Poleas y pecho: una rutina que obliga a pensar el cuerpo entero antes de mover el brazo
El especialista Raúl Notario propone cuatro variantes con un mismo volumen de trabajo, donde la postura, el abdomen y la forma de cerrar cada repetición cambian tanto como el ejercicio mismo.

Son las siete de la mañana en el pueblo y ya hay olor a café recién hecho en el pasillo del gimnasio improvisado. María Teresa, cuarenta y dos años, madre de tres, se prende del cable de la polea con una mano, apoya una rodilla en el banco y mira al espejo antes de empezar. Del otro lado, Raúl Notario, graduado en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte y máster en Actividad Física y Salud, le corrige la cadera y le dice algo que la clienta repite cada vez que puede: acá no se entrena solo el pecho, se entrena todo lo que sostiene al pecho.
Un mismo número, cuatro movimientos distintos
La rutina que Notario propone para trabajar el pectoral con poleas tiene una regla fija que se repite en las cuatro variantes: tres series de 12 a 15 repeticiones por brazo. El número se cuenta de cada lado, no se suma. Esa elección, dice el entrenador, apunta a equilibrar el trabajo entre ambos lados del cuerpo y a evitar que el brazo dominante se quede con la parte más fácil del esfuerzo.
Lo que cambia de un ejercicio a otro es la trayectoria del brazo y, sobre todo, la manera en que el cuerpo se apoya para realizarla. Modificar el apoyo, explica Notario desde su consultorio en Munro, modifica las exigencias de un mismo gesto. Por eso la rutina combina movimientos unilaterales con posiciones que obligan a mantener firme el tronco durante toda la serie.
- Press con zancada: una pierna adelante y la otra atrás, sin moverse, mientras el brazo ejecuta el empuje unilateral.
- Aperturas: posición de rodillas, con intervención de glúteos, espalda baja, oblicuos y transverso abdominal para sostener la postura.
- Elevaciones con polea sobre rodillas: los brazos se mantienen extendidos durante todo el recorrido, con énfasis en la parte superior del pectoral.
- Cierre unilateral: el brazo cruza la línea central del abdomen, trabajando la zona inferior y lateral del pecho junto con los músculos del hombro.
“La estabilidad del tronco cruza todos los ejercicios, aunque el recorrido del brazo cambie. Lo que termina pasando es que el abdomen trabaja casi tanto como el pectoral.”Raúl Notario, especialista en actividad física (Munro)
La respiración también forma parte de las indicaciones. En las elevaciones, los brazos se sostienen extendidos de punta a punta, así que el ritmo respiratorio se acomoda a esa continuidad. En el press, en cambio, hay flexión y extensión: Notario recomienda tomar aire al flexionar y expulsarlo al extender, una pauta que María Teresa practicó varias veces antes de poder sostenerla mientras mantiene la zancada firme.
Cuando termina la última serie, María Teresa se sienta en el banco, se seca la frente con el borde de la remera y me mira con esa sonrisa que tienen los que recién descubren que un ejercicio simple puede doler en lugares insospechados. Le pregunto qué sintió y me responde, todavía agitando el aire con la mano libre: sentí el pecho, sí, pero también sentí la panza, la cintura y hasta el glúteo de la pierna que tenía atrás. Notario la mira desde el otro lado del salón y asiente, como si esa descripción fuera exactamente lo que esperaba escuchar de una clienta que ya entendió de qué se trata entrenar el pecho con poleas.
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