Antártida desde Ushuaia: la logística detrás de cada desembarco en el fin del mundo
La temporada alta ya está en marcha y las empresas que operan cruceros hacia el continente blanco explican cómo se planifican las salidas, qué pasa cuando el clima cambia los planes y qué detalles prácticos conviene resolver antes de embarcar.

Cada verano austral, entre noviembre y marzo, parte desde Ushuaia una flota de buques que cruza el Pasaje de Drake con destino a la Península Antártica. Las embarcaciones suelen tener capacidad para entre 80 y 200 pasajeros y, en la mayoría de los casos, ofrecen entre cuatro y cinco desembarcos a lo largo del itinerario, según la empresa operadora. El caso del buque Ushuaia, con capacidad para 90 pasajeros distribuidos en 46 cabinas y suites, ilustra la escala relativamente reducida de una parte de la oferta antártica que prioriza los avistajes de fauna y los recorridos por tierra frente al volumen de cruceristas.
Teo Gounaris, CEO de Antarpply Expeditions, dialogó con este medio sobre los aspectos prácticos que rodean a cada salida. Una de sus primeras recomendaciones apunta a la ventana de llegada: sugiere estar en Ushuaia uno o dos días antes del embarque, porque una demora en el vuelo puede dejar al pasajero sin posibilidad de abordar. Esa advertencia parece menor en un país con buena conectividad aérea, pero adquiere otro peso cuando se recuerda que la frecuencia de vuelos hacia el sur argentino está condicionada por la estacionalidad y por la meteorología, dos factores que en invierno pueden interrumpir operaciones durante días.
¿Qué exige el viaje en términos físicos y de equipamiento?
Gounaris fue claro al respecto: no se necesita experiencia como explorador o montañista, pero sí movilidad suficiente para entrar y salir de los botes neumáticos Zodiac y para desplazarse sobre superficies irregulares como rocas mojadas, hielo o pendientes suaves. La vestimenta, añadió, se resuelve con el sistema de capas clásico de la ropa técnica: prendas interiores que evacuen la transpiración, capas intermedias que aíslen del frío y un rompevientos impermeable por encima. A eso se suma la consulta previa con cada operador sobre qué elementos, ya que la mayoría incluye botas de goma, parkas y determinadas piezas del equipo de seguridad.
- Llegar a Ushuaia uno o dos días antes del embarque para evitar perder el barco por una demora aérea.
- Contratar un seguro de viaje que contemple evacuación médica desde la Antártida o desde el Pasaje de Drake.
- Confirmar con el operador qué indumentaria y equipos se incluyen y cuáles debe llevar el pasajero.
- Evaluar la cabina: las inferiores y centrales sienten menos el oleaje, las superiores ofrecen mejores vistas pero más movimiento.
¿Qué pasa una vez que el barco se hace al mar?
La navegación comienza en el Canal Beagle y continúa hacia el Pasaje de Drake, la franja de agua de unos 800 kilómetros que separa Sudamérica de la Península Antártica. El estado del mar varía entre travesías y puede pasar de una calma inusual a un oleaje capaz de interrumpir las actividades a bordo. Durante ese tramo, el equipo de expedición brinda charlas sobre los paisajes, los animales, la historia del continente y las pautas ambientales que regirán las visitas, un punto clave considerando que la Antártida se rige por el Tratado Antártico y por protocolos específicos para minimizar el impacto humano sobre los ecosistemas.
Una vez en destino, Antarpply procura organizar hasta dos salidas por día, de unas tres horas cada una, siempre que el clima y el hielo lo permitan. Los Zodiac, esas embarcaciones inflables de casco rígido que pueden acercarse a la costa sin perturbar el fondo marino ni a los animales, permiten realizar desembarcos y recorrer sectores costeros a los que el buque no puede acceder. Las actividades suelen incluir caminatas cortas, observación de témpanos, glaciares y fauna, y, en algunos casos, navegación entre islas. La advertencia es reiterada por los operadores: el recorrido previsto puede modificarse por el viento, el oleaje o la presencia de hielo, y las decisiones finales corresponden al capitán del buque, no a la empresa turística.
¿Qué se puede ver y qué reglas no se negocian?
Durante el verano austral es posible observar pingüinos de varias especies, focas, aves marinas y cetáceos, aunque los avistamientos no están garantizados y dependen del área visitada y de las condiciones del momento. Está prohibido tocar o alimentar a los animales, y deben respetarse distancias mínimas y protocolos de bioseguridad que buscan evitar el ingreso de especies no autóctonas al continente. Esas reglas, que forman parte de los compromisos asumidos por la Argentina y los demás países signatarios del Tratado Antártico, no son optativas: su incumplimiento puede derivar en sanciones y en la cancelación de permisos de operación.
“El movimiento del barco se siente menos en los sectores bajos y cercanos al centro del buque; en las cabinas superiores, las vistas son diferentes, pero las oscilaciones pueden percibirse más.”Teo Gounaris, CEO de Antarpply Expeditions
La elección del camarote aparece entonces como una decisión con consecuencias concretas. Gounaris explicó que las cabinas inferiores y centrales tienden a amortiguar mejor el oleaje, mientras que las superiores ofrecen mejores vistas panorámicas a costa de una sensación de movimiento más marcada. Para pasajeros sensibles al mareo, la recomendación suele ser cabina interior o con ventana,ubicada en una cubierta baja y lejos de la popa, donde el impacto de las olas se percibe con mayor intensidad.
El buque Ushuaia dispone además de comedor, biblioteca, salón de observación y sala de conferencias, un equipamiento estándar en este tipo de navegaciones donde las jornadas pueden extenderse sin desembarcos cuando el clima no acompaña. Esa infraestructura, sumada a la presencia permanente de guías de expedición, naturalistas y biólogos, es la que permite que la experiencia antártica no se reduzca a la contemplación pasiva del paisaje, sino que incluya instancias de interpretación científica del territorio visitado.
¿Qué falta para que la actividad sea más segura y transparente?
El crecimiento del turismo antártico en las últimas dos décadas puso en discusión la capacidad de carga del continente. La IAATO, la Asociación Internacional de Operadores Turísticos de la Antártida, fija topes voluntarios de desembarco por sitio y coordina la actividad de los operadores privados, pero no tiene potestad regulatoria directa. Lo que falta, en buena medida, es que los países signatarios del Tratado Antártico actualicen los marcos de protección ambiental y que las empresas publiquen datos comparables sobre emisiones de gases de efecto invernadero, gestión de residuos y huella sobre los ecosistemas visitados. También falta, según especialistas consultados en otras oportunidades, que los pasajeros conozcan con mayor detalle el impacto que genera cada travesía antes de elegir un operador, ya que no todas las embarcaciones usan el mismo tipo de combustible ni aplican los mismos estándares de tratamiento de aguas servidas y residuos sólidos. Informarse, comparar y exigir transparencia es, por ahora, la principal herramienta con la que cuenta quien decide embarcarse hacia el fin del mundo.
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