La milanesa de Pachu Peña: cuando el film se cruza en el camino y la primera gala de MasterChef se cobra su primera despedida
El humorista quedó fuera de MasterChef Celebrity 2026 en la primera noche de eliminación, después de que el jurado detectara plástico adherido a la carne y cuestionara la cocción de su Mila Clown. La prueba propuesta por Ian Lucas, basada en una milanesa con guarnición y dip de mayonesa, dejó al concursante junto a Alejandro Lerner y Diego Ramos en el trío más comprometido de la noche.

"Eso es contaminación física. Me lo podía haber tragado". La frase la dijo Damián Betular mientras cortaba la milanesa de Pachu Peña en el set de MasterChef Celebrity 2026, y condensó en una sola línea el tono de una primera gala de eliminación que terminó con el humorista afuera del concurso. En mi mirada de cronista acostumbrada a ver cómo se cocina la tele en directo, lo que pasó en esa cocina fue una de esas escenas que uno sabe que va a recordar cuando dentro de unos años se repase la temporada: el plástico adherido a la carne, el chef levantando el trozo de film como si fuera una reliquia, el silencio breve que se hace antes de que el jurado diga lo que tiene que decir.
Una prueba con raíces en la final anterior
La mecánica de la noche tuvo algo de bucle celebratorio: el invitado fue Ian Lucas, ganador de la edición 2025, y la consigna se construyó a partir del menú que él mismo había presentado en aquella final. En concreto, los concursantes debían resolver una milanesa con guarnición y un dip a base de mayonesa, con la obligación de elegir carne con hueso y la prohibición de sumar fideos como acompañamiento. Tuvieron tres minutos para recorrer la despensa y una hora completa para cocinar, un margen razonable para una proteína noble como la mila, pero que se vuelve una trampa si algo sale mal en los primeros minutos.
La milanesa es, para mí, uno de los platos más federales de la cocina argentina. Se la come en una mesa de Pinocho en la calle Defensa y en un quincho de un country de Pilar, en un bodegón de Constitución y en una cocina de departamento en Belgrano. Es el food truck de la identidad nacional: empanizada, napolitana, a la napolitana con papas fritas, suiza, de pollo, de peceto. Que MasterChef haya elegido ponerla en el centro de la primera gala no fue casual: es el plato con el que cualquier argentino se mide sin pedir permiso.
Mila Clown, la apuesta de Pachu
Pachu Peña decidió convertir su plato en una declaración de autor. Llamó a su preparación Mila Clown y le dio forma de cara de payaso, completó el cuadro con puré y remató la composición con una mandarina. Cuando le preguntaron por qué esa fruta, contó algo que a mí me llegó especialmente: dijo que la mandarina le recordaba a su abuelo y al mandarino que crecía en el fondo de la casa de su infancia. Es de esos momentos en los que MasterChef deja de ser un reality y se vuelve una pequeña película de alguien que pone su historia personal en un plato. La pregunta es si ese costado emotivo alcanza para sostener una performance gastronómica cuando la carne no responde.
El nudo de la noche fue, sin embargo, el plástico. Betular levantó el trozo de film, lo mostró y explicó con crudeza qué podía haber pasado si alguien lo ingería sin darse cuenta. Peña, lejos de esquivar el tema, asumió la responsabilidad y dijo que el envoltorio podía haber quedado pegado a la carne mientras golpeaba la pieza para aplanarla. Es un error que en la cocina hogareña puede pasar y casi no tener consecuencias, pero en un concurso de televisión, frente a tres chefs que evalúan con bisturí, se vuelve una sentencia. Germán Martitegui también reparó en el plástico y, además, en una combinación de elementos que, a su criterio, no terminaba de cerrar como propuesta. Maru Botana, fiel a su estilo, sumó una observación técnica: el puré no había sido tamizado, un detalle que para una pastelera es casi una declaración de principios.
Una despedida con reproche y una puerta entreabierta
El final de la gala tuvo la cadencia que ya conocemos de MasterChef, pero con un condimento extra. Martitegui le dijo a Peña que su paso había sido breve y deslizó una hipótesis que a mí me pareció justa: los nervios pueden haberle jugado una mala pasada en una cocina donde el reloj corre parejo para todos y no perdona distracciones. Botana, en cambio, eligió el camino del elogio: destacó el humor que el participante llevó a las cocinas y expresó su deseo de verlo en un repechaje, un formato que la edición 2026 todavía no confirmó formalmente. La participación de Lerner y Ramos también quedó en el ojo del jurado, pero en el corte final de la noche el elegido para dejar el programa fue el humorista.
Si me preguntan qué me llevo de esta primera gala, me quedo con dos cosas. La primera es la imagen del trozo de film saliendo de la milanesa y la cara de Betular, que en un segundo pasó de la concentración profesional a la preocupación genuina: ese momento resume por qué MasterChef sigue siendo un programa donde la comida no se simula, sale o cruda. La segunda es la idea de que un plato puede contar una historia personal sin necesidad de palabras, y que aun así no alcanza si la proteína no está en su punto. Una milanesa es, al fin y al cabo, una promesa de calor, de migas crocantes y de carne que se corta con el borde de la fourchette, no con la insistencia del comensal.
A modo de recomendación, si están armando su propia mila en casa este fin de semana, les dejo la fórmula que a mí nunca me falla: carne con hueso, golpeada hasta lograr un espesor parejo, sin envoltorios de ningún tipo cerca del plato final; empanizado firme con huevo y pan rallado; fritura breve en aceite bien caliente; y una guarnición simple, puré de papas bien tamizado o una ensalada de hojas verdes con cebolla morada. Nada de payasos ni de mandarinas en el plato, salvo que quieran, como Pachu, contar una historia que va más allá del hambre. Lo que pasó en MasterChef nos deja, al menos, una certeza: en la milanesa, el film nunca es parte del show.
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