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Mover el cuerpo para mover la vida sexual: lo que dice una fisioterapeuta sobre el ejercicio, el deseo y los límites del entrenamiento

La actividad física mejora la circulación, el descanso y el ánimo, y todo eso puede trasladarse al bienestar sexual. Pero cuando se entrena de más, sin alimentación ni reposo suficientes, la libido también lo siente. Erika Lydon, especialista en suelo pélvico, explica por dónde conviene empezar y cuándo hay que frenar.

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Carla NazarSociedad · 27 DE SEPT DE 2026 · 5 min de lectura

Me lo imagino en alguna ciudad del interior, Santa Fe o Mendoza, da igual: la escena es la misma. Una mujer abre la puerta de su casa al atardecer, se calza las zapatillas y sale a caminar quince minutos por la calle de siempre. No es una maratonista, ni siquiera se propone serlo. Camina porque puede, porque le gusta, porque ese rato le pertenece. Lo que todavía no sabe —o sí, pero lo redescubre cada vez que vuelve— es que ese movimiento pequeño, casi íntimo, también está hablando con su deseo, con su descanso y con su vida sexual. Eso, justamente, es lo que viene repitiendo hace años Erika Lydon, fisioterapeuta especializada en suelo pélvico, cada vez que le preguntan si hace falta entrenar como una atleta para sentirse mejor en la intimidad: no, pero hay que moverse, y hay que hacerlo sin pasarse de rosca.

Lo primero que aclara la especialista, y conviene tener presente antes de lanzarse a cualquier rutina, es que el ejercicio no es una píldora mágica para el bajo deseo. La actividad física puede contribuir al bienestar sexual a través de la circulación, del descanso y del manejo del estrés, sí, pero la salud y el estado emocional de cada persona también intervienen, y pesan. Por eso Lydon, cuando habla desde su consultorio, suele repetir la misma frase: empezar con algo que pueda sostenerse. Si la caminata de quince minutos se convierte en una cita diaria —o casi— ya hay un cambio. Si después se le suman minutos o algo de intensidad, mejor todavía. Pero la base, insiste, es que el movimiento no se vuelva una carga.

Una referencia, no una receta

Como referencia general, para la mayoría de las personas adultas, Lydon propone reunir 150 minutos de ejercicio aeróbico moderado o 75 minutos de actividad intensa por semana, repartidos como cada uno pueda, más dos días de trabajo de fuerza. Lo dice ella misma, con tono tranquilo: esa es una pauta para la salud general, no un tratamiento para la libido ni una garantía de cambio en el deseo. Dicho de otro modo: es un horizonte razonable, no un mandamiento. Quien puede llegar ahí, bien; quien apenas puede con veinte minutos, también está haciendo algo.

  • 150 minutos semanales de ejercicio aeróbico moderado, o 75 minutos de actividad intensa, como referencia general para la mayoría de las personas adultas.
  • Dos días por semana de entrenamiento de fuerza, idealmente integrado a la rutina.
  • Empezar con movimientos que resulten agradables y que se puedan sostener en el tiempo, como caminatas cortas, y aumentar el esfuerzo de manera gradual.
  • Dormir mejor o sentirse menos estresado puede aparecer antes que cualquier cambio visible en la vida sexual; los tiempos varían según cada persona.
  • Atender las molestias previas —dolor, incomodidad, preocupación por el desempeño— con un profesional de salud o de fisioterapia de suelo pélvico antes de sumar ejercicios específicos.

Suelo pélvico: ni siempre hay que fortalecerlo

Antes de hablar de Kegel, de series, de repeticiones, la fisioterapeuta pide un paso atrás. Si hay dolor o alguna preocupación por el desempeño sexual, lo primero es consultar a un profesional de salud o a alguien especializado en suelo pélvico. Esa musculatura, explica Lydon, sostiene estructuras de la pelvis y participa en la función sexual, pero no siempre necesita fortalecerse. De hecho, a veces necesita todo lo contrario. Los ejercicios de Kegel pueden servir en algunos casos y aumentar la tensión en otros. Si los músculos del suelo pélvico permanecen contraídos o tienen dificultades para relajarse, las relaciones pueden volverse dolorosas, advierte la especialista, y eso es exactamente lo que nadie busca cuando empieza a moverse para estar mejor.

Por qué moverse puede sumar (y por qué excederse puede restar)

Ahora bien, ¿por qué el ejercicio puede favorecer la función sexual? La respuesta, según la fisioterapeuta, pasa por varios mecanismos que se hablan entre sí. El primero es la circulación: el trabajo aeróbico favorece al corazón y a los vasos sanguíneos, y eso facilita la llegada de sangre a los órganos sexuales. Ese flujo interviene en la erección y puede contribuir a la excitación y a la función sexual femenina. El segundo mecanismo es el descanso y el ánimo. La tensión sostenida puede dificultar el interés sexual, mientras que el ejercicio ayuda a mejorar el humor y a facilitar la relajación. El tercero es el entrenamiento de fuerza, que, según agrega Lydon, puede colaborar con procesos vinculados con la energía, el estrés y el equilibrio hormonal. Tres caminos distintos que, cuando se combinan, suelen terminar apuntando en la misma dirección.

El otro extremo: entrenar de más

Y acá viene la advertencia que la especialista repite con más énfasis, porque suele ser la gran olvidada. Entrenar demasiado, sin alimentarse adecuadamente y sin recuperarse lo suficiente, puede afectar el deseo. No es un capricho ni una exageración: es un aviso del cuerpo. Cuando el gasto supera al recupero, cuando se duerme poco y se come justo, la libido suele ser una de las primeras cosas en apagarse. Por eso Lydon insiste tanto en la progresión, en la consulta previa cuando hay molestias y en la idea de que la rutina sea sostenible. El cuerpo, dice, no perdona los caprichos del ego.

Vuelvo a la mujer de la calle de siempre, la que salió a caminar al atardecer. No sabemos si duerme bien, si come lo que necesita, si tiene alguna molestia que todavía no fue a consultar, ni cómo está su deseo estas semanas. Lo que sí sabemos es que mañana probablemente vuelva a salir, porque puede, porque le gusta y porque alguien —una fisioterapeuta que insiste con paciencia— le dijo que empezar por algo pequeño y posible es mejor que prometer heroicidades que el cuerpo termina cobrando. En eso, y también en la vida sexual, suele estar la diferencia.

CN
Carla NazarSociedad

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