Dos jubilados, un río turbio y décadas de vertidos en la nueva miniserie británica
Un drama en tres episodios toma un caso local en los Cotswolds para mostrar cómo la contaminación de ríos y costas se volvió un problema de todo el Reino Unido.

Hay historias que empiezan con una sensación difusa, de esas que uno no sabe bien si son reales o producto de la costumbre. En "Negocios turbios", la miniserie de tres episodios que acaba de estrenarse, esa sensación tiene nombre y apellido: un río que ya no se ve como antes. Y como suele pasar con las cosas que se rompen despacio, nadie quiere ser el primero en decirlo en voz alta.
La ficción se basa en hechos reales y sigue a dos vecinos jubilados que, cuando notan que el río Windrush, en los Cotswolds, presenta una turbidez que no recuerdan haber visto antes, deciden no quedarse con la explicación oficial. Lo que empieza como una inquietud local se va abriendo hasta exponer décadas de vertidos de aguas residuales sin tratar, falta de inversión en infraestructuras y mecanismos de control insuficientes.
Dos vecinos que no se conforman
Ashley Smith, un expolicía interpretado por David Thewlis, y Peter Hammond, un profesor de matemáticas jubilado al que da vida Jason Watkins, forman el núcleo de la trama. Las respuestas de la compañía de agua responsable no los convencen, y ambos avanzan por su cuenta. La experiencia policial de uno y la capacidad del otro para analizar grandes volúmenes de datos les permiten identificar patrones que revelan un problema de escala nacional.
La serie incorpora imágenes reales grabadas por activistas, algo que le da a la ficción un peso difícil de ignorar. Dirigida por Joseph Bullman, la miniserie no se limita a seguir una investigación: también aborda la relación entre los organismos reguladores y las empresas supervisadas, el nivel de las multas aplicadas y las remuneraciones de algunos directivos del sector.
Tres líneas de tiempo que se cruzan
La trama principal arranca en 2016, pero el relato se abre hacia otros momentos que ayudan a entender el origen del problema. Son tres los puntos de referencia que organizan la historia:
- 1989: el año de la privatización del sector del agua, desde el que las empresas pasaron por sucesivas operaciones de compraventa mientras las infraestructuras acumulaban inversión insuficiente.
- 2008: cuando el organismo regulador ambiental empezó a trasladar a las compañías de agua parte de la responsabilidad de detectar incumplimientos, mediante un sistema de autocontrol.
- 1999: el año en que la pequeña Heather, de ocho años, entró en contacto con agua contaminada en una playa de Dawlish, en Devon, y murió dos semanas después por una infección por la bacteria E. coli O157.
El caso de Heather, que el veredicto consideró una muerte accidental y que nunca terminó de esclarecerse por completo, es el que más me costó dejar de pensar al terminar el último episodio. Mark y Julie Preen, sus padres, viajaban con sus hijas para pasar unas vacaciones en una playa que en ese momento tenía distinción de calidad del agua, y esa frase, leída hoy, pesa de otra manera.
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