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La cafeína que los adolescentes no saben que consumen: por qué preocupa a los especialistas y cómo revisarlo en casa

Sabhyata Agrawal, Grace Kong y Jennifer Jiyun Park, especialistas de Yale, explicaron que la cafeína puede empeorar el descanso y el cansancio en los jóvenes. Recomendaron evitar las bebidas energéticas, conversar sobre las cantidades que se ingieren y prestar atención a los horarios de uso, en un momento del desarrollo en el que el reloj biológico ya corre más tarde.

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Carla NazarSociedad · 22 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

Me lo imagino en una mesa familiar de cualquier provincia argentina, porque la escena se repite: un adolescente toma un vaso de algo dulce antes de acostarse, se duerme tarde, se levanta con el cansancio a cuestas y al día siguiente arrastra una somnolencia que parece no tener explicación. A veces, la respuesta está mucho más cerca de lo que uno piensa: en un sobre saborizado, en un chicle, en una lata que pasó por la mesa como si fuera una gaseosa más. Y sin embargo, lo que hay adentro es cafeína, y en cantidades que muchos padres ni siquiera imaginan.

Esa es la advertencia que vienen haciendo desde hace tiempo un grupo de especialistas de la Universidad de Yale, en Estados Unidos, y que vuelve a ponerse sobre la mesa con argumentos que vale la pena repasar en casa, sobre todo cuando empiezan a aparecer señales que solemos atribuir al estrés o a las pantallas, pero que también pueden tener otro origen. Cuando un chico o una chica tiene dificultades para dormir, se muestra nervioso, presenta temblores o nota una caída en el rendimiento escolar, conviene mirar qué estuvo tomando a lo largo del día antes de buscar explicaciones más complicadas.

Las señales que no hay que dejar pasar

La neumonóloga y especialista en sueño Sabhyata Agrawal, de Yale, explicó que un exceso de cafeína en adolescentes puede provocar palpitaciones, molestias digestivas, inquietud y ansiedad, además de alterar el descanso nocturno. No son síntomas menores: un cuadro sostenido de mal dormir termina pasando factura en el aula, en el ánimo y en la vida cotidiana, y muchas familias lo viven sin entender por qué.

Para reconocer cuánto se consume, no alcanza con contar las tazas de café. La cafeína también aparece en bebidas energéticas, gaseosas de cola, chocolate, chicles y, sobre todo, en esos sobres saborizados que se ofrecen como alternativas prácticas y modernas. Estos últimos pueden aportar entre 50 y 200 miligramos por unidad, según detallaron las especialistas. Para dimensionarlo: un café filtrado ronda los 80 a 100 miligramos, con lo cual un solo sobre puede equivaler, y a veces superar, a una taza entera.

“Los sabores dulces y frutales disimulan el amargor y pueden hacer que los jóvenes los prueben sin pensar que están tomando una dosis alta de cafeína. Es una forma de entrada que muchos padres no registran.”Grace Kong, profesora asociada de Psiquiatría de Yale

Por qué la tarde pesa más de lo que parece

El horario en el que se consume también es parte del problema. Según Agrawal, la cafeína empieza a hacer efecto entre 30 y 45 minutos después de ingerida. Entre cinco y seis horas más tarde, todavía queda en el organismo aproximadamente la mitad de lo que se tomó. Por eso, la recomendación concreta es evitarla después de las 13 o las 14, según el horario habitual de descanso de cada familia.

Y acá aparece un dato que a mí me parece clave para entender por qué el combo se vuelve difícil de sostener en la adolescencia: el reloj biológico a esa edad se corre de manera natural hacia horarios más tardíos, lo que ya de por sí hace más complicado dormir temprano y levantarse para la escuela. Si el cansancio lleva a buscar un estimulante para aguantar la tarde, el alivio momentáneo vuelve a empujar el descanso hacia más tarde, y al día siguiente el agotamiento se acumula otra vez. Es un círculo que se retroalimenta.

  • Evitar las bebidas energéticas en niños y adolescentes, ya que concentran cafeína y suelen combinar otros estimulantes.
  • No trasladar las recomendaciones de adultos a los menores: los jóvenes pueden experimentar molestias con cantidades menores que las personas grandes.
  • Revisar qué se consume más allá del café: gaseosas de cola, chocolate, chicles y sobres saborizados también aportan cafeína.
  • Prestar atención al horario de ingesta: después de las 13 o las 14, según la hora habitual de descanso, conviene cortar.
  • Cuidar las rutinas nocturnas, incluyendo el uso de pantallas, cuya luz reduce la producción de melatonina justo cuando el cuerpo se está preparando para dormir.
“La cafeína no es recomendable antes de los 18 años, y las bebidas energéticas deberían quedar fuera de la alimentación de niños y adolescentes. Hay que leer etiquetas y conversar sobre las cantidades que se consumen.”Jennifer Jiyun Park, investigadora del Departamento de Psiquiatría de Yale

Vuelvo a la mesa que imaginaba al principio, esa de cualquier provincia, con un pibe o una pibe que llega del colegio y toma algo antes de sentarse a jugar o a estudiar. No se trata de prohibir todo de un día para otro ni de generar un conflicto donde no lo había, sino de mirar las etiquetas, conversar sin dramatizar y entender que un mal dormir persistente, con nervios y cansancio de fondo, puede tener una causa bastante concreta. A veces, basta con correr el horario de un sobre, sacar una lata de la rutina y prestar atención a las pantallas para que el cuerpo empiece a responder de otra manera. Es un ajuste chico que, en muchos casos, cambia bastante el resto del día.

CN
Carla NazarSociedad

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