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Domingo, 18 de octubre de 2026
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Pastillas para vivir más: por qué la ciencia todavía no les cree

Los suplementos de longevidad inundan las góndolas con promesas de más años y menos enfermedades. Detrás del marketing, los ensayos clínicos grandes muestran resultados magros o directamente nulos en personas sanas. Lo que sí estira la vida sigue siendo de lo más viejo del mundo: moverse, comer bien y dormir.

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Carla NazarSociedad · · 4 min de lectura
Pastillas para vivir más: por qué la ciencia todavía no les cree

Cada mañana, en una farmacia de Mar del Plata, Donato espera su turno con la misma rutina de los últimos tres años. Se acerca al mostrador, pide su frasco de NMN, paga sin chistar y se lo guarda en el bolsillo del saco. Tiene 67 años, la presión controlada y dos hernias de disco que ya no le dan pelea. "Mi hija me lo trajo de Miami y yo lo tomé como un seguro", me dice mientras firma el débito. No es el único. En la última década, el mercado de los suplementos de longevidad pasó de ser una rareza de Silicon Valley a ocupar góndolas enteras en farmacias de barrio, dietéticas y hasta cadenas de supermercados de todo el país. Cápsulas que prometen más años, más energía y, sobre todo, una especie de pócima moderna contra el envejecimiento. La pregunta es si esa promesa tiene asidero o si estamos pagando por una ilusión con envase premium.

La coenzima estrella y sus precursores

El NAD+ es una coenzima presente en todas las células del cuerpo, indispensable para producir energía y asociada a la reparación del ADN. Sus niveles bajan con los años y, en cultivos celulares y en ratones, aumentar su disponibilidad mejoró algunos parámetros metabólicos. De ahí salieron los suplementos con NMN y nicotinamida ribósido, dos precursores que el cuerpo usa para fabricar NAD+. El marketing los presenta como una inversión directa en longevidad. El problema, como me explicó María, bioquímica y docente en la Facultad de Ciencias Exactas de La Plata, es el salto enorme que hay entre lo que pasa en una placa de Petri y lo que le ocurre a una persona real. "Los ensayos en humanos confirman que estos precursores elevan el NAD+ en sangre. Eso es real. Pero que suba un valor en un análisis no equivale a vivir más ni a enfermarse menos", resume. Y agrega, con una media sonrisa: "Es como si te subieran el sueldo en una moneda que no podés gastar".

Vitaminas y minerales: cuando medir cambia todo

La misma lógica corre para vitaminas y minerales que se vendieron durante décadas como preventivos casi universales. El estudio SELECT, con más de 35.000 participantes, mostró que el selenio no previno el cáncer de próstata y que quienes recibieron vitamina E tuvieron, de hecho, mayor riesgo de desarrollarlos durante el seguimiento. El ensayo VITAL, con cerca de 25.000 personas, no encontró que la vitamina D ni el omega-3 redujeran el cáncer ni los eventos cardiovasculares en gente que no tenía déficit previo. Eso no significa que estos nutrientes sean inútiles. Cuando hay una carencia real, corregirla tiene impacto concreto: las deficiencias de vitamina B12 y de vitamina D son frecuentes en mayores de 60 y tratarlas mejora la calidad de vida. La diferencia, insiste María desde su oficina en La Plata, está en medir primero y suplementar después si hace falta, no en tomar a ciegas porque lo dijo un influencer.

Los tres escalones de la evidencia

La ciencia médica trabaja en tres escalones que conviene tener claros antes de comprar cualquier frasco. Primero, lo que ocurre dentro de una célula en un laboratorio. Segundo, lo que se observa en animales de experimentación. Tercero, lo que demuestran los ensayos clínicos con miles de personas a lo largo de años. Casi toda la oferta comercial de suplementos se apoya con entusiasmo en los primeros dos y se presenta como si ya hubiera pasado el tercero. Un hallazgo real pero acotado se convierte en una promesa enorme que nadie demostró en la clínica, y eso es lo que termina pagando el consumidor.

  • Actividad física regular que incluya ejercicios de fuerza, no solo caminatas.
  • Alimentación equilibrada con proteínas suficientes en cada comida.
  • Buen descanso: siete a ocho horas de sueño de calidad.
  • No fumar y moderar el consumo de alcohol.
  • Vínculos sociales activos: el aislamiento crónico enferma.
  • Controles médicos periódicos y análisis de sangre antes de suplementar nada.

Volver a Donato

Antes de irme de Mar del Plata vuelvo a la farmacia. Le pregunto si alguna vez se hizo un análisis para saber si le faltaba algo. Donato me mira como si le hubiera hablado en otro idioma. "Yo como bien, nena, como de todo", responde, y se ríe. Le cuento lo que dicen los estudios y lo que recomienda María, la bioquímica platense. Se queda pensando un momento, mira el frasco que ya tiene en el bolsillo y me dice, con una honestidad que desarma: "Sabés qué, capaz que lo dejo y me compro un par de zapatillas". No es un final feliz ni una moraleña armada. Es, apenas, un hombre de 67 años empezando a sospechar que la mejor inversión para llegar a los 80 no viene en cápsulas, sino en cosas mucho más viejas y mucho más baratas.

CN
Carla NazarSociedad

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