El limite que no se puso a tiempo y el cuerpo termino poniendo
Ansi Edad, resentimiento y hasta insomnio pueden ser la forma en que el organismo cobra la factura de anos sin poder decir que no. Tampoco sirve el camino inverso, el de quien no tolera el no del otro. La psicologa Mariana Lozada, de Mendoza, explica por que se aprende a pedir permiso antes que a poner freno y como se puede desarmar ese guion.

Me lo cuenta Mariana Lozada, psicologa matriculada en Mendoza, mientras el termometro del barrio de La Gloria trepa a treinta y pico y en la vereda una nena de cuatro anos le pide a su mama un helado mas y la mama, paciente, le explica por quinta vez que ya comio suficiente. Esa escena minima, dice Lozada, es la fabrica clandestina de limites: ahi, en la paciencia o en la falta de paciencia de esa madre, se esta decidiendo como ese chico, dentro de veinte anos, va a reaccionar cuando un jefe le pida un domingo de trabajo o cuando la pareja le diga que no a un plan.
Mariana Lozada atiende en su consultorio de la ciudad de Mendoza hace mas de quince anos y, si hay algo que se repite, dice, es la consulta del adulto que ya no da mas. Llega con insomnio, con un dolor lumbar que los estudios no le justifican, con una irritabilidad que no se entiende ni el mismo. Y cuando empieza a hilar fino, aparece la misma historia: un si permanente a todo lo que le piden, una incapacidad larga de decir que no y la sorpresa de que el cuerpo, cansado de esperar la palabra, termino poniendo el limite por su cuenta.
El primer patron: el que aprendio que su deseo molesta
Es, segun Lozada, el perfil mas frecuente que recibe en el consultorio mendocino. De chico entendio, casi sin palabras, que decir que no era una manera de poner en riesgo algo importante, el cariño de un padre, la paz de una madre, la propia supervivencia economica. De grande, sigue aplicando el mismo guion: acepta lo que no quiere, tolera lo que le hace dano y se hace cargo de lo que no le corresponde. La factura llega despacio y llega al cuerpo: ansiedad, resentimiento que se acumula, un cansancio que ningun sueno repara porque, aclara Lozada, no es fisico, es psiquico.
Y aqui aparece el dato que mas le cuesta escuchar a quien consulta: cuando la palabra no llega, el cuerpo la pone. Dolores sin causa organica clara, insomnio, sintomas que aparecen justo donde la frase nunca llego. Es, dice Lozada, la manera que encuentra el organismo de decir, en nombre del sujeto, lo que la persona lleva anos sin animarse.
El segundo patron: el que no soporta que le digan que no
El espejo tambien da su variante y es igual de frecuente en la clinica. Es el que vive cualquier no ajeno como una ofensa personal o un desafio que hay que ganar. Lozada lo describe asi: detras de esa dureza, que puede parecer fortaleza, lo que hay es una imagen fragil de uno mismo que solo se confirma venciendo. Las relaciones alrededor de esta persona, dice, terminan organizadas en funcion de su voluntad y eso, a la larga, las vacia.
“El limite no es lo opuesto del amor, es una de sus formas. Desde el pecho que no siempre esta hasta el no ante el peligro, todo eso que el bebe vive como frustracion le permite ir construyendo la diferencia entre uno mismo y el otro.”Mariana Lozada, psicologa (Mendoza)
Lo que se aprende en la infancia, se puede desarmar de grande
El pecho que no esta siempre, el no que aparece ante el peligro, la espera antes de la satisfaccion: para Mariana Lozada esos son los ladrillos con los que se construye la diferencia entre uno mismo y el otro, entre el deseo y la realidad. Cuando esos ladrillos no se colocaron bien, aparece la dificultad de poner limites o, en el otro extremo, la de tolerarlos.
La buena noticia que trae Lozada desde su consultorio mendocino es que esto no es un rasgo inmodificable, es algo que se construyo en un momento y que, cuando no se construyo bien, puede revisarse. Un tratamiento adecuado, asegura, es el espacio para aprender a decir hasta aca sin sentir que se traiciona al otro. Implica un costo real, el de arriesgar el vinculo con alguien de quien se depende, afectiva o economicamente, pero ese costo, remarca, suele ser menor que sus alternativas.
Cierro la nota donde la empece, en esa vereda de La Gloria, en Mendoza, viendo a la nena de cuatro anos aceptar el no del helado. Pienso en los adultos que atiende Mariana Lozada y en la cantidad de formas que tiene grown up el si permanente: insomnio, lumbago, ansiedad, resentimiento. Y me quedo con la idea simple y algo revolucionaria que me deja: poner un limite no es alejarse del otro, es empezar a estar en la relacion de verdad. Para hacerlo bien, conviene empezar por la pregunta final que quedo dando vueltas: en que situacion te cuesta mas decir que no, con desconocidos o con quienes mas queres? Probablemente, la respuesta ya esta diciendo algo.
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