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Vínculos que faltan: cómo la soledad y el aislamiento recortan años de vida sin enfermedades

Una investigación con más de 277.000 participantes del Biobanco del Reino Unido encontró diferencias en los años saludables que pueden esperar quienes viven solos o se sienten solos. La brecha más grande fue de 5,8 años y se observó en la salud mental de los hombres. Los hábitos saludables atenuaron los efectos del aislamiento, pero no los de la soledad.

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Carla NazarSociedad · 26 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

En una mañana cualquiera de un pueblo chico del interior de Buenos Aires, Marta, de 54 años, prepara el mate con la misma rutina de siempre y mira por la ventana de su cocina. Sus hijos se fueron a estudiar a la ciudad hace años y su marido trabaja desde temprano. ElWhatsApp queda mudo hasta la noche. "Llevo horas sin cruzar palabra con nadie y no tengo a quién llamar", me dice con una mezcla de naturalidad y algo de cansancio. Esa escena, repetida en miles de hogares argentinos, es la puerta de entrada para entender un dato que cruzó el Atlántico: la soledad y el aislamiento social están asociados con menos años de vida sin enfermedades, y no afectan a todos por igual.

Antes que el dato nacional, una historia conocida

Antes de meternos en los números, vale la pena detenerse en una distinción que parece técnica pero que cambia la lectura del problema. El aislamiento social es la situación objetiva de tener pocos vínculos o de interactuar poco con los demás. La soledad, en cambio, es la sensación subjetiva de que esos vínculos no alcanzan, de que falta una conexión significativa. Una persona puede estar rodeada de gente y sentirse sola, o puede tener pocos contactos y sentirse a gusto con eso. Esa diferencia es la que viajó por encima del océano y permitió que un equipo internacional separara las dos cosas y midiera sus efectos por separado en la salud.

Cuando los investigadores pusieron la lupa sobre los hábitos cotidianos apareció otro hallazgo para tener en cuenta. La alimentación saludable, la actividad física, dormir bien y no fumar atenuaron la pérdida de años sin enfermedades asociada al aislamiento social. Sin embargo, esos mismos hábitos no lograron reducir de manera significativa los riesgos ligados a la soledad. En otras palabras, cuidarse el cuerpo ayuda a amortiguar la falta de vínculos, pero no borra el peso de sentirse solo.

Los números que dejó el estudio

La investigación siguió a más de 277.000 participantes del Biobanco del Reino Unido, con edades entre los 40 y los 69 años al momento del ingreso. Ninguno tenía, al comenzar, las siete condiciones que se tomaron en cuenta: diabetes, enfermedades cardíacas, problemas pulmonares, demencia, cáncer, depresión y ansiedad. Para estimar cuántos años podían esperar vivir libres de esas enfermedades, el equipo tomó los 50 años como referencia.

  • Mujeres con soledad y aislamiento social: 2,4 años menos de vida sin problemas físicos.
  • Hombres en la misma situación: 1,7 años menos de vida sin problemas físicos.
  • Mujeres: 3,7 años menos de vida sin trastornos de salud mental.
  • Hombres: 5,8 años menos de vida sin trastornos de salud mental, la brecha más amplia del estudio.

Los resultados fueron difundidos por la Universidad de Tulane en un comunicado del 22 de septiembre de 2026. Lu Qi, investigador principal del trabajo, destacó que los hallazgos atraviesan tanto la salud física como la mental, y remarco que las cifras se refieren a años libres de las enfermedades estudiadas, no a años de vida directamente perdidos. En diálogo con la prensa especializada, Qi, basado en Nueva Orleans, pidió mirar los dos fenómenos por separado porque demandan respuestas distintas: una cosa es ampliar la red de contactos y otra, más profunda, es atender el malestar de sentirse solo.

Volvemos a Marta, que es un poco todas

Vuelvo a Marta para cerrar esta nota, porque su historia ayuda a poner los números en un lugar conocido. Ella no está aislada en el sentido estricto: habla con sus vecinos, saluda en el kiosco, tiene un grupo de amigas del colegio con las que cruza mensajes. Lo que le falta, me cuenta mientras ordena la cocina, es alguien con quien compartir lo que le pasa de verdad. "No es que no tenga a nadie, es que siento que no tengo con quien hablar de lo que me importa", resume. Esa frase, que parece menor, es exactamente la zona donde los hábitos saludables no alcanzan y donde la soledad empieza a recortar años de vida saludable, sobre todo en los hombres, donde el estudio registró la brecha más grande.

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Carla NazarSociedad

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