Saltar al contenido
Viernes, 16 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instanteBuscar ⌕
Era Hora Noticias

Era Hora Noticias

El estómago de una ballena como confessionario: "Whalefall" y la herida que no se cierra

Brian Duffield convierte un escenario de supervivencia extrema en el escenario de un duelo postergado. Austin Abrams carga con un papel que pide pulmones y lágrimas a la vez, y la película apuesta a una intimidad que no todos van a tolerar.

JK
Julia KaplanCultura y espectáculos · · 3 min de lectura
El estómago de una ballena como confessionario: "Whalefall" y la herida que no se cierra

En mi experiencia como cronista de cine, pocas veces una película arranca con una imagen tan rotunda como la que propone Brian Duffield en Whalefall: un hombre atrapado en el estómago de una ballena, forcejeando por respirar mientras el reloj corre en su contra. Y lo más interesante es que ese punto de partida, que parece la invitación a un festival de tensión pura, funciona apenas como trampolín. Lo que la película quiere contar es otra cosa, y es ahí donde se gana admiradores y también resistencias.

Supervivencia como espejo de un duelo

El protagonista, interpretado por Austin Abrams, ya conocido por su paso por Resident Evil, no solo pelea contra un medio hostil que lo oprime y lo devora por dentro. Pelea, sobre todo, con un padre al que no alcanzó a despedir. Las conversaciones con la figura paterna, fallecida antes de que se dirimieran las palabras pendientes, funcionan como el verdadero motor dramático, y los flashbacks van armando un rompecabezas familiar donde el amor circula, pero nunca se dice a tiempo.

Me animo a decir que Whalefall hereda algo de la frecuencia emocional de Ad Astra, aquella película de Brad Pitt que también eligió meter a un hijo dentro de un paisaje enorme para hablar, en el fondo, de un padre distante. Quien conecte con esa zona va a sentir que la película le aprieta el pecho; quien no entre en esa clave, probablemente la encuentre lenta, reiterativa y hasta algo solemne en su insistencia.

  • El diseño del interior de la ballena es, a mi criterio, lo más logrado del filme: transmite claustrofobia, textura orgánica y una sensación de amenaza casi táctil.
  • Austin Abrams sostiene la película él solo, sin respiro, y la actuación física convence tanto como la emocional.
  • El tramo final escala con efectos generados por computadora y propone un desenlace de mayor vuelo visual, aunque algo esquemático.
  • La estructura repetitiva de las secuencias de escape puede leerse como hallazgo minimalista o como monotonía, según la tolerancia de cada espectador.

Quiero ser honesta: la idea de meter a alguien dentro de un cetáceo para que hable con su fantasma es de esas que justifican, como mínimo, la entrada al cine. Duffield demuestra oficio para componer ese mundo visceral y húmedo, y la propuesta visual se luce, especialmente cuando la cámara se mueve dentro de un estómago convertido en paisaje onírico. Ahora bien, el corazón del relato pide sutileza y la puesta en escena, en ciertos tramos, se deja llevar por la grandilocuencia digital, como si no terminara de confiar en que la palabra y la emoción alcanzan.

“El filme no apuesta por el espectáculo puro: el núcleo dramático gira en torno a la relación entre el protagonista y su padre fallecido, reconstruida a través de flashbacks y conversaciones que acompañan la lucha por escapar.”Lectura crítica de Whalefall

Si te sentaste alguna vez frente a una butaca con la certeza de que ibas a ver una aventura extrema y terminaste llorando por un padre que ya no está, Whalefall te va a encontrar. Yo iría a verla preparado para ese temblor, con paciencia para sus reiteraciones y ganas de entregarte a una rareza que, cuando funciona, funciona de verdad. No es una película para todos los estómagos, ni literales ni emocionales, pero quienes la hagan propia van a salir sacudidos por un buen rato.

JK
Julia KaplanCultura y espectáculos

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo