Saltar al contenido
Viernes, 16 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instanteBuscar ⌕
Era Hora Noticias

Era Hora Noticias

La boda que Ivana Figueiras y Darío Cvitanich planean para marzo de 2027: fiesta sin religión, vestido corto y un número con peso propio

La empresaria confirmó la fecha, el lugar y el espíritu del casamiento civil con el exfutbolista. Repasamos la propuesta que se filtró por una foto, los cinco anillos de compromiso de su historial sentimental y la decisión de no pasar por el altar religioso.

JK
Julia KaplanCultura y espectáculos · · 5 min de lectura
La boda que Ivana Figueiras y Darío Cvitanich planean para marzo de 2027: fiesta sin religión, vestido corto y un número con peso propio

Aquella noche que arrancó con una cena y terminó en compromiso se les filtró antes de tiempo, casi como un secreto a voces que alguien quiso contar antes de tiempo: “Fuimos a comer y él me iba a proponer casamiento. Se filtró porque una persona del hotel nos sacó unas fotos”, recordó Ivana Figueiras sobre la velada en la que Darío Cvitanich le preguntó si quería pasar el resto de su vida a su lado. La empresaria, lejos de molestarse por la filtración, lo tomó con humor y confirmó lo que muchos sospechaban: “Ese día me hizo la propuesta y obviamente le dije que sí”. La imagen se viralizó antes de que la pareja pudiera digerir la novedad y, sin proponérselo, terminó funcionando como un anuncio informal de lo que se vendría meses más tarde, cuando finalmente decidieron ponerle fecha a la boda y empezar a organizar una celebración que, según sus propias palabras, apunta a ser más una fiesta compartida que un ceremonial de etiqueta.

La confirmación llegó en las últimas horas: Ivana Figueiras y Darío Cvitanich contraerán matrimonio el 20 de marzo de 2027 en el Golf Club de Pacheco, en una jornada pensada para que primen la alegría y la distensión por encima de los formalismos propios de un casamiento tradicional, una decisión que no es menor si se repasa la historia sentimental reciente de la pareja y los compromisos que acumularon a lo largo de los años. La empresaria explicó que la fecha, en principio, iba a ser otra y que la elección definitiva terminó siendo una pequeña concesión al exfutbolista, que siempre sintió una afinidad especial por ese número y por todo lo que representaba en su universo de símbolos personales. Cvitanich, según contó Figueiras, prefería acelerar los tiempos y casarse en noviembre, apenas unos meses después del compromiso, pero la pareja resolvió hacer una pausa y postergar la celebración para marzo, una decisión que les dio aire para planear con más calma cada detalle y evitar la lógica de las bodas apuradas, en las que la organización termina siendo una carrera contra el reloj y los imprevistos se pagan con estrés.

Una boda sin religión y con lista íntima

La ceremonia será únicamente civil, una decisión que Figueiras explicó sin rodeos y que tiene una razón concreta: Cvitanich ya celebró un matrimonio por Iglesia y, por lo tanto, no tiene sentido repetir un rito que para él ya fue parte de una etapa anterior. Esa definición marca el tono general del festejo, que apunta a ser una reunión de personas cercanas en un entorno cuidado pero sin la solemnidad de un altar, con una lista de invitados que la empresaria imagina nutrida de su entorno familiar y de allegados de Cvitanich vinculados al mundo del fútbol, dos mundos que se cruzan en esta pareja y que tendrán su propia representación en la mesa del Golf Club de Pacheco.

El vestido, los anillos y los pendientes familiares

Sobre el look que imagina para ese día, Figueiras todavía no se decidió y evalúa distintas alternativas junto a la diseñadora Joti Harriague, aunque ya adelantó una pista que define bastante su estética y su manera de entender este tipo de celebraciones: “Prefiero algo tranquilo y quizás corto”, dijo, una frase que condensa su voluntad de pasarla bien, de moverse con comodidad y de no convertirse en una estatua de durante las horas que durará la fiesta, una idea que a mí, personalmente, me parece de las más sensatas que escuché en mucho tiempo sobre cómo encarar un casamiento, y que probablemente sea compartida por más de una novia que prefiere la liviandad a la solemnidad.

Hubo un detalle de su relato que me llamó especialmente la atención y que vale la pena repasar, porque dice mucho de cómo se procesan los vínculos que quedan atrás: Figueiras habló de los cinco anillos de compromiso que recibió a lo largo de su vida sentimental, un inventario inesperado que abrió una ventana a su historia personal y al modo en que fue cerrando etapas que ya no tenían futuro. La empresaria contó que tuvo que achicar el anillo que le regaló Cvitanich porque no le entraba en el dedo y, al explicar qué pasó con las otras cuatro joyas, enumeró destinos tan distintos como elocuentes: una quedó olvidada en una planta de su casa, otra terminó arrojada por el inodoro en un rapto de bronca o de liberación, una fue entregada a una de sus hijas como una manera de transformar un recuerdo en algo que sigue vivo en otro vínculo, y la cuarta fue devuelta a una expareja, en un gesto que habla de cierre limpio y de adultez emocional.

Sobre la posibilidad de ampliar la familia con Cvitanich, Figueiras fue clara y descartó esa idea con argumentos que cierran su postura de un modo que a esta altura ya resulta conocido para quien sigue su historia pública: no es un deseo que tenga porque ya es madre de dos hijas y siente que esa etapa de su vida está completa, una decisión que tiene más que ver con la convicción que con la oportunidad y que, en tiempos donde suele presionarse a las celebridades para que armen familias ensambladas a cualquier costo, suena a un acto de sinceridad poco frecuente en el mundo del espectáculo.

Una recomendación para los que planean casarse

Si me permiten cerrar esta nota con una recomendación en primera persona, que es el lugar donde mejor me siento cuando hablo de estos temas, les diría que hay algo en la boda de Ivana Figueiras y Darío Cvitanich que vale la pena copiar y que no tiene que ver con el lugar ni con el mes ni con la cantidad de invitados, sino con la decisión de construir una celebración a la medida de la pareja y no a la medida del Instagram ajeno: una fiesta sin religión cuando no se siente, un vestido corto cuando la comodidad importa más que la foto, una fecha que respete los tiempos de quien la organiza y una lista chica que privilegie a los que de verdad importan; lo demás, créanme, es relleno, y los novios lo saben, aunque a veces se olviden mientras corren detrás de un catering o de un vals ensayado.

JK
Julia KaplanCultura y espectáculos

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo