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Domingo, 18 de octubre de 2026
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"Stalingrado", la reconstrucción imposible: cuando doce mil extras le pusieron el cuerpo a la batalla más cruenta del siglo XX

La película de Joseph Vilsmaier, basada en la novela de Theodor Plievier y rodada en condiciones extremas en Finlandia, vuelve a estar disponible en streaming y se consolidó como un clásico de culto del cine bélico europeo, opacado durante años por el estreno posterior de "Enemigo a las puertas".

JK
Julia KaplanCultura y espectáculos · · 3 min de lectura
"Stalingrado", la reconstrucción imposible: cuando doce mil extras le pusieron el cuerpo a la batalla más cruenta del siglo XX

"La ciudad es nuestra". Esa es la consigna que repiten los soldados alemanes en el avance inicial hacia el Volga, y esa frase, convertida casi en un mantra por la propaganda del Tercer Reich, es también el punto de partida de "Stalingrado" (1993), la película que el director bávaro Joseph Vilsmaier convirtió en una de las producciones bélicas más ambiciosas del cine alemán de posguerra. Yo, que la vi por primera vez en una sala de arte a mediados de los noventa y la revisé hace poco en streaming, puedo decir que sigue golpeando con la misma fuerza que entonces: no es una película cómoda, ni busca serlo, y justamente ahí radica su valor.

Para entender por qué "Stalingrado" importa, conviene retroceder un poco en la historia del género. El cine bélico europeo de las últimas décadas suele apoyarse en dos tradiciones: la anglosajona, más volcada al heroísmo y al espectáculo, y la europea continental, que desde "El hundimiento" hasta "El laberinto del fauno" prefiere interrogar la experiencia humana antes que glorificar la victoria. La película de Vilsmaier se inscribe en esta segunda vertiente, y lo hace con una honestidad descarnada que todavía hoy sorprende.

Una novela esperada, un rodaje infernal

La batalla de Stalingrado se extendió desde agosto de 1942 hasta la histórica rendición del Sexto Ejército alemán, en un enfrentamiento que dejó alrededor de dos millones de muertos y que está catalogado entre los más cruentos de toda la Segunda Guerra Mundial. En su diario, Joseph Goebbels recogió que Adolf Hitler consideraba la toma de la ciudad "una necesidad psicológica urgente", dado el valor simbólico que Stalingrado tenía para el régimen soviético. Las tropas recibieron la orden expresa de no rendirse bajo ninguna circunstancia.

Llevar ese episodio al cine tomó décadas. La novela de Theodor Plievier, publicada en 1945, recién encontró su versión cinematográfica casi medio siglo después, en 1993. Vilsmaier contó con un presupuesto de 20 millones de marcos alemanes (unos 14 millones de dólares) para una producción que buscaba retratar sin atenuantes el horror y el agotamiento de la batalla. El rodaje duró cinco meses y se desarrolló en varios países: las secuencias más exigentes se filmaron en Finlandia, donde las temperaturas llegaron a 30 grados bajo cero. Para las escenas de combate se movilizaron alrededor de 12.000 extras, y se contrataron veteranos de guerra amputados para reforzar el realismo visual.

“La ciudad es nuestra.”Consigna de las tropas alemanas en "Stalingrado" (1993)

Un detalle que define a la película

  • Ninguna escena se filmó en la ciudad real: la destrucción masiva que sufrió Stalingrado durante el conflicto obligó a reconstruirla por completo en la posguerra, de modo que no quedaban edificaciones de la época para ambientar el relato.
  • La recaudación final fue de 10 millones de dólares en Alemania, por debajo de las expectativas iniciales, mientras que en España tuvo una recepción especialmente favorable, con ingresos equivalentes a 1,34 millones de euros.
  • Con el tiempo ganó reconocimiento como referencia del cine bélico europeo, aunque su proyección internacional quedó opacada en parte por el estreno posterior de "Enemigo a las puertas".
  • Actualmente se puede ver en Amazon Prime Video.

Les confieso algo: cada vez que vuelvo a esta película me detengo en el mismo plano secuencia, ese en el que la cámara avanza entre los soldados mientras el frío les endurece el rostro y la música se va apagando hasta dejar apenas el sonido del viento. Es el momento en que "Stalingrado" deja de ser un filme de guerra para convertirse en un documento humano, y es también la escena que, a mi entender, la separa de cualquier producción contemporánea del género. Si nunca la vieron, mi recomendación es clara: busquenla un domingo por la tarde, bajen el volumen del teléfono y dedíquenle sus dos horas y cuarto sin interrupciones. El cine bélico europeo tiene en "Stalingrado" una de sus cumbres, y merece ser revisitado.

JK
Julia KaplanCultura y espectáculos

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