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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Levinton volvió a Es mi sueño con la música como escudo y la causa en manos de sus abogados

El líder de Turf se reincorporó a las grabaciones del concurso que conduce Guido Kaczka, después de una ausencia programada por agenda. Antes de entrar al estudio habló con la prensa, agradeció el apoyo del público y de sus compañeros y se desligó de la denuncia por abuso sexual, cuyo seguimiento delegó en su defensa legal.

JK
Julia KaplanCultura y espectáculos · · 4 min de lectura
Levinton volvió a Es mi sueño con la música como escudo y la causa en manos de sus abogados

"Me encanta volver a trabajar. Me encanta hacer lo que hago", soltó Joaquín Levinton antes de cruzar la puerta del estudio donde se graba Es mi sueño, el concurso de canto que conduce Guido Kaczka y en el que oficia de jurado desde el arranque. Esa frase, breve y casi luminosa, fue el modo que eligió el cantante para regresar a una función que había quedado en suspenso durante algunas jornadas, justo cuando en las redes y en los portales de espectáculos se multiplicaban las preguntas sobre su continuidad. Lo concreto es que la pausa estuvo atada a compromisos laborales previamente asumidos y nada tuvo que ver con el escándalo que lo rodea, según se desprende de lo que él mismo dejó trascender y de la confirmación posterior del canal.

Tengo que decirlo con franqueza: a mí, que sigo la carrera de Turf desde los tiempos de Gratis Total, me resulta llamativo el modo en que Levinton administró la exposición. Volvió a la televisión en medio de una denuncia por abuso sexual que lo tiene como denunciado, y lo hizo por la puerta de siempre, la del escenario, la del programa, la del micrófono. En lugar de evitar la cámara, eligió ponerse enfrente. Y lo hizo con un discurso que, más allá de la cautela, dejó un mensaje claro: su defensa legal se ocupa del expediente y él, mientras tanto, vuelve a hacer lo que sabe hacer, que es cantar y animar a la gente.

Una ausencia programada, no una renuncia

La novela de los últimos días giró en torno a dos ejes que se cruzaron de manera incómoda. Por un lado, el motivo real de las jornadas en las que Levinton no se sentó en la mesa del jurado: una agenda previa, según reconocieron desde la producción. Por el otro, una denuncia por abuso sexual que un abogado presentó en sede judicial y que sacudió al ambiente del rock argentino. Esa coincidencia temporal alimentó toda clase de lecturas y dejó flotando la duda de si el cantante iba a mantener su lugar en el programa o si el canal iba a prescindir de sus servicios. La respuesta llegó con su ingreso al estudio y con la confirmación oficial de su continuidad.

“Considero que la acusación es muy seria y eso merece seriedad.”Joaquín Levinton

La definición de "pesadilla" que eligió para describir lo que atraviesa no es menor. Lejos de los lugares comunes del comunicado corporativo, Levinton habló de un mal sueño, que es una manera muy humana de nombrar una causa penal en curso. Y al mismo tiempo dejó una frontera clara: quienes tienen que hablar de ese expediente son sus abogados, no él. "Acá todos me apoyan, todos me quieren y no hay mucho más que decir", resumió sobre el clima interno en el programa, en una declaración que también funciona como respaldo de sus compañeros, entre ellos el propio Kaczka, con quien confirmó haber charlado antes de reincorporarse.

Treinta años de música como respaldo

Hay un dato que a mí, particularmente, me sirve para entender por qué Levinton eligió este momento para volver a la televisión con esa sonrisa cansada pero entera: Turf cumple tres décadas. Son treinta años de recitales, discos y, sobre todo, de un público fiel que lo sigue desde la etapa de Fútbol y de aquel hit generacional que les cambió la vida a miles de pibes y pibas a fines de los noventa. Esa mochila, que él mismo recordó en el breve intercambio con la prensa, le da un piso que no todos los artistas acusados en un contexto público suelen tener. No es lo mismo enfrentar una denuncia con un prontuario de shows a cuestas que hacerlo con un currículum raso. Levinton lo sabe y por eso apela a ese lazo.

A mí, que miro estos certámenes con el olfato afinado por años de cobertura, me queda una sensación encontrada. Por un lado, celebro que la producción de Es mi sueño haya separado la cuestión judicial del vínculo laboral, algo que no siempre ocurre en la televisión argentina, donde muchas veces se prescinde de un talento por la sola presión del título periodístico. Por el otro, no puedo dejar de señalar que la causa sigue abierta, que la denunciante sostuvo su versión y que el cantante, en un descargo anterior, negó haber tenido una relación de pareja con ella y habló de un vínculo breve. Esa tensión no se resuelve con un regreso a la pantalla, aunque la tele, a veces, parezca sugerir lo contrario.

Si me preguntan a mí qué espero de Levinton en lo que resta del programa, les digo lo que le diría a un amigo: que se siente en la mesa, que opine con la experiencia de tres décadas de escenario, que disfrace la pesadilla con canciones y que, sobre todo, le quite volumen a la exposición mediática para que la causa se discuta donde corresponde, que es en Tribunales. Mientras tanto, los espectadores haremos lo que hacemos siempre: mirar el programa, ilusionarnos con algún participante y, de paso, enterarnos de cómo sigue este culebrón que mezcla rock, fama y una denuncia que todavía espera su capítulo definitivo. Mi recomendación, esta vez, no es un disco ni un libro: es paciencia, la misma paciencia que Levinton dice pedirle al público cuando le preguntan por su futuro.

JK
Julia KaplanCultura y espectáculos

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