Veintiocho años después, las hermanas Owens vuelven a hechizar sin sorprender
La secuela de 'Prácticamente magia' recupera a Sandra Bullock y Nicole Kidman intactas, pero se queda en el camino conservador de la nostalgia: dirección sin vuelo, efectos visuales añejos y secundarios sin vuelo propio. Una entrega que contenta a los fans de siempre y deja con ganas a quien esperaba algo más.

«Somos las hermanas Owens, y esta es nuestra historia». Si alguna vez esa línea inaugural de la película de 1998 les arrancó aunque sea una sonrisa, probablemente ya saben si van a ir al cine este finde a ver la secuela. A mí me pasó de todo con esa frase: me trajo la melancolía de los VHS vistos hasta gastar el cassette, la rareza de descubrir un Hollywood que se animaba a dos protagonistas mujeres adultas en primer plano y, sobre todo, la certeza de que aquella magia era irrepetible. Por eso me senté frente a la pantalla con expectativas moderadas, una mezcla de cariño y descreimiento que, a la salida de la sala, terminó siendo el mejor resumen de lo que se viene.
Una química que sostiene, un libreto que no acompaña
Convengamos en lo primero: Sandra Bullock y Nicole Kidman siguen siendo la columna vertebral del film. Cada vez que comparten cuadro, el aire se llena de esa cosa tan difícil de fabricar que es el tiempo compartido. La crítica especializada lo señala sin dudar: la dupla protagónica es el activo más sólido de la entrega. Bullock compone a Sally con la misma mezcla de fragilidad y coraje cotidiano que la hicieron inolvidable, mientras Kidman le imprime a Gillian un costado más oscuro, casi noir, que le da densidad al personaje. Ahora bien, esa química alcanza para sostener una película entera cuando el resto del elenco y la dirección no la acompañan. Y acá es donde la cosa empieza a flaquear.
La película se apoya demasiado en subrayar emociones que ya estaban dichas. Los diálogos van al overol del sentimentalismo con frecuencia, y muchas escenas funcionan como un recordatorio de lo que sintieron los espectadores en 1998 más que como una exploración nueva. A eso se suma un problema técnico difícil de ignorar: los efectos visuales remitieron a series de televisión de los años noventa. Hay escenas donde las criaturas y los hechizos parecen sacados de un episodio piloto de una cadena por cable de bajo presupuesto, y eso le quita la épica mínima que un relato de brujas en Massachusetts debería tener.
Los personajes nuevos, un terreno desaprovechado
- Maisie Williams queda atrapada en un personaje cuyo conflicto se resuelve antes de desarrollarse, con una actuación correcta pero sin relieve propio.
- Joey King tiene dos o tres momentos interesantes, pero su arco se despacha con prisa y sin la construcción que merecía.
- Lee Pace aparece en un rol desaprovechado, construido más como guiño nostálgico que como aporte real a la trama.
Si me preguntan a mí, el problema de fondo es que la historia nunca termina de decidir qué quiere ser. ¿Una secuela que honra el original y se limita a reencontrarse con los personajes? ¿Una película nueva que asume riesgos? La dirección de Susanne Bier transita un camino intermedio que no convence a ninguno de los dos bandos. El epílogo, además, se extiende varios minutos más allá de donde la trama pedía cerrar, y la crítica lo describe con un adjetivo que me pareció muy justo: prescindible. Cuando una historia sabe cuándo terminar, suele tener la mitad del trabajo hecho.
Veintiocho años, fidelidad y una pregunta abierta
El contexto ayuda a entender la apuesta. Las hermanas Owens nacieron en una época donde el cine fantástico para adultas era una rareza, y la película original se sostuvo por la solidez de sus actrices y por un guion que confiaba en los silencios. Volver casi tres décadas después abría un abanico enorme: ¿qué había pasado con Sally y Gillian en el mientras tanto? ¿Cómo se las arreglaban con el paso del tiempo en un pueblo que las miraba de reojo? ¿Había cambiado su relación con la magia? La secuela opta por el camino conservador y responde solo lo mínimo, con un tono otoñal y nostálgico que la directora no termina de hacer funcionar.
Mi recomendación, si me la permiten, es esta: vayan a verla si son de los que crecieron con la original y necesitan reencontrarse con Sally y Gillian. Lleven a alguien que quieran abrazar en la butaca de al lado. Es un entretenimiento amable, con mensajes positivos directos, una atmósfera de comedia fantástica sin sobresaltos y un par de escenas que justifican la entrada. Pero si esperaban que la magia se reinventara, que el universo se expandiera o que los personajes secundarios tuvieran su propio peso, van a salir con la sensación de que el reloj se detuvo en el mejor momento posible y nunca terminó de avanzar. Como fans de toda la vida, les digo que vale la pena. Como espectadores críticos, les digo que esperen la mesita de luz.
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