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La guardia que se llenó de chicos con mocos: en un mes, las consultas pediátricas casi se triplicaron en la provincia

El Virus Sincicial Respiratorio volvió a pegar fuerte en septiembre y empujó las atenciones de urgencia de 561 a 1.612 por semana. Los bebés menores de un año son los más expuestos y Salud recuerda que hay una vacuna gratuita para embarazadas.

CN
Carla NazarSociedad · 8 DE SEPT DE 2026 · 5 min de lectura

Son las tres de la tarde de un jueves y en la guardia pediátrica del hospital público de la capital provincial las mamás se amontonan en los bancos del pasillo con los chicos en brazos, algunos tosiendo, otros con la nariz que no para de moquear y un par de bebés tan chiquitos que entran apenas en un moisés portátil. Yo estoy ahí, parada en la sala de espera, escuchando a una mujer joven que le cuenta a su cuñada, por teléfono y con la voz quebrada, que la pediatra le acaba de decir que su nene de once meses tiene bronquiolitis y que probablemente tenga que quedar internado unas horas para que le controlen la saturación. Me quedo pensando que esa escena se multiplica, hoy, en cada guardia de la provincia, y que detrás de cada sillita de auto hay una familia que está viviendo lo mismo.

Porque los números que acaba de difundir el Ministerio de Salud son de esos que a uno lo dejan pensando un rato largo: en apenas cinco semanas, las consultas pediátricas por enfermedades respiratorias pasaron de 561 a 1.612 por semana, lo que significa un salto del 187%. Si uno mira el universo completo de las guardias, sumando grandes y chicos, la curva también se duplicó con creces: de 1.620 atenciones semanales se pasó a 3.339 en el mismo período. No es una sensación a flor de piel lo que están viviendo los equipos de salud, es un dato concreto que se refleja en las planillas y en las camillas.

Un segundo pico que llegó más tarde de lo previsto

Lo que está pasando tiene nombre técnico y nombre de calendario: se trata del segundo pico respiratorio de la temporada, que este año se demoró respecto de lo que suele ser habitual. El primero se había registrado alrededor de la semana epidemiológica 21, a fines de mayo y principios de junio, cuando la demanda de guardia tocó un techo de 4.431 consultas y la protagonista había sido la influenza. Ahora, en cambio, el que se llevó todos los aplausos amargos es el Virus Sincicial Respiratorio, conocido en el ambiente simplemente como VSR, que es el principal responsable de esta nueva ola que arrancó a fines de julio y se consolidó durante agosto y lo que va de septiembre.

A mí, lo que me cuentan en los pasillos es que los padres llegan agotados, muchas veces después de una semana de fiebre que no baja, de noches sin dormir y de idas y vueltas a la consulta. Y la verdad es que la lógica de la enfermedad ayuda a entender por qué pega tan fuerte en los más chicos: el VSR se transmite por las gotitas que despedimos al toser o esternudar y también sobrevive un tiempo en las superficies, de modo que alcanza con que el nene toque un juguete en una sala de espera o un picaporte para llevarse el virus a la boca o a la nariz. En los adultos y en los niños más grandes suele pasar como un resfrío común, con congestión, tos y algo de malestar general, pero en los bebés y en los más chiquitos la historia puede complicarse.

Por qué el VSR preocupa tanto en los menores de un año

  • La principal complicación es la bronquiolitis, una inflamación de los bronquios más chiquitos que les dificulta respirar y les genera esa sensación de pecho apretado que tanto asusta a los padres.
  • También puede derivar en neumonía, sobre todo cuando la infección avanza y compromete el tejido pulmonar.
  • Los menores de un año, y en especial los recién nacidos y los prematuros, son los que tienen más riesgo de cuadros graves y de terminar internados.
  • A largo plazo, las infecciones por VSR en la primera infancia se asocian con una mayor probabilidad de episodios recurrentes de sibilancias y de asma en los años siguientes.

Mientras tanto, en la sala de espera, la mamá del nene con bronquiolitis guarda el teléfono después de cortar y me mira con los ojos húmedos. Me dice, casi en un susurro, que el año que viene, cuando esté embarazada de nuevo, no va a dudar: va a aplicarse la vacuna contra el VSR que ofrece gratis el Ministerio de Salud, porque si hay algo que le pudo haber ahorrado a su hijo esta semana de mocos, fiebre y guardia, ella lo habría hecho sin pensarlo. Y es que esa vacuna, que está disponible para todas las personas gestantes de entre 32 semanas y 36 semanas y media de embarazo, hace exactamente eso: le pasa anticuerpos al bebé a través de la placenta y lo protege durante los primeros seis meses de vida, que es justo el período en el que el riesgo de bronquiolitis grave es más alto.

Antes de irme del hospital, me cruzo con una enfermera que me comenta, mientras acomoda unos formularios, que este comportamiento en dos picos no es nuevo: el año pasado también se registró esa misma curva, con un primer pico de influenza y un segundo tramo dominado por VSR. Lo que sí notan los equipos de salud es que cada temporada aparecen más familias con la información en la mano, preguntando por la vacuna del calendario, por los lavados nasales, por cuándo hay que volver a la guardia. Esa, me dice sonriendo, es la mejor parte del laburo. Yo le creo, porque mientras caminaba por los pasillos escuché a tres madres distintas repetir las mismas indicaciones que les había dado la pediatra: control del saturometro, buena hidratación, aire limpio y, sobre todo, paciencia. La temporada, me confirman, todavía no terminó.

CN
Carla NazarSociedad

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