"El sistema está por encima de los individuos": los guionistas de "El Castillo" defienden un final que incomoda porque quiere incomodar
Isabel Peña y Eduardo Villanueva, la dupla detrás de la miniserie que adapta el libro de no ficción de Mabel Lozano sobre trata de personas, cuentan por qué eligieron cerrar la historia con la continuidad del victimario y con un destello de salida para la víctima, y qué buscan los espectadores cuando interpretan ese desenlace.

"No queríamos que las mujeres fueran una informe masa de víctimas y de cuerpos perfectos". La frase la dijo Isabel Peña en una de esas conversaciones largas que dan ganas de transcribir completas, y a mí me sirvió como una especie de declaración de principios de toda la serie. Porque cuando uno se sienta a ver "El Castillo", la miniserie de seis episodios que adapta "El proxeneta", el libro de no ficción de Mabel Lozano, lo que encuentra en la pantalla es justamente eso: un retrato de la trata con fines de explotación sexual en la Argentina que se anima a correr del centro de la escena tanto alav varios como a esos clichésfilms que Hollywood ya nos acostumbró a consumir sin pensar demasiado.
Una dupla con oficio y una misión clara
Peña y Eduardo Villanueva son los mismos que firmaron los guiones de "Antidisturbios", y eso se nota en el tipo de tensión que manejan: no hay escenas de más, no hay subrayado emocional, y cada decisión de cámara parece pensada para incomodar sin espetáculo. Pero acá el registro es distinto, más cercano al documental, más pegado a los cuerpos y a las calles de Once o de Constitución, que al thriller institucional. Es esa distancia la que les permitió, según contaron ellos mismos, sostener una premisa difícil de sostener en estos tiempos: tratar un tema tan delicado sin convertir a las víctimas en heroínas inalcanzables ni a los victimarios en genios del mal.
“Había una cosa de querer contar que esto ha pasado, pasa y va a seguir pasando.”Eduardo Villanueva
La cita es de Villanueva y la guardo porque resume, a mi entender, el espíritu entero del final que tanto dio que hablar. Y acá quiero detenerme un poquito en lo que significa tomar esa decisión narrativa, porque no es un detalle menor: en un momento donde las plataformas parecen competir por ver quién cierra cada temporada con el cierre más esperanzador posible, ellos eligieron mostrar al Suizo —el explotador interpretado con una frialdad que da escalofríos— continuando con su actividad exactamente igual que al principio de la historia.
El arco de Claudia: salida concreta, no final de cuento
Ahora bien, que el villano siga funcionando no significa que no haya ninguna luz al fondo del túnel, y eso también lo aclararon los guionistas con bastante cuidado. Peña fue la encargada de poner en palabras lo que le pasa a Claudia, el personaje que interpreta Valentina Vidal: no hay un final feliz en el sentido cinematográfico del término, pero sí hay algo que en la vida real quizá pesa más, que es la posibilidad concreta de quedarse legalmente en el país y ganarse la vida en paz. "Claudia ha conseguido lo que se ha propuesto y lo que en este momento también se ha ganado", dijo la guionista, y yo diría que esa frase hace justicia a una verdad incómoda: para una mujer en su situación, la "victoria" no es destruir al sistema que la atrapó, sino escapar de él con los documentos en regla y una perspectiva de futuro, por más chiquita que esa perspectiva parezca desde afuera.
Y si me permiten la observación personal, este equilibrio entre crudeza y respiro es, a mi criterio, lo mejor que tiene la serie. Porque uno como espectador sale sacudido, sí, pero también sale informado, y sobre todo sale con una sensación extraña: la de haber entendido que el problema no es solo aquel Suizo concreto sino toda la red que lo contiene, y que ningún capítulo de seis horas —por más potente que sea— puede desarmar. Como diría Villanueva con su mejor tono de guionista curtido, el sistema está por encima de los indivíduos, y admitirlo desde un producto de entretenimiento me parece un acto de honestidad que escasea.
Mi recomendación, si me permiten cerrar en primera persona como suelo hacer cuando un tema lo amerita, es esta: véanla completa, de corrido si pueden, y después busquen la entrevista completa a Peña y Villanueva porque en sus explicaciones se escuchan cosas que la serie deja solamente sugeridas. La miniserie está disponible en su totalidad en la plataforma que la emitió, y créanme que los seis episodios se gastan rápido no porque la trama apure, sino porque uno quiere entender cómo sigue funcionando una maquinaria que preferimos no mirar.
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