El Batman que nunca fue: la semana en que Stallone se probó la capa y se la sacó antes de filmar
Un cortometraje clandestino, dos estrellas y un traje que quedó en el tintero: la historia oculta detrás de Batman: Dead End, el fan film que en 2003 estuvo a punto de tener a Sylvester Stallone como Caballero Oscuro y a Mark Hamill como Joker, antes de que un llamado a su propio equipo lo hiciera bajar del proyecto.

Yo siempre digo que las mejores historias del cine de superhéroes no están en la pantalla grande, sino en los márgenes, en esos pasillos donde un director con más coraje que presupuesto cruza una puerta y le cambia el guion a un ícono. Por eso esta vez me quiero detener en una rareza que durante años circuló como rumor y recién ahora quedó registrada con pelos y señales en el documental Behind the Mask: The Batman Dead End Story: la vez que Sylvester Stallone estuvo a punto de colgarse la capa de Batman en un cortometraje sin derechos, sin presupuesto y sin permisos oficiales, allá por 2003, cuando el personaje venía de masticar el fiasco de Batman y Robin y todavía no encontraba su nueva voz en pantalla.
Para entender la dimensión de lo que casi pasa hay que retroceder un poco en el tiempo. A principios de los dos mil, Warner Bros. tenía a Batman varado en un lugar incómodo: la saga de Joel Schumacher había dejado al héroe como objeto de memes y al Joker como un villano que daba vergüenza ajena. En ese vacío aparecieron los fan films, esas pequeñas películas hechas por fans, con cuatro pesos y mucho ingenio, que se pasaban de mano en mano en VHS o en los primeros torrents. El más famoso de todos fue, justamente, Batman: Dead End, dirigido por Sandy Collora, un realizador independiente que se mandó a filmar una persecución del Caballero Oscuro contra el Joker en un callejón, con el condimento extra de que a la cacería se sumaban un xenomorfo de la saga Alien y un Predator, los dos monstruos de la Twentieth Century Fox, en un cruce imposible que Internet convirtió en mito.
Una llamada, una pausa y un traje de murciélago
Lo que no se sabía es que, antes de que el corto se rodara con otros actores, Collora había logrado algo que hoy suena a milagro: convencer a Sylvester Stallone de ponerse el traje. Según cuenta el propio director en el documental, la conversación fue breve, casi accidental. Le comentó que estaba preparando una pequeña película de Batman, Stallone preguntó si los estudios podían meter la cola, y, tras una pausa, le dijo que sí, que contaba con él. Con ese nombre en la mesa, Collora fue a golpear la siguiente puerta y se llevó la segunda sorpresa: Mark Hamill, el mismísimo Luke Skywalker, que además llevaba casi una década prestando la voz del Joker en Batman: la serie animada, aceptó sumarse como villano. Eran dos estrellas de primer nivel, un proyecto sin un peso de presupuesto y un secreto a voces que todos juraban guardar.
La clave era el silencio. Collora les había pedido expresamente discreción porque sabía que si Warner Bros. se enteraba de que dos estrellas de Hollywood estaban rodando un Batman no oficial, el estudio iba a caer con sus abogados antes de que se encienda una cámara. Todo marchaba sobre rieles hasta que llegó el día de la prueba de vestuario en la propia casa de Stallone. En ese encuentro, cuentan los protagonistas, el actor reveló que había puesto al tanto a su entorno profesional, a su gente de siempre, la que le maneja la carrera. Pocas horas después confirmó que se bajaba del proyecto. Hamill, que se había enganchado sobre todo por la idea de compartir set con él, tomó la misma decisión poco después y se bajó también. El sueño de un Batman clandestino con estrellas de Hollywood se desinfló en una tarde.
- Stallone y Hamill estaban al tanto de que Collora no tenía los derechos de Batman ni del Joker.
- El director les había pedido máxima discreción para evitar que Warner Bros. bloqueara el corto antes del rodaje.
- La prueba de vestuario en la casa del actor fue el punto de quiebre: Stallone contó que había informado a su equipo y decidió dar un paso al costado.
- Hamill se retiró poco después, en parte porque el atractivo central del proyecto era compartir escena con Stallone.
- El cortometraje se filmó igual con otros actores y se estrenó en la Comic-Con de 2003, donde se convirtió en un clásico de los fan films.
La puerta que nunca se cerró del todo
Yo a Stallone le tengo cariño desde Rocky, esa primera película que lo mostró como un tipo que no era perfecto sino todo lo contrario, y por eso me resulta inevitable pensar cómo habría sido ver a ese actor enorme, de mandíbula marcada y ojos achicados por el cansancio, colgándose una capa y persiguiendo al Joker por un callejón de Gotham. No era el Batman canónico, ni falta que hacía, pero tenía algo que los fans del corto de Collora reconocieron al instante: presencia, peso físico, la sensación de que el traje le quedaba como si lo hubiera llevado puesto toda la vida. La pena es que nunca lo pudimos comprobar en pantalla, aunque el propio Stallone, años después, dejó la puerta entreabierta.
La movida la hizo el guionista y dibujante Frank Miller, que en una entrevista pública deslizó que le habría gustado ver a Stallone como un Batman maduro, basado en El regreso del caballero oscuro, esa novela gráfica donde Bruce Wayne ya está grande, cansado y más cerca del retiro que de la cima. Stallone recogió el guante, dijo que se identificaba con la situación de un personaje que pelea contra el tiempo y sus propios límites, y que, si la energía seguía ahí, podía ser una revelación. Quedó en palabras, en una declaración que los fans guardan como oro y que nunca se tradujo en un guion, una cámara o un set. No pasó de ahí, y quizás está bien que no haya pasado, porque a veces los casting imposibles valen más como mito que como película.
“Me identifico con la situación del personaje, y si la energía sigue ahí puede ser una revelación.”Sylvester Stallone, sobre la idea de interpretar a un Batman maduro en El regreso del caballero oscuro
Si me preguntan a mí, como espectadora y como alguien que sigue estos temas desde hace décadas, lo que más me importa de esta historia no es la película que no se hizo, sino el breve momento en que existió como posibilidad real. Un director con treinta mil dólares, un callejón prestado, un xenomorfo y un Predator, más un Stallone que se prueba la capa en su propia casa y un Hamill que acepta ser el Joker por la simple alegría de hacerlo: eso es cine de superhéroes en estado puro, anterior a los streaming, anterior a los universos compartidos, cuando todavía se podía soñar en una cochera y filmar el sueño con una cámara prestada. Recomiendo, si les picó la curiosidad, buscar Batman: Dead End en la web, que sigue circulando en forma gratuita, y después, para completar la experiencia, sentarse a ver Behind the Mask: The Batman Dead End Story, el documental donde se escucha la voz de Collora contando cómo se cocinó todo y por qué, una semana antes de rodar, se le fue al piso. Es una hora que se pasa volando y deja una pregunta flotando, de esas que a mí me gusta llevarme a la cama: qué habría pasado si Stallone no hubiera llamado a su equipo esa tarde, y Batman, el verdadero, el que vive en la imaginación de los fans, hubiera tenido por un rato al Rocky de Gotham en su lugar.
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