Los demonios vuelve a la pantalla grande: la versión inconclusa de Ken Russell, ahora completa y en 4K
A 55 años de su estreno, la película más provocadora del cine británico recupera escenas prohibidas, fragmentos de orgías y una secuencia de posesión jamás exhibida en salas. El rescate de la versión original, que el director alcanzó a armar antes de morir, llega a los cines de la mano de Warner Bros.

Hay películas que nacen malditas, que se estrenan cercenadas por la tijera de los censores y que durante décadas sólo pueden verse en copias clandestinas, en formatos domésticos o dentro de documentales que reconstruyen, a medias, lo que el director alguna vez soñó. Los demonios, la obra maestra escandalosa de Ken Russell, pertenece a esa categoría de films que la historia del cine fue arreglando de a poco, pedazo a pedazo, como quien restaura un fresco tapado por capas de pintura ajena. Ahora, 55 años después de su debut en las salas, ese cuadro va a quedar finalmente expuesto tal como su autor quiso pintarlo, gracias a una restauración en 4K que rescata la versión que el propio Russell armó antes de morir y que nunca llegó a verse de manera íntegra en una pantalla grande.
Una escena perdida, un documental y un montaje que recién ahora ve la luz
La gran novedad de este regreso es la incorporación de una secuencia completa que durante décadas permaneció fuera del circuito comercial, una escena que muestra la supuesta posesión de las monjas y que incluye, como momento central, el derribo de un crucifijo de grandes dimensiones, un golpe de efecto visual y simbólico que recién ahora podrá ser apreciado por el público en la sala a oscuras, con el sonido envolvente y la dimensión que el director imaginó cuando rodó aquel plano. Hasta ahora, ese material sólo podía verse dentro de un documental, como un fragmento de archivo, una curiosidad para cinéfilos. Russell, junto con el crítico y especialista en su obra Mark Kermode, participó activamente en la tarea de recuperación de ese pasaje y, al mismo tiempo, fue rearmando con paciencia de restaurador otros fragmentos que habían sufrido recortes a lo largo de los años, entre ellos escenas de contenido sexual explícito y secuencias de orgías que la moral de la época y los organismos de clasificación consideraron inaceptables.
Esa versión recompuesta es la que Warner Bros eligió como carta de presentación para relanzar su flamante división Clockwork, un sello dedicado al cine de autor que la major estadounidense acaba de crear con la idea, según trascendió, de trabajar con realizadores independientes y al mismo tiempo recuperar títulos valiosos de su propio catálogo, muchos de los cuales llevan años sin reeditarse o nunca fueron tratados con el cuidado que merecen. Los demonios aparece, así, como una suerte de manifiesto en movimiento de esa nueva política de preservación: una película que en su momento fue víctima de la de productoras, de la presión del Vaticano y de los cortes exigidos por los sistemas de calificación de varios países, y que recién ahora, con el tiempo a favor y la tecnología en contra de la censura, puede volver a las salas con la dignidad que Russell siempre reclamó para su trabajo.
- La cinta se inspira en hechos reales del siglo XVII, una ciudad amurallada de Francia azotada por plagas.
- Un grupo de monjas afirma estar poseído y manipula al poder local para ejecutar a un sacerdote acusado de herejía.
- El religioso había acumulado una autoridad casi total sobre la ciudad y mantenía relaciones sexuales con varias religiosas.
- La combinación de horror religioso, escenas de posesión, contenido sexual explícito e imágenes de tono psicodélico provocó rechazo desde la etapa de producción.
- United Artists se retiró del proyecto y Warner Bros terminó por asumirlo y estrenarlo, aunque no sin antes pelear con la tijera.
- El Vaticano intervino directamente para impedir la exhibición de algunas imágenes consideradas blasfemas.
- Los organismos de clasificación de Reino Unido y Estados Unidos le impusieron la calificación X, la más restrictiva de la época, incluso después de los cortes.
Por qué esta película importa más allá del escándalo
Es tentador reducir Los demonios a su costado polémico, a las monjas con cara de éxtasis, al crucifijo ardiente, a las acusaciones de blasfemia que llovieron desde los púlpitos de medio mundo, y eso forma parte de su leyenda. Pero sería un error quedarse solamente ahí, porque Russell, un director que siempre trabajó en la frontera entre la música, la pintura y el cine, construyó con esta película una obra de una libertad visual pocas veces vista, un retrato de la histeria colectiva, del fanatismo religioso y del deseo reprimido que funciona como una descarga eléctrica cada vez que uno la ve, incluso en sus versiones mutiladas. Por eso la noticia de este reestreno no es un capricho de archivo ni una operación nostálgica: es la posibilidad de ver, por fin, la película completa, con la música, la fotografía y la dirección artística intactas, en una versión que respeta el pulso desquiciado que el director quiso imprimirle desde el primer plano.
El lanzamiento, según se anunció, tendrá carácter internacional y contempla funciones en distintos países, entre ellos España, lo que abre la puerta a que el público argentino, siempre ávido de cine de culto en pantalla grande, termine sumándose a la gira. Falta confirmar fechas y salas para nuestra región, pero el movimiento ya está en marcha, y Warner Bros confía en que la combinación de nombre del director, atractivo de la restauración y curiosidad morbosa del público será suficiente para llenar butacas. Personalmente, confieso que llevo años esperando esta oportunidad: vi Los demonios por primera vez en un VHS editado hasta el absurdo, después en una copia en DVD de calidad dudosa y más tarde en el documental de Mark Kermode, pero siempre con la sensación de que me faltaba algo, de que estaba leyendo un libro al que le habían arrancado capítulos enteros. Cuando finalmente se proyecte la versión de Russell, completa y restaurada, pienso sentarme en la butaca, apagar el celular, dejar que las imágenes me atraviesen como cuando uno tenía veinte años y el cine todavía era una aventura, y comprobar si aquella película prohibida, finalmente libre, sigue siendo tan peligrosa y tan bella como la recuerdo.
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