Saltar al contenido
Martes, 3 de noviembre de 2026
Actualidad y noticias, al instanteBuscar ⌕
Era Hora Noticias

Era Hora Noticias

Entre formol y celuloide: el documental que miró de cerca a un embalsamador valenciano

Filmado en 1981 en una morgue universitaria de Valencia, « Cada ver es... » quedó fuera de las salas y hoy circula como objeto de culto.

JK
Julia KaplanCultura y espectáculos · · 2 min de lectura
Entre formol y celuloide: el documental que miró de cerca a un embalsamador valenciano
“« Una cabeza muy bien conservada y con un color muy agradecido ».”Juan Espada del Coso

Así describe el protagonista de este documental una de las piezas que maneja a diario, y esa frase resume bastante bien el tono de la película. Ángel García del Val la rodó en 1981 dentro de la Facultad de Medicina de Valencia, siguiendo la rutina de Juan Espada del Coso, conservador de cadáveres. Es un registro incómodo, pero también sereno, que se detiene en lo que para la mayoría de nosotros sería imposible de mirar.

Un rodaje entre formol y tejidos

El filme muestra una jornada de trabajo en la que aparecen cuerpos seccionados para uso didáctico, tejidos en descomposición y el formol como parte del paisaje cotidiano. Espada, según el material, tiene 24 dioptrías y no tiene olfato, un detalle que el documental deja flotando como una ironía sobre el oficio.

Censura, formato y una vida fuera de las salas

Con la calificación « S » de la Dirección General de Cinematografía, reservada a producciones de destape, y con el formato 16mm, que no cumplía los requisitos mínimos para las salas, la película quedó sin distribución convencional. Circuló de manera marginal, hasta que el mercado de VHS la transformó en un objeto de búsqueda, con copias regrabadas que llegaron a cotizarse en cinco mil pesetas.

Hoy, décadas después, el documental se consume como pieza de culto. Lo que lo distingue, a mi juicio, no es solo el dato de su prohibición de hecho, sino la manera en que construye el relato, con planos fijos, cortes bruscos y una banda sonora que alterna piezas clásicas de Ravel, Holst y Penderecki con silencios incómodos.

Un personaje desplazado por su oficio

Espada habla de cine de terror con la distancia de quien trata con la muerte de verdad, y sostiene que el género no asusta « porque hay una cámara detrás de la chica ». Esa mirada, que el documental registra sin subrayarla, convierte al personaje en alguien involuntariamente complejo.

García del Val también incluyó una secuencia con internos del centro psiquiátrico de Bétera, que anticipa una idea central: la película habla de quienes quedan fuera del cuadro social y de los trabajos que les son asignados. Ahí aparece, para mí, la dimensión más humana de « Cada ver es... », que va más allá de la morgue.

JK
Julia KaplanCultura y espectáculos

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo