Una escuela de Lomas de Zamora, golpeada por la propagación de imágenes sexuales falsas creadas con inteligencia artificial
Cuatro adolescentes son investigados por producir y difundir material manipulado con IA a partir de fotos de redes sociales de alumnas del colegio. La causa avanza en la Justicia bajo la figura de producción y distribución de material de abuso sexual infantil. Las víctimas relataron vergüenza, asco y miedo, y el caso reaviva la discusión sobre el daño psicológico de este tipo de material aunque sea técnicamente falso.

Son las primeras horas de la mañana en un colegio secundario de Lomas de Zamora y, como cada día, las chicas de los últimos años van entrando al edificio con sus mochilas, sus uniformes y sus teléfonos cargados con decenas de fotos subidas a redes sociales. Una de ellas, una adolescente a la que llamaré Sofía para resguardar su identidad, había publicado en su perfil una serie de imágenes de una salida con amigas. Eran fotos comunes, de las que cualquier chica de dieciséis años sube un sábado a la tarde. Semanas después, esas mismas fotos aparecieron transformadas: desnudos falsos generados con inteligencia artificial, distribuidos en grupos digitales del propio colegio. "Aunque sé que es falso, me dio vergüenza", me dice Sofía, todavía con la voz algo temblorosa, mientras su madre la escucha en silencio en la mesa de la cocina. Esa frase resume, mejor que cualquier titular, la paradoja central de este fenómeno: la falsedad técnica de la imagen no neutraliza el daño emocional que provoca en quien aparece en ella.
Lo que empezó como una travesión adolescente derivó en una causa judicial que ahora tramita en los tribunales de Lomas de Zamora bajo la figura de producción y distribución de material de abuso sexual infantil (MASI), la misma categoría legal que se aplica para las imágenes reales de menores. Cuatro estudiantes del establecimiento, todos menores de edad, son investigados por haber tomado fotografías públicas de sus compañeras en redes sociales, haberlas procesado con herramientas de inteligencia artificial para generarles desnudos falsos y haberlos difundido en grupos digitales. La Justicia, según pudo reconstruir este portal, ya ordenó medidas para que los investigados no se acerquen a las víctimas, les impuso el cese de cualquier forma de hostigamiento y, en coordinación con el colegio, resolvió que los cuatro pasen a la modalidad virtual mientras avanza el expediente.
El peso del daño, aunque la imagen sea falsa
Sofía no está sola. Cuando los padres y madres de las afectadas empezaron a hablar entre ellos, aparecieron más casos. Las víctimas describen, casi con las mismas palabras, una mezcla de asco, vergüenza y miedo. "Lo que más me angustiaba era no saber hasta dónde habían llegado esas imágenes", me cuenta Mariana, mamá de otra de las chicas, en el living de su casa en Lomas de Zamora. "Mi hija me decía que podían estar en cualquier parte del mundo, y tenía razón, porque las habían compartido por aplicaciones de mensajería." Una de las adolescentes, en su declaración, fue más tajante: "Creemos que pudo haber llegado a cualquier parte del mundo."
El relato más revelador es el de la propia Sofía, que tardó varios días en contarles a sus padres lo que estaba pasando. "No quería que me vieran así", explica, aunque sabe, porque alguien se lo confirmó, que la foto no era real. Esa tensión entre el conocimiento racional y la respuesta emocional es, según especialistas consultados, lo que hace tan delicado a este tipo de material. La víctima no necesita creer que la imagen es verdadera para sentir que su intimidad fue violentada. Le alcanza con saber que otras personas la vieron desnuda, o supuestamente desnuda, y que se rieron de ella o la comentaron en un grupo de WhatsApp.
Una escuela que reaccionó tarde y una protesta que sacudió al barrio
Las chicas afectadas concurrieron al colegio apenas descubrieron lo que estaba pasando, pero sintieron que la respuesta institucional fue tardía e insuficiente. Recién cuando el tema tomó estado público y aparecieron los primeros escritos en la Justicia, las autoridades del establecimiento organizaron jornadas de diálogo con los cursos afectados y dispusieron que los cuatro alumnos investigados pasaran a la modalidad virtual. La situación terminó de desbordar cuando las propias estudiantes convocaron a una protesta frente al colegio, a la que se sumaron chicos y familias de distintos cursos. Los videos de la manifestación se viralizaron en redes y, rápidamente, empezaron a aparecer testimonios de jóvenes de otros establecimientos que reconocían haber pasado por situaciones parecidas.
En medio de ese clima, las familias de las víctimas se acercaron a la Justicia y la causa avanzó con rapidez. Se realizaron allanamientos en los domicilios de los cuatro menores investigados, se secuestraron dispositivos electrónicos y se ordenó el bloqueo de los grupos donde circulaba el material. La investigación apunta a determinar no solo quién produjo las fotos falsas, sino también quién las distribuyó y quién las conservó en sus teléfonos. En el expediente, al que tuve acceso parcial, consta que las imágenes originales se obtuvieron de perfiles públicos de redes sociales, un dato que vuelve a poner en primer plano un riesgo que muchos subestiman: lo que un adolescente sube a su Instagram o a su TikTok puede ser tomado, procesado con una herramienta de inteligencia artificial y reutilizado sin su consentimiento.
Lo que se viene: educación digital, protocolos escolares y herramientas legales
- Para los padres: revisar con los hijos la configuración de privacidad de sus redes sociales y conversar de manera periódica sobre qué se comparte y con quién, sin tono de prohibición pero sí de cuidado.
- Para los docentes y equipos de orientación: incorporar el tema del material generado con inteligencia artificial en los programas de convivencia y en las tutorías, y tener un protocolo claro para actuar dentro de las 48 horas cuando aparece un caso.
- Para la escuela: habilitar un canal único y confidencial para que los alumnos puedan denunciar situaciones de este tipo sin tener que pasar por adultos que no estén preparados.
- Para la Justicia: avanzar en la tipificación específica del daño que produce el material falso, que hoy se encuadra en figuras pensadas para imágenes reales de abuso.
- Para los propios adolescentes: entender que una broma en un grupo de WhatsApp puede terminar en una causa penal y en un daño psicológico que, según los especialistas, tarda meses en procesarse.
Vuelvo a la cocina de la casa de Sofía en Lomas de Zamora. La madre me sirve un mate y me dice, mientras mira a su hija, que lo que más le duele es haber descubierto que su hija les tenía miedo a ellos antes que a los compañeros que habían difundido las imágenes. "Nos tenía miedo a nosotros, no a los que le habían hecho el daño", repite, y en esa frase aparece otra de las paradojas de este tipo de casos: muchas víctimas tardan en hablar porque les preocupa más la reacción de su familia que la Justicia. Sofía, que hoy asiste al colegio con la decisión de no borrar sus redes pero sí de cerrarlas casi por completo, me dice que quiere que su historia sirva para que otras chicas no tengan que pasar por lo mismo. "Si les pasa a otras, que no se callen como yo", me pide, con una seriedad impropia de los dieciséis años. Mientras me voy del barrio, en la puerta de la escuela todavía cuelgan algunas cintas que dejaron las chicas en la protesta. El caso sigue bajo investigación, pero el daño, en esta cocina, ya está hecho.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo

Entradas a la Fiesta de la Confluencia 2025: estos son los precios en Campo y Preferenciales


