Saltar al contenido
Viernes, 16 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instanteBuscar ⌕
Era Hora Noticias

Era Hora Noticias

Portada — Vida —

Tapar el agujero no alcanza: la pelea de los vecinos del conurbano contra una plaga que vuelve cada vez que llueve

Un responsable técnico de una empresa de control de plagas explica por qué la espuma de poliuretano sola no sirve, qué errores domésticos abren la puerta a ratas y ratones, y cómo limpiar los excrementos sin levantar un polvo que puede enfermar a toda la familia.

CN
Carla NazarSociedad · · 5 min de lectura
Tapar el agujero no alcanza: la pelea de los vecinos del conurbano contra una plaga que vuelve cada vez que llueve

Son las siete de la tarde en una casa baja de Lanús y la señora Marta, de 58 años, vuelve del kiosco con dos botellas de lavandina. En la cocina, debajo de la bacha, descubrió a la mañana un montoncito de granitos oscuros que no eran polvo ni eran tierra. "Yo pensé que era el gato, que había traído algo del patio", me cuenta mientras apoya la bolsa en la mesada. Cuando le contaron que eran heces de roedor, se le vino el mundo abajo. La casa es de las prolijas, con piso de cerámico, cortinas de tela y un patio chico donde siempre barre. Sin embargo, esta semana aparecieron las marcas. La historia de Marta no es una excepción en el conurbano bonaerense: cada cambio de estación, con las primeras lluvias y el calor que todavía pesa, los municipios reciben decenas de llamados por roedores en viviendas que, sobre el papel, no deberían tener un problema así.

Antes de que el caso se vuelva un dato, vale la pena escucharlo a quien lo ve todos los días. Fernando, responsable técnico de una empresa de control de plagas con base en Quilmes, atiende entre ocho y doce reclamos por jornada, la mayoría en casas de familia y en locales gastronómicos del sur del Gran Buenos Aires. Lo que más le llama la atención, dice, es la confianza casi ciega en un producto que todos tienen en la ferretería del barrio.

Por qué la espuma de poliuretano sola no resuelve nada

"La gente compra la espuma de poliuretano, la mete en el agujerito del zócalo y se queda tranquila", describe Fernando desde su oficina de Quilmes, con tono de quien ya lo escuchó decenas de veces. El problema es que ese material, tan práctico para tapar grietas contra filtraciones, es blando frente a los dientes de una rata o de un ratón. "El roedor lo roe como si fuera queso", grafica. Para que el cierre sirva de verdad, la espuma tiene que ir combinada con una barrera física anterior: malla metálica fina o lana de acero apretada en el orificio, y recién después la masilla por encima. Sin esa doble o triple capa, el trabajo queda a mitad de camino y, peor aún, deja la sensación de que el problema está resuelto cuando en realidad sigue abierto.

Los puntos de ingreso que casi nadie revisa en su casa

Fernando enumera las cinco vías de entrada que más se repiten en sus recorridas por domicilios particulares. La primera son los burletes de las puertas que ya están vencidos: una puerta que no ajusta bien contra el piso es una invitación. La segunda, la vegetación pegada a la fachada, sobre todo en casas con enredaderas o arbustos que tocan la pared. La tercera, las cajas de cartón apiladas en depósitos, garages o debajo de mesadas, porque el roedor las usa como escondite y a la vez como camino hacia el interior. La cuarta, las pequeñas pérdidas de agua en canillas, flexibles o debajo del termotanque, que les dan humedad y bebida. Y la quinta, el alimento de mascotas que queda en el plato toda la noche, sobre todo en el caso de los perros que comen a la tarde y dejan el resto hasta la mañana siguiente.

Ni menta, ni vinagre, ni ultrasonido: por qué los remedios caseros no alcanzan

Las redes sociales están llenas de soluciones caseras que, según Fernando, no resuelven una infestación. La menta y el vinagre pueden tener un efecto repelente durante minutos, pero no de manera sostenida. Los aparatos de ultrasonido que se enchufan en el living no atraviesan paredes ni muebles grandes, y los roedores se acostumbran al estímulo sonoro en pocas semanas. Las trampas de resorte pueden capturar un ratón aislado que entró por error, pero no controlan una colonia. Y las trampas adhesivas, advierte, generan un sufrimiento enorme en el animal y no atacan la causa del problema. "Ninguna de esas cosas reemplaza lo básico: encontrar por dónde entran y cerrarlo", remarca Fernando, que prefiere llamarlo orden de prioridades más que receta mágica.

  • Ventilar el ambiente durante al menos treinta minutos antes de entrar al lugar donde están los excrementos.
  • Colocarse guantes gruesos y barbijo o protección respiratoria antes de tocar nada.
  • Humedecer los restos con un desinfectante apropiado y esperar varios minutos para que actúe.
  • Retirar con papel descartable, sin contacto directo de las manos.
  • Nunca barrer en seco ni usar aspiradora, porque ambas levantan polvo con partículas potencialmente infecciosas que se inhalan sin darse cuenta.

La limpieza después: un paso a paso que pocos hacen bien

La parte más delicada, dice Fernando, es lo que viene después de encontrar los rastros. Los roedores pueden transmitir enfermedades a través de la orina, las heces y las mordeduras, y además arrastran pulgas, garrapatas y ácaros que pasan a las mascotas y a las personas. Por eso insiste en que la limpieza no es un tema estético sino sanitario. La secuencia que recomienda su empresa, y que coincide con lo que indican los manuales de manejo integrado de plagas, es la que figura en el paso a paso anterior. Lo que más le cuesta instalar en la cabeza del vecino, confiesa, es la idea de no pasar la aspiradora: "Es lo primero que hace la gente, abrir la ventana y meter la aspiradora, y es lo peor que se puede hacer, porque ese polvo queda flotando media hora". Si los rastros se repiten o si se sospecha que el foco está en la red cloacal, lo mejor es llamar a un servicio profesional, porque la infestación puede estar mucho más adentro de lo que se ve en la cocina.

Marta, la vecina de Lanús, ya llamó a un fumigador y esta semana le van a tapar dos entradas que encontró el técnico en el caño de la cocina y en un burlete del patio. Mientras acomoda las cosas en la mesada y se acomoda los anteojos, me dice algo que se le nota en la voz: "Yo vivía convencida de que en una casa limpia no pasaban estas cosas, y ahora sé que no tiene nada que ver". Esa, exactamente, es la idea que Fernando repite en cada visita, con la misma frase, casa por casa, manzana por manzana: una vivienda ordenada ayuda, pero si el agujero queda abierto, la limpieza sola no alcanza.

CN
Carla NazarSociedad

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo