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San Sebastián 2025: el cine argentino desembarca con dos apuestas por la Concha de Oro y una agenda cargada de estrenos

Glaxo, de Benjamín Naishtat, y Mis muertos tristes, de Pablo Larraín, encabezan la presencia nacional en la 74ª edición del festival español, que se abrirá el 18 de septiembre con proyecciones, documentales y una nutrida delegación de producciones locales en distintas secciones competitivas.

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Julia KaplanCultura y espectáculos · 17 DE SEPT DE 2026 · 5 min de lectura

Vayan anotando en la agenda, porque septiembre viene con buenas noticias para los que miramos el calendario cinematográfico con la misma devoción con que otros siguen el fútbol. La 74ª edición del Festival de San Sebastián, que se abrirá el 18 de septiembre, tendrá a la Argentina como una de las grandes protagonistas de su competencia principal, con dos películas de muy distinto registro que buscarán quedarse con la Concha de Oro: Glaxo, del realizador Benjamín Naishtat, y Mis muertos tristes, una coproducción con Chile que lleva la firma de Pablo Larraín. Es, para decirlo sin rodeos, una de las participaciones más robustas que el cine argentino haya tenido en el circuito de los grandes festivales europeos en los últimos tiempos, y merece la pena recorrerla con detenimiento.

Dos películas, dos formas de contar la Argentina

La primera cita será el domingo en la sala principal del Kursaal, donde se proyectará Glaxo, con Lali Espósito como una de sus protagonistas. La película llega a San Sebastián luego de su paso por Toronto y antes de su prevista participación en Londres, una gira internacional que viene consolidando a Naishtat como uno de los nombres más singulares de la nueva cinematografía local, dueño de una poética áspera y política que ya había quedado manifiesta en trabajos anteriores como Rojo y Pornomelancolía. Glaxo vuelve a poner al director frente a un thriller de época, y lo hace cruzando estrellas populares del presente con una puesta de escena exigente, algo que a esta altura ya parece ser una marca registrada en su filmografía.

Al día siguiente, el lunes, será el turno de Mis muertos tristes, con Mercedes Morán y Dolores Fonzi como protagonistas. La película tiene un condimento extra que la vuelve especialmente atractiva: está basada en un libro de Mariana Enríquez, una de las voces más potentes de la literatura argentina contemporánea, que también estará presente en el festival acompañando la proyección. Quienes siguen la obra de Enríquez saben que su narrativa trabaja sobre el terror cotidiano, los duelos que no se terminan de procesar y los fantasmas que sobrevuelan la vida doméstica, y la versión que se verá en San Sebastián tendrá un formato de largometraje distinto al que estrenará Netflix el 24 de septiembre como miniserie de cuatro episodios. Es decir, el público del Kursaal podrá ver una película que en la plataforma se fragmentará en otro orden narrativo: un regalo para los curiosos y un motivo más para no perderse la función.

“En este caso, la proyección permitirá conocer una versión distinta de la que llegará al público por streaming. San Sebastián exhibirá un montaje en formato de largometraje, mientras que Netflix estrenará el 24 de septiembre la miniserie completa, de cuatro episodios.”Contexto del festival

Darín, Peretti y un estreno que no llegará a las salas

La presencia argentina en la sección principal se completa con el estreno mundial de Lo dejamos acá, que protagonizan Ricardo Darín y Diego Peretti. La función del martes contará con la presencia de Darín, uno de los rostros más reconocibles del cine argentino de las últimas décadas, y la película no tendrá estreno en las salas comerciales del país: su lanzamiento en Netflix está previsto para el 16 de octubre. Es decir, San Sebastián será, en la práctica, la única oportunidad de verla en pantalla grande. A mí, que soy de la generación que creció yendo al cine a ver las películas de Darín, me resulta inevitable leer ese dato con una mezcla de alegría y de nostalgia, porque cada estreno pensado directamente para plataformas me recuerda cuánto cambió el oficio y cuánto se extraña la sala.

La delegación argentina, sección por sección

  • Zabaltegi-Tabakalera: abrirá con Pedro en el país, documental de Benjamín Naishtat y María Alché, y sumará A veces me entra tristeza, otras veces rebelión, de María Aparicio, y El fantasma, de Ignacio Masllorens y David Lamelas.
  • Fuera de concurso: Albertina Carri presentará Cine vivo, un artefacto, un proyecto que combina un corto, un libro y una performance.
  • Horizontes Latinos: Viajes y placeres, de Mariano Luque; La ilusión de un verano sin fin, de Alessandra Sanguinetti, y El tren fluvial, de Lorenzo Ferro y Lucas A. Vignale.
  • Foro de Coproducción Europa-América Latina: cinco proyectos argentinos buscarán respaldo internacional para completar su financiamiento.

Como se ve, la delegación no se agota en la competencia principal ni en los nombres más conocidos. Hay lugar para el documental de autor, para el cruce entre cine y literatura, para las búsquedas formales de realizadoras como Carri y para una nueva generación de cineastas que viene encontrando en los festivales un lugar de legitimación que el circuito comercial muchas veces les discute. Me animo a decir, sin exagerar, que es una de las fotos más completas del cine argentino en el exterior de los últimos años, y que merece celebrarse sin mezquindades.

Una recomendación, en primera persona

Si tuviera que armar una hoja de ruta para seguir el festival desde acá, empezaría por Glaxo y Mis muertos tristes, las dos apuestas por la Concha de Oro, porque ambas prometen esa clase de cine que después uno recuerda durante años: Naishtat con su pulso inquietante y Larraín con su mirada cada vez más acostumbrada a moverse entre Chile, Argentina y los grandes escenarios internacionales. Después, sin dudarlo, buscaría cada nota sobre Lo dejamos acá, porque ver a Darín y Peretti juntos en la pantalla grande es un acontecimiento en sí mismo, sobre todo cuando se trata de una película que probablemente muy pocos argentinos podrán ver en cine. Y si el tiempo alcanza, seguiría de cerca la performance de Albertina Carri, porque Cine vivo, un artefacto suena exactamente al tipo de propuesta que uno quiere contar después de haberla visto. Yo, por las dudas, ya tengo el calendario abierto.

JK
Julia KaplanCultura y espectáculos

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