Más de diez cuadras de fila en Ezeiza por apenas cuarenta puestos en una distribuidora
La convocatoria de una empresa alimenticia del sur del conurbano bonaerense desbordó todas las previsiones y volvió a poner en primer plano la profundidad de la informalidad laboral que reflejan los últimos datos oficiales.

Rodrigo Iriarte, Economía – Una distribuidora alimenticia radicada en Ezeiza protagonizó esta semana una escena que resume, con la elocuencia de los hechos, el cuadro de situación del mercado de trabajo argentino: para cubrir alrededor de cuarenta vacantes, la empresa convocó a entrevistas presenciales y, antes de las ocho de la mañana, la fila de postulantes ya superaba las diez cuadras sobre la avenida Reconquista, en el sur del conurbano bonaerense.
Una convocatoria desbordada antes del horario anunciado
Cabaña Santa Marta había informado a través de sus cuentas en Instagram y Facebook que recibiría currículums desde las ocho de la mañana en su sede de Reconquista 654. Solicitaba documento de identidad, currículum impreso y un formulario disponible en su página web, aunque aclaró que entregaría copias en papel durante la espera para que nadie quedara afuera del proceso por no haber podido completar el trámite digital. La difusión en redes sociales funcionó como un disparador de convocatoria mucho mayor al previsto.
Varios de los asistentes relataron que la hilera comenzó a armarse durante la noche previa. A la hora pactada, la columna de personas ya pasaba los diez bloques y se extendía por la arteria principal de la localidad. Postulantes llegados desde Tristán Suárez, El Jagüel, Luis Guillón, Carlos Spegazzini y Esteban Echeverría esperaban junto a familiares y amigos, en muchos casos a la intemperie, con la expectativa de acceder a un puesto formal.
Perfiles diversos detrás de la misma búsqueda
La composición de quienes se acercaron resultó tan heterogénea como ilustrativa del momento que atraviesa el empleo. La fila incluyó:
- Jóvenes de 18, 19 y 20 años en busca de su primer trabajo registrado.
- Personas con experiencia previa en atención al cliente, cocina, construcción y comercio.
- Trabajadores informales que pretendían dejar atrás la precariedad y acceder a un puesto en blanco.
- Ocupados que, aun contando con ingresos, buscan mayor estabilidad y cobertura social.
“Más que nada si no tenés el secundario completo o estás cursando, necesitás la primera oportunidad en blanco.”Postulante de 18 años
Una estudiante de enfermería explicó que aguardaba la entrevista para conseguir ingresos que le permitieran sostener la carrera. Un hombre de 41 años, actualmente empleado, señaló que se había acercado porque buscaba algo "más estable" y con mayor previsibilidad. Una mujer con más de seis años trabajando sin registro dijo cobrar alrededor de 600.000 pesos mensuales, pagar ella misma su cobertura médica y que el ingreso apenas le alcanzaba para cubrir servicios, alimentos y gastos del hogar. En el otro extremo, un joven de 18 años calculó que necesitaba cerca de 1.200.000 pesos mensuales para alcanzar un grado razonable de autonomía, mientras que otrosaron montos cercanos al salario mínimo vital y móvil como referencia de partida.
El trasfondo: la informalidad que muestran los números oficiales
La escena registrada en Ezeiza se inscribe en un escenario más amplio. Los datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) correspondientes al segundo trimestre de 2026 indican que casi la mitad de los puestos de trabajo del país continúan sin registro formal, una proporción que, comparada con el mismo período del año anterior, muestra una mejora acotada pero insuficiente para revertir el peso estructural de la precariedad laboral. La diferencia entre quienes buscaron esta vez una vacante como salida de la informalidad y quienes ya cuentan con un empleo pero aspiran a condiciones más estables da cuenta, en términos técnicos, de la segmentación interna del mercado: por un lado, una porción significativa de la población Económicamente Activa (PEA) permanece fuera del sistema de seguridad social; por otro, una proporción creciente de asalariados formales percibe ingresos que no cubren la canasta básica, fenómeno que la literatura económica describe como "asalarización precaria" o "trabajadores pobres" (working poor), es decir, personas que, aun contando con un empleo registrado, perciben remuneraciones ubicados por debajo de la línea de pobreza.
En ese marco, la convocatoria de Cabaña Santa Marta operó como una suerte de termómetro social: una empresa con alrededor de cuarenta posiciones disponibles terminó recibiendo, en pocas horas, una demanda que multiplicó varias veces su capacidad de absorción. El episodio vuelve a poner sobre la mesa la distancia que existe entre las cifras agregadas de desocupación y la percepción cotidiana de quienes buscan un ingreso estable, al tiempo que refleja la rapidez con la que el boca a boca digital, sumado a la viralización en redes sociales, puede convertir una búsqueda laboral en un fenómeno de masas.
Qué espera el mercado en las próximas semanas
Analistas del mercado laboral consultados en forma habitual por esta sección coincidieron en que el hecho de Ezeiza probablemente vuelva a repetirse en la medida en que continúen abiertas búsquedas de gran volumen en sectores con baja barrera de ingreso, como logística, distribución, comercio y servicios. Las expectativas del mercado pasan por observar si los próximos indicadores oficiales de actividad, empleo y pobreza —que el INDEC difundirá hacia el cierre del tercer trimestre del año— muestran una reducción más decidida del trabajo no registrado y, en paralelo, si las paritarias en curso (negociaciones salariales periódicas entre cámaras empresarias y sindicatos por rama de actividad) logran recomponer el poder adquisitivo de los salarios formales. Hasta tanto esa combinación de factores no se concrete, prevén, escenas como la de Reconquista 654 seguirán formando parte de la rutina cotidiana del conurbano bonaerense y de buena parte del interior del país.
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