La Reini rompió el silencio y pidió protección: una década de acoso convertida en denuncia
Sofía Gonet formalizó la presentación en la comisaría 14B después de que el mismo hombre señalado por Homero Pettinato se presentara frente al conductor con un gesto intimidante. La Policía le asignó una consigna y gestiona un botón antipánico; en redes, el caso reavivó el debate sobre el stalking digital.

"No lo denuncié antes porque todo pasaba en redes", dice la influencer en un video que se viralizó esta semana. La frase resume una historia de acoso que, según su propio testimonio, lleva diez años y que esta vez derivó en una denuncia formal en la comisaría 14B, donde la Policía confirmó que le asignó una consigna de seguridad y que está tramitando un botón antipánico.
Cuando lo virtual se vuelve presente
Sofía Gonet, conocida en el mundo de las redes como La Reini, construyó buena parte de su figura pública a fuerza de presencia digital: streams, comentarios ácidos sobre la farándula y un humor ácido que la convirtió en una de las voces más escuchadas de la nueva generación de influencers. Por eso su caso toca una fibra sensible, porque vuelve tangible un problema que muchos conocen solo en formato de mensaje: el acoso que empieza en una pantalla y que, en algún momento, puede saltar a la calle.
Lo que cambió esta vez fue la aparición física del hombre señalado. Claudio Hernán Di Carlo, que en redes se hace llamar Hernán Bloquero, se presentó en el lugar donde trabaja Homero Pettinato y permaneció observándolo varios minutos, según el relato del conductor. Pettinato describió además un gesto sobre el cuello que interpretó como una amenaza directa y que lo empujó a radicar la denuncia que terminó de motorizar la presentación formal de Gonet.
- La denuncia de La Reini quedó registrada en la comisaría 14B, donde se le asignó una consigna policial.
- La fuerza le otorgó un botón antipánico, todavía sin poder contactarla al momento del parte oficial.
- La Justicia porteña imputó a Claudio Hernán Di Carlo por amenazas simples y lo citó a indagatoria.
- La causa quedó a cargo del fiscal Federico Taramelli, de la Fiscalía N.º 6.
Yo sigo este tema desde hace años, en parte porque me toca de cerca como espectadora de los shows de streaming donde Gonet se hizo famosa y en parte porque cada vez que aparece una denuncia de stalking digital se repite la misma pregunta incómoda: por qué la víctima tarda tanto en hablar. La respuesta suele ser la misma que dio ella: porque las amenazas parecen abstractas mientras llegan por chat, porque la justicia parece pensada para otro siglo y porque todavía hay gente alrededor que minimiza lo que ocurre en una pantalla.
Pettinato, en su propio testimonio, contó que había solicitado un botón antipánico y que todavía no lo había retirado, y que su mayor preocupación no era ya su rutina laboral, sino la integridad de Gonet. Esa frase explica por qué la presentación avanzó esta vez: cuando el acoso dejó de ser un patrón de mensajes para convertirse en una presencia física, la frontera entre lo virtual y lo real se cruzó del lado más oscuro.
Una década de mensajes y la misma firma
En el video en el que Gonet habló del tema mencionó que las conductas se repiten desde hace una década, con mensajes, publicaciones y reacciones dirigidas a ella y a personas de su entorno. El detalle no es menor: cuando una misma persona aparece una y otra vez, año tras año, acosando a distintas figuras del mismo círculo, deja de ser un episodio aislado y se vuelve un patrón, que es justamente lo que define al stalking en buena parte de la legislación moderna.
La causa contra Di Carlo avanza ahora en los tribunales porteños con la imputación por amenazas simples y la citación a indagatoria. Para Gonet y Pettinato, mientras tanto, la rutina cambió: custodias, botones antipánicos y la necesidad de explicar públicamente algo que, en condiciones razonables, debería resolverse en un escritorio y no en un estudio de streaming.
Si alguien me preguntara qué mirar en este caso, le diría dos cosas. Primero, el dato judicial: la imputación ya existe y hay un fiscal a cargo, lo que no es poca cosa cuando la víctima suele quedar a la espera. Segundo, lo humano: cada vez que un creador de contenidos se anima a contar que lo acosaron durante años sin poder hacer nada, está dejando una huella para otros que están viviendo lo mismo en silencio. Por eso vale la pena seguir esta historia, leerla con atención y, sobre todo, tomarse en serio eso que tantas veces se descarta como un simple comentario en una red social.
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