian y qué pasa cuando la cartera pasa a cobranzas?
- 882.173 deudores tienen compromisos transferidos a empresas de cobranza, una cifra en crecimiento sostenido desde mediados de 2025.
- Esas carteras equivalen al 9,6% de las líneas de crédito en mora y alcanzan al 15% de los deudores morosos.
- El Centro de Estudios para la Ciudad siguió a quienes renegociaron obligaciones entre abril y agosto de 2026: el 50,6% permaneció en la misma categoría de morosidad y el 30,5% logró mejorar su situación.
“El problema radica en los ingresos. Se puede refinanciar reiteradamente o hacerlo una sola vez, pero siempre se estará condicionado a la imposibilidad de hacerse de los recursos para cancelar la obligación.”Mariano Almeyda, director del Centro de Estudios para la Ciudad
La contracara es que las fintech suelen presentar estos préstamos como pequeñas cuotas accesibles, casi invisibles en el flujo de una app, mientras que los bancos mantienen filtros más rígidos y límites más bajos para clientes sin historial. El resultado es el que muestran los datos: en los segmentos más jóvenes la mora se muda del mostrador a la pantalla. El Instituto Argentina Grande advierte que, sin cambios en los ingresos, la refinanciación corre el riesgo de convertirse en un circuito cerrado en el que la deuda no se paga, se pule, y se vuelve a impagar.
¿Qué falta hacer?
Falta, en primer lugar, un observatorio público que discrimine la mora fintech de la bancaria por tramo etario y por monto, hoy mezcladas en los reportes globales del sistema. Falta también que los reguladores exijan a las billeteras virtuales los mismos requisitos de originación y scoring que pesan sobre los bancos, porque la asimetría regulatoria es lo que explica que un joven acceda a crédito digital sin los filtros que le impondría una sucursal. Y falta, sobre todo, una política de ingresos que saque de la ecuación la restricción que Almeyda coloca en el centro: sin plata en el bolsillo, ninguna refinanciación cierra el problema de fondo.
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