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Una vuelta completa a la Antártida en casi dos meses: la expedición extrema que se lanzará en 2028 y quién puede pagarla

Le Commandant Charcot ofrecerá una circunnavegación de unos 23.000 kilómetros dividida en dos tramos de 30 noches. Especialistas advierten que la duración, la logística y el precio dejarán a estos viajes en un nicho muy específico, mientras las expediciones clásicas de diez a doce días seguirán siendo la puerta de entrada al continente blanco.

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Ana Laura QuinteroAmbiente y energía · · 4 min de lectura
Una vuelta completa a la Antártida en casi dos meses: la expedición extrema que se lanzará en 2028 y quién puede pagarla

La oferta antártica se redefine en los extremos: si las expediciones tradicionales a la península concentran a la mayoría de los viajeros en recorridos de diez a doce días, la compañía a cargo del Le Commandant Charcot acaba de anunciar para 2028 una circunnavegación de aproximadamente 23.000 kilómetros que demandará casi dos meses de navegación continua, con la posibilidad de adquirirla en dos tramos de unas 30 noches cada uno. La iniciativa, que apunta a un segmento muy particular del turismo polar, amplía el abanico de alternativas para quienes sueñan con atravesar las regiones más alejadas del sexto continente.

La diferencia entre una y otra propuesta no se mide únicamente en jornadas a bordo, sino en el tipo de experiencia que cada itinerario puede ofrecer. De acuerdo con Jeremy Clubb, director y referente de Antarctica Cruises, los recorridos clásicos concentran avistajes de fauna y paisajes en un área relativamente acotada de la península, mientras que las travesías extensas permiten cruzar distintos sectores del océano Austral y aproximarse a mares que reciben muy pocos visitantes, como el de Ross, el de Amundsen, el de Bellingshausen y el de Weddell.

¿Qué puede ofrecer una expedición que se aleja de la península?

El itinerario extendido suma atractivos que las salidas cortas difícilmente pueden incluir: la barrera de hielo de Ross, las cabañas históricas de la isla Ross —testimonio vivo de la era heroica de la exploración polar— y sectores de reproducción de pingüinos emperador, una de las especies más codiciadas por fotógrafos y aficionados a la fauna antártica. A esos puntos se agregan grandes extensiones de hielo marino y sitios asociados a expediciones históricas, en un recorrido que replica, a escala contemporánea, la logística de los grandes viajes polares del siglo XX.

El anuncio también tiene un antecedente reciente. En 2025, la naviera Hapag-Lloyd Cruises concretó una semicircunnavegación de 32 días a bordo del Hanseatic inspiration, que partió desde Ushuaia y completó su derrotero en Christchurch, Nueva Zelanda. Aquella travesía demostró que la conexión marítima entre Sudamérica y Oceanía por el sur del continente blanco es técnicamente viable y, sobre todo, comercialmente posible para un grupo selecto de pasajeros dispuestos a invertir varias semanas en alta mar.

¿Quiénes eligen quedarse casi dos meses en el hielo?

Para Clubb, el perfil del pasajero de las expediciones prolongadas resulta tan específico como el producto que contrata. Se trata, en general, de viajeros que ya visitaron la península antártica y buscan una experiencia más profunda, fotógrafos especializados en paisajes polares, observadores de aves y aficionados a las ciencias del continente blanco. Su motivación central no es acumular desembarcos ni sumar destinos en la lista, sino permanecer más tiempo en cada entorno, observar la evolución del hielo a lo largo de los días y seguir el comportamiento de la fauna en condiciones que las salidas cortas no permiten.

¿Por qué estas travesías seguirán siendo una excepción?

El especialista es categórico al señalar que las vueltas completas al continente seguirán siendo hechos excepcionales, fundamentalmente por dos variables: la complejidad logística que implica sostener durante semanas la operación de un buque en aguas remotas y bajo condiciones climáticas extremas, y el costo final que ese tipo de producto termina trasladando al pasajero. En ese escenario, los itinerarios de diez a doce días no solo no pierden terreno, sino que se consolidan como la opción realista para la enorme mayoría de quienes pueden soñar con pisar la Antártida.

¿Qué falta definir para que el turismo polar no quede solo en la oferta premium?

La novedad vuelve a poner sobre la mesa un debate que excede a las navieras. Mientras el segmento alto del mercado suma propuestas cada vez más ambiciosas y costosas, la pregunta abierta es cómo se regulan los impactos ambientales de un turismo que, incluso en sus versiones más extensas, sigue creciendo en un continente protegido por el Tratado Antártico. Falta, en ese sentido, que operadores, organismos científicos y autoridades regulatorias discutan de manera transparente cuántos visitantes puede sostener cada región, qué emisiones acepta el ecosistema y bajo qué estándares ambientales deberían navegar estos barcos para que la fascinación por el continente blanco no se traduzca en una huella irreparable sobre el mismo hielo que los turistas llegan a conocer.

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Ana Laura QuinteroAmbiente y energía

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