A los 85, con la valija siempre lista: la amistad que las llevó a recorrer medio mundo juntas
Sandra Hazelip y Eleanor Hamby, vecinas en Texas, llevan casi 50 países visitadas como dupla. Tras enviudar, transformaron los viajes en un proyecto de vida y ya piensan en la próxima etapa por Asia.

Me las imagino en una cocina de Texas, una de esas casas amplias con porche y limonero, planeando la próxima escala con la misma seriedad con la que una médica y una fotógrafa repasan una historia clínica. Sandra Hazelip y Eleanor Hamby tienen 85 años, viven a unos 96 kilómetros de distancia, y mantienen sobre la mesa un mapamundi lleno de marcas: casi 50 países recorridos juntas a lo largo de una década, un proyecto que empezó con una misión humanitaria en Zambia y que hoy es, según dicen ellas mismas, una de las razones por las que se levantan cada mañana con ganas.
Yo las conocí por un cable que llegó a la redacción y me detuve porque la historia tiene algo que me interpela de manera personal: habla de lo que se puede hacer cuando los hijos ya crecieron, cuando la casa se queda grande y cuando, en lugar de achicarse, una decide abrirse al mundo. Las dos son viudas, madres, abuelas y bisabuelas. Sandra se dedica a la medicina; Eleanor, a la fotografía documental. Se cruzaron en una misión solidaria en Zambia y, con el tiempo, los viajes se transformaron en una actividad compartida. A los 81 años se animaron a una vuelta al mundo inspirada en la novela de Julio Verne, y antes ya habían surcado el Transiberiano.
Familia, dudas y valija lista
Eleanor, que a lo largo de su vida pasó por alrededor de 130 países, suele contar que el motor de cada aventura es muy sencillo: las familias las acompañan. "Nuestras familias nos apoyaron mucho en nuestros viajes", señalan cada vez que les preguntan por el secreto de tanta constancia. Reconocen, eso sí, que no todas las decisiones caen bien en casa. Algunas hijas, nietos o bisnietos se preocupan, miran el itinerario con el ceño fruncido y preguntan si no será demasiado para su edad. Ellas entienden la postura: viene del amor. Pero siguen adelante, porque hacerlas esperar es algo que ninguna de las dos está dispuesta a aceptar.
“Quizás avancemos más despacio, pero no queremos que un número decida lo que podemos o no podemos hacer.”Sandra y Eleanor
El ritmo, aclaran, es otro. Suben escaleras, navegan, practican snorkel y se suman a excursiones, sí, pero se dan sus pausas. No quieren que la voracidad las supere. Han llorado frente a las pirámides de Egipto, se han quedado con la boca abierta sobre la Gran Barrera de Coral australiana, volaron sobre el Everest, temblaron con la aurora boreal en Finlandia, caminaron la isla de Pascua, remontaron el Amazonas y se quedaron dormidas con el rugido de las cataratas Victoria. Si les preguntan por el mejor recuerdo, sin embargo, la respuesta suele esquivar al monumento: aparece la gente, la conversación en una plaza, una cena compartida con desconocidos que después dejan de serlo.
Pasada por la Argentina y próxima parada: Asia
En 2023 eligieron la Argentina como destino y se llevaron mucho más que fotos. Recorrieron las Cataratas del Iguazú, se entregaron al tango, participaron de actividades rurales en el interior y se tomaron un tiempo en el Cementerio de Recoleta, ese paseo que parece una ciudad en miniatura. A la vuelta siguen hablando del viaje como quien habla de un pariente querido. Ahora, mientras terminan de acomodar las valijas, planean una nueva etapa por Asia: Bután, Brunéi, Laos, Timor Oriental y Filipinas esperan en la lista. También quieren conocer Chichén Itzá, en México, y ya empiezan a discutir si conviene ir por tierra o volar. Las sigo pensando juntas, delante del mapamundi, marcándolo con paciencia. La vida, parece decirme esta historia desde Texas, no se jubila a los 85; a veces, recién empieza.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo



