Domingo, 27 de septiembre de 2026
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Wanda Nara se anima al cine con una comedia de enredos, mentiras piadosas y vecinos encantadores

Acompañada por Agustín Bernasconi y bajo la dirección de Hernán Guerschuny, la mediática se pone por primera vez frente a una cámara de cine grande en ¿Querés ser mi hijo?, una historia rodada en Montevideo que llega a las salas argentinas el 22 de octubre y que reimagina, con humor bien rioplatense, una comedia mexicana que ya probó ser eficaz en su país de origen.

JK
Julia KaplanCultura y espectáculos · 26 DE SEPT DE 2026 · 5 min de lectura

Lo advierto de entrada porque me parece la mejor manera de entrar en esta nota: yo, que vengo mirando comedias románticas desde que tengo uso de razón cinematográfica, pocas veces vi un punto de partida tan jugoso como el de ¿Querés ser mi hijo?, la película que el próximo 22 de octubre llegará a las salas argentinas con un debut que, a priori, suena inesperado: el de Wanda Nara como protagonista absoluta de un filme pensado para la pantalla grande.

La cita que abre la película ya merece ser destacada porque condensa todo el mecanismo cómico que sostiene al relato: una mentira a tiempo durante una entrevista de trabajo. De esa pequeña deshonestidad, aparentemente inofensiva, se desprende todo lo demás, y ahí, en ese terreno movedizo entre lo que decimos para sobrevivir y lo que terminamos siendo, es donde la propuesta se hace carne y encuentra su pulso.

Una protagonista que vuelve a empezar

Wanda Nara interpreta a Lucía, una mujer de 42 años que, después de quince años de relación, descubre una infidelidad. La ruptura la deja sin pareja y sin empleo, y la obliga a volver al departamento donde vivía cuando era soltera, ese refugio algo melancólico al que uno vuelve cuando siente que el mundo conocido se le desordenó de un día para el otro.

Es ahí, en ese edificio que ya no es del todo su casa pero donde todavía conserva alguna marca de su pasado, donde aparece Javier, su vecino de 22 años, interpretado por Agustín Bernasconi. El personaje tiene una rutina marcada por las fiestas y por esa energía desordenada de quien todavía cree que la vida se vive a toda velocidad, y el contraste generacional con Lucía, que ya conoce los golpes del mundo adulto, es parte del combustible cómico de la historia.

La mentira como motor del romance

El nudo argumental es tan sencillo como eficaz, y por eso funciona: Lucía postula a un puesto de trabajo que la seduce, y en la entrevista asegura que tiene un hijo de 22 años. Como suele ocurrir en la buena comedia de enredos, lo que empieza como un arrebato verbal se convierte rápidamente en un problema práctico: la empresa organiza una jornada familiar y ella necesita a alguien que se haga pasar por ese hijo imaginario.

La solución cae por su propio peso y arrastra todo lo demás: le pide a Javier que la acompañe y represente ese papel. A partir de ese acuerdo, entre la incomodidad de la mentira sostenida y la complicidad que cualquier farsa compartida genera, la relación entre los dos personajes empieza a correrse de la mera vecindad y se desliza, casi sin querer, hacia un romance con una diferencia de edad de veinte años.

Detrás de cámara aparece un nombre fuerte del cine de comedia argentino: Hernán Guerschuny, responsable de esta nueva versión de una comedia mexicana homónima, lo que ya nos dice que el punto de partida no es original sino una adaptación, algo bastante habitual cuando una fórmula probada se cruza con un mercado particular y se la reescribe con otros tonos, otros actores y otras referencias culturales.

El rodaje se hizo en Montevideo, Uruguay, durante tres semanas, y terminó a comienzos de mayo, un detalle que me parece relevante porque habla de una producción relativamente ajustada en sus tiempos, casi artesanal, que apostó más por el trabajo con los actores y por los escenarios urbanos bien aprovechados que por los despliegues espectaculares. Jean Pierre Noher y Charo López también forman parte del elenco, lo que suma oficio y le da a Nara dos partenaires con los que medirse escena a escena.

“Aumenté 10 kilos para interpretar a Lucía. Me preparé mucho.”Wanda Nara, en la promoción de la película en Instagram

Esa frase, que la propia Nara compartió en su cuenta de Instagram mientras respondía consultas de sus seguidores, es la que más me hizo prestar atención de todo el material de promoción, porque señala algo que no siempre se comenta cuando se anuncia un debut cinematográfico: el cuerpo también se modifica para contar un personaje, y no es un dato menor tratándose de alguien que vive permanentemente bajo la lupa pública.

Cuando le preguntaron por qué el papel había requerido ese cambio físico, su respuesta fue tan enigmática como elocuente: "Tenés que verla". Esa apelación directa a la experiencia de la sala, al visionado completo, funciona casi como una invitación a confiar en que la transformación tiene un sentido dramático que recién se entiende cuando la película termina de desplegarse.

“Pero lo que más me cautivó es el grupo humano que integra este proyecto.”Wanda Nara, sobre sus compañeros de elenco

Esa segunda declaración, también difundida en la red social, muestra a una Nara que no se limita a hablar de sí misma sino que rescata a sus compañeros, y eso, en una producción donde ella es la cara nueva del cine, dice bastante de cómo se paró frente al elenco y al equipo: no como una invitada de paso sino como alguien dispuesta a integrarse al trabajo colectivo.

Mi recomendación, a esta altura

Les voy a ser sincera: yo todavía no vi la película, así que cualquier juicio artístico profundo sería irresponsable de mi parte, pero sí les puedo decir que el material me deja con curiosidad genuina. El tema de la diferencia de edad ya se trabajó muchas veces en el cine, sí, pero acá está puesto al servicio de una comedia de enredos que se propone sacar partido del choque entre dos mundos muy distintos, y eso, ejecutado con oficio, puede dar escenas muy divertidas.

Mi recomendación, entonces, es simple y llana: anoten la fecha del 22 de octubre, miren el tráiler que ya está dando vueltas, lean los créditos que la rodean y, si les atrae el tipo de humor que se construye a partir de mentiras piadosas y situaciones límites, dense el gusto de ir al cine a ver cómo le sale el debut. A veces, en una sala oscura, uno se topa con sorpresas que la espuma mediática no había alcanzado a mostrar.

JK
Julia KaplanCultura y espectáculos

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