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Martes, 20 de octubre de 2026
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El Batman que Affleck soñó y nunca llegó a filmarse: la trama que Manganiello rescató del olvido

En sus memorias «Bloodlines: A Memoir», el actor que iba a interpretar a Deathstroke revela el plan que el director tenía para una película que mezclaba a Fincher, videojuego y tragedia familiar en Gotham.

JK
Julia KaplanCultura y espectáculos · · 4 min de lectura
El Batman que Affleck soñó y nunca llegó a filmarse: la trama que Manganiello rescató del olvido

«Una cacería en Gotham con olor a Fincher y ritmo de videojuego». Lo que nunca llegó a filmarse.

Les confieso algo de entrada: cuando terminé de leer las memorias de Joe Manganiello me quedó una sensación rara, de esas que produce una película que uno imagina mientras lee, pero que sabe que nunca va a poder ver proyectada en una sala. El actor, que estaba listo para ponerse en la piel de Slade Wilson, el temible Deathstroke, destapa en «Bloodlines: A Memoir» la arquitectura completa de la película de Batman que Ben Affleck llevaba años masticando dentro del antiguo universo extendido de DC, con él mismo como director, guionista y protagonista. Y lo que se advierte, conforme pasan las páginas, es que no se trataba de un capricho de superstar: era un guion pensado hasta en su último plano, con claras intenciones cinematográficas, una estética definida y un villano a la altura del murciélago.

Una pesadilla firmada por Fincher y jugada en la Baticueva

Manganiello cuenta que Affleck imaginaba su película como una suerte de versión superheroica de «The Game», el thriller que David Fincher filmó en 1997 con Michael Douglas como protagonista. La comparación no es caprichosa: en ambas historias hay un hombre poderoso al que alguien empuja hasta el borde, un perseguidor obsesivo y una escalada de violencia que se vuelve claustrofóbica. En este caso, Deathstroke estaba convencido de que Batman había matado a su hijo, y esa certeza lo convertía en un cazador que no conoce límites.

El recorrido de esa cacería estaba minuciosamente calculado. Llevaba al mercenario a irrumpir en la mismísima Baticueva, a secuestrar al siempre paciente Alfred Pennyworth, y a ejecutar al frente de la policía de Gotham al comisionado Jim Gordon. Piensen en el impacto emocional que esto último tendría para cualquier fan de los cómics: Gordon, el aliado más fiel del Caballero Oscuro, cayendo a manos del villano en la propia casa del héroe. Es una decisión narrativa durísima, de las que suelen tomarse cuando un director está dispuesto a jugarse entero por un tono adulto, y por eso mismo revela la clase de película que Affleck tenía en la cabeza.

Batgirl, un tren elevado y el guiño a Arkham Origins

Manganiello también rescata del olvido el segundo gran hallazgo del guion: la aparición de una nueva Batgirl que se unía a Batman para plantar cara a Deathstroke. La dupla, según el propio actor, terminaba la pelea al borde de la muerte, y escapaba en un tren elevado. Es un detalle que a mí, personalmente, me hace ruido por donde se lo mire, porque condensa varias cosas que el público suele disfrutar en el género: la confraternidad de los héroes, el peligro extremo y un toque urbano muy Gotham.

  • Villano: Slade Wilson / Deathstroke, en su papel más vengativo.
  • Motor de la trama: la supuesta muerte de su hijo en manos de Batman.
  • Secuestro clave: Alfred Pennyworth, tomado como rehén en la Baticueva.
  • Víctima emblemática: el comisionado Jim Gordon, asesinado durante la cacería.
  • Aliada inesperada: una nueva Batgirl que pelea junto al Caballero Oscuro.
  • Clímax: un duelo mano a mano por las calles de Gotham, filmado como si fuera la cinemática de un videojuego.
  • Referencia estética: la escena de apertura de Batman: Arkham Origins (2013), dirigida por Tim Miller.

El cierre del filme, según cuenta Manganiello, fue conversado de manera directa entre él y Affleck, y tenía una inspiración muy precisa: la cinemática de Batman: Arkham Origins, el videojuego de 2013 cuya secuencia inicial estuvo a cargo de Tim Miller, luego conocido por su trabajo en «Deadpool». Imaginemos por un segundo ese tipo de coreografía sobre las calles de Gotham: lentas, cortadas por ráfagas, con la cámara siguiendo a dos contendientes igualmente armados y físicamente devastadores. Es una promesa visual que, de haberse cumplido, hubiera cambiado la conversación sobre las películas de Batman de esta década.

El proyecto, claro está, nunca se rodó. Las idas y vueltas del universo cinematográfico de DC, los cambios de estrategia en Warner Bros. y la propia decisión de Affleck de tomar distancia terminaron por redirigir al personaje hacia otros rumbos. En 2022 llegó a los cines «The Batman» con Robert Pattinson y Matt Reeves, una mirada más detectivesca y noir del héroe. Y mientras se cocina el futuro del caballero bajo el paraguas de James Gunn y Peter Safran en DC Studios, con títulos como «The Brave and the Bold» y la esperada secuela «The Batman Part II», lo que nos queda de aquel plan frustrado es este retrato minucioso que Manganiello tuvo el acierto de volcar en un libro.

“Lo que se advierte, leyendo sus memorias, es que Affleck no tenía un capricho de superstar: tenía un guion pensado hasta en su último plano.”Julia Kaplan

Me animo a recomendarles la búsqueda de «Bloodlines: A Memoir» a todos los lectores que, como yo, alguna vez se quedaron imaginando qué hubiera pasado si ese Batman oscuro, vengativo y casi fincheriano hubiera visto la luz. No es sólo un libro de memorias de un actor de Hollywood: es el acta de defunción de una película que podría haber sido una de las grandes del género, y la confesión íntima de un director que alguna vez soñó con filmarla.

JK
Julia KaplanCultura y espectáculos

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