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La mina que no figura en los mapas: una travesía 4x4 hasta Virginia II, en la Precordillera sanjuanina

Sin señalización, sin camino convencional y sin centro de interpretación, el antiguo campamento minero al que llaman Virginia II se llega combinando ripio, el cauce seco del río La Laja y una caminata final entre montañas.

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Ana Laura QuinteroAmbiente y energía · 24 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

En un punto perdido entre Talacasto y Mogna, donde la Ruta 40 empieza a ser apenas una línea dibujada sobre el ripio, la huella de los vehículos se pierde en la arena del río La Laja. No hay carteles, no hay guardaparques, no hay un centro de interpretación que explique qué se hizo ahí durante décadas. Solo quedan construcciones derrumbadas, chapas oxidadas, rieles que alguna vez corrieron por dentro de la montaña y el nombre repetido de boca en boca por los lugareños: Virginia II. Es el destino de una travesía 4x4 que parte de la capital sanjuanina y que, según la guía Verónica Romaña, al frente de la caravana de Mainumby4x4, exige combinar navegación con track, lectura del terreno y una buena cuota de paciencia para avanzar sobre el lecho seco.

El itinerario arranca en la ciudad de San Juan, toma la Ruta 40 hacia el norte y empalma con la antigua ruta de ripio a Mogna. Después de unos kilómetros de tierra, la caravan entra al cauce seco del río La Laja, donde el avance se vuelve lento por la arena, las piedras sueltas y el material que las crecientes depositan después de cada tormenta. Las huellas se bifurcan, algunos pasos obligan a detenerse para evaluar por dónde seguir y el track descargado en el GPS se vuelve una referencia tan importante como el ojo del conductor, porque las crecidas pueden borrar sectores usados como paso de un viaje a otro.

¿Qué se encuentra al llegar a la quebrada?

Las camionetas quedan estacionadas en una quebrada y, desde allí, un sendero zigzagueante lleva hasta los restos del antiguo campamento. En el lugar todavía se ven cascos, guantes y prendas de trabajo abandonadas, tambores metálicos y hierros dispersos entre paredes derrumbadas. En las galerías se observaron rieles, recipientes para trasladar mineral, utensilios de cocina, bolsas que habían contenido explosivos y cables usados para detonaciones, un cuadro que describe una explotación interrumpida más que un sitio acondicionado para la visita.

¿Qué se sabe y qué no sobre la mina?

  • El nombre: los lugareños la llaman Virginia II, pero la documentación pública disponible no permite confirmarlo de manera concluyente.
  • Las fechas: no están precisados el inicio ni el cierre de la explotación.
  • La plantilla: se desconoce la cantidad de trabajadores que llegaron a tener las tareas.
  • El mineral: no está determinado con certeza qué recurso se extraía en el yacimiento.
  • El estado actual: las paredes derrumbadas, los piques y las labores parcialmente cubiertas de material muestran un abandono que el tiempo se encargo de profundizar.

El recorrido descripto incluyó un ingreso de pocos metros a una galería, pero no aporta una evaluación de seguridad del espacio subterráneo. Tampoco existe, según el relato, una exposición organizada ni señalización turística en el sitio, lo que vuelve la visita una experiencia de exploración más que un circuito patrimonial. Esa falta de infraestructura es, a la vez, la advertencia principal para quien quiera repetir la travesía: no hay garantía de que el terreno esté consolidado, ni un plan de contingencia formal ante un accidente en un lugar sin cobertura.

¿Qué falta para que Virginia II deje de ser solo un nombre?

El regreso sumó una parada en la Ramada de Carrascosa, vinculada con la devoción por Santa Bárbara, patrona de los mineros, un contrapunto cultural que recuerda que la montaña guarda tanto historia laboral como popular. Lo que falta, sin embargo, es lo de siempre: un relevamiento oficial que confirme la identidad del yacimiento, fechas, producción y volumen de empleo; un estudio geológico y de seguridad que determine la estabilidad real de las galerías; y una decisión patrimonial que decida si estos restos se conservan tal como están, se musealizan o se cierran al público. Mientras esa definición no llegue, Virginia II seguirá siendo lo que es hoy: un campamento minero de San Juan al que se llega en 4x4, leyendo el río y la montaña, sin que nadie pueda asegurar qué mineral se extrajo ni cuántos años de trabajo duermen debajo de las chapas.

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Ana Laura QuinteroAmbiente y energía

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