Domingo, 13 de septiembre de 2026
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Fito Páez se sienta frente a la cámara y deja que la música cuente lo que las palabras no alcanzan

Netflix estrena en septiembre "El mundo cabe en una canción", un documental que prescinde de la cronología y apuesta por la voz íntima del rosarino para recorrer más de cuatro décadas de carrera

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Julia KaplanCultura y espectáculos · 31 DE AGO DE 2026 · 3 min de lectura

Cuando uno repasa la historia del rock argentino y se detiene en la figura de Fito Páez, lo primero que aparece es el despliegue mayúsculo de un artista que sostuvo una trayectoria enorme a lo largo de más de cuatro décadas, con discos que se volvieron parte de la banda sonora de varias generaciones, giras que lo llevaron por escenarios de América Latina, Europa y Estados Unidos, y un catálogo de canciones que todavía hoy sigue sonando en la radio, en los bares y en las reuniones familiares. Sin embargo, cuando uno se dispone a mirar "El mundo cabe en una canción", el documental que Netflix estrena en septiembre de 2026, lo que termina encontrando es algo bastante distinto de una semblanza biográfica al uso, y eso, a mi entender, es lo que vuelve a esta propuesta especialmente valiosa.

La producción, según lo que se conoce hasta ahora, elige correr el eje del relato y poner el acento en la palabra del propio Páez, que aparece frente a cámara para hablar del amor, los vínculos, el paso del tiempo y las experiencias que dieron origen a sus canciones, en una dinámica en la que la música funciona como hilo conductor de una mirada personal y desordenada a propósito, porque lo que interesa no es la línea de tiempo ni la enumeración de discos y recitales, sino aquello que el rosarino vivió antes de sentarse a escribir.

Un rockumental que se anima a dejar afuera los escenarios

A mí me gusta leer esta decisión como una declaración de intenciones bastante clara, porque el formato del rockumental, tal como lo conocimos durante décadas, suele apoyarse en dos columnas casi innegociables: la actuación en vivo y el backstage de la grabación de un disco, con sus horas de estudio, sus ingenieros de sonido, sus peleas y sus reconciliaciones. "El mundo cabe en una canción" corre ese manual a un costado y prefiere quedarse con un material más silencioso y, por eso mismo, más raro de conseguir: la voz de un artista que mira hacia adentro y reconstruye, desde la palabra, los momentos en los que todavía no había canción.

“Yo creo que el mundo cabe en una canción, porque una canción puede contener un paisaje entero, un amor entero, una pérdida entera, y eso es lo que intenté mostrar acá, sin necesidad de recorrer fechas ni hacer un repaso clásico.”Fito Páez, sobre el documental

La película llega en un momento particular de la conversación pública alrededor de Páez, después de la atención que generó la serie de ficción que adaptó distintos tramos de su vida y que puso su figura otra vez en el centro de la escena, pero esta vez con la particularidad de que el protagonista, en lugar de ser interpretado por un actor, se muestra él mismo, con sus gestos, sus pausas y sus palabras, lo que vuelve al documental un complemento casi perfecto de aquella ficción, porque completa desde adentro lo que la serie mostró desde afuera.

Mi recomendación, en primera persona

Si me permiten una recomendación desde este lugar de lectora y de alguien que creció escuchando a Páez en el auto de mis viejos y que después lo fue redescubriendo en clave adulta, les diría que se acerquen a "El mundo cabe en una canción" sin esperar un repaso cronológico ni un listado de hits, porque la propuesta es otra: es la de un músico que se entrega a la cámara para mostrar el lado menos visible de su oficio, ese instante previo en el que una experiencia todavía no es canción pero ya está pidiendo convertirse en una, y eso, para quien alguna vez haya sentido que una canción le cambiaba el día, es una invitación que vale mucho la pena aceptar.

JK
Julia KaplanCultura y espectáculos

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