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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Jim Henson, el hombre que se negó a dejar morir al niño que llevaba adentro

A tres décadas y media de su muerte, el creador de los Muppets sigue siendo una referencia ineludible para entender de dónde vienen muchas de las ficciones que todavía miramos en familia. Repasamos su método, su filosofía y por qué su forma de hacer humor absurdo con ternura sigue resultando extrañamente actual.

JK
Julia KaplanCultura y espectáculos · · 5 min de lectura
Jim Henson, el hombre que se negó a dejar morir al niño que llevaba adentro

A mí, cada vez que alguien me habla de los Muppets, me vuelve a la cabeza esa frase que Jim Henson repitió hasta el hartazgo: "La gente más sofisticada que conozco son todos niños por dentro". No era un eslogan marketinero ni una ocurrencia para una nota de color: era, en buena medida, la declaración de principios que organizó toda su carrera, desde aquel debut como titiritero a los 17 años en un programa que duró exactamente tres semanas en pantalla hasta las producciones monumentales que dejaron marca en varias generaciones, entre ellas "Barrio Sésamo", "Fraggle Rock" y, por supuesto, la saga de los Muppets. Y cuando uno se pone a revisar en serio su recorrido, lo que aparece es mucho más interesante que el souvenir nostálgico: aparece un método, una ética del humor y una idea muy concreta sobre para qué sirve reírse.

Henson empezó en el oficio como empezaban los titiriteros en la Estados Unidos de fines de los cincuenta: haciendo pruebas, equivocándose y, sobre todo, observando. El programa infantil que lo llevó por primera vez a la televisión fue un fracaso tan rápido que casi no dejó registro, pero ese traspié le dejó algo más valioso que un rating: le confirmó que el camino iba a ser otro. Junto a Jane Nebel, su futura esposa, construyó "Sam and Friends", un ciclo con apariencia modesta que en realidad funcionaba como laboratorio. Ahí se fueron cristalizando dos de sus hallazgos centrales: que un personaje se vuelve querible cuando le encontrás un rasgo claro para exagerar, y que el humor absurdo, bien dosificado, es una manera legítima de hablar de la vida sin caer en el panfleto.

Un método que todavía se puede leer

Lo que a mí me sigue fascinando del caso Henson es que su forma de trabajar nunca fue caprichosa ni decorativa. Tenía reglas, aunque las presentara como ocurrencias. Una de las que más circuló decía: "Los personajes más interesantes que he creado tienen una fijación o un rasgo que podés exagerar. En lo que exagerás, se vuelve divertido y la gente ve ese rasgo en sí mismos". Piensen en la rana Gustavo, en el oso Fozzie, en la Cerdita Peggy, en el chef sueco: cada uno tenía un núcleo obsesivo, una manía, una torpeza repetida hasta el infinito, y era justamente esa insistencia la que abría la puerta a la identificación. No era la risa lo que Henson perseguía como fin último; era la risa como herramienta para poner las cosas en perspectiva, y la perspectiva como insumo para emocionarse en serio.

“Absurdo es tomar lo que es realmente la vida y llevarlo a una abstracción que la gente reconozca.”Jim Henson

Esa forma de entender lo absurdo me parece clave para desarmar un mito muy frecuente: el de que los Muppets eran "cosas para chicos". Eran, en todo caso, ficciones que les hablaban a los chicos y a los adultos al mismo tiempo, pero sin condescender hacia ninguno de los dos. Henson lo dijo con una frase que vale la pena tener a mano: "Absurdo es tomar lo que es realmente la vida y llevarlo a una abstracción que la gente reconozca". Lo que él proponía, en el fondo, era una operación muy seria: filtrar lo cotidiano por el delirio para que se viera con más claridad, no con menos.

  • Empezó como titiritero a los 17 años en un programa infantil que fue levantado a las tres semanas.
  • Junto a Jane Nebel creó "Sam and Friends", donde empezó a delinear el lenguaje que después explotaría en los Muppets.
  • Fue una pieza clave de "Barrio Sésamo" y creador de "Fraggle Rock", dos títulos que redefinieron la televisión infantil y familiar.
  • Su principio central era no dejar morir al niño interior: "La gente más sofisticada que conozco son todos niños por dentro", sostuvo en más de una oportunidad.
  • Murió en mayo de 1990, a los 53 años, como consecuencia de un choque tóxico originado por una infección bacteriana.

El dato biográfico más crudo de la lista ayuda a dimensionar lo que se perdió: Henson falleció en plena actividad, con proyectos en marcha y con un universo en expansión, y la noticia golpeó porque todavía no había señales de agotamiento creativo. Después vino el proceso largo por el cual Disney terminó incorporando a su catálogo buena parte de ese legado, y lo que en los noventa fue entendido como una operación empresaria hoy se lee como lo que efectivamente fue: el reconocimiento póstumo de que aquel método, aquel tono, seguía siendo redituable y querido.

Una pregunta que sigue abierta

Yo creo que la pregunta que su trayectoria deja flotando no es menor y me parece justo ponerla sobre la mesa: hasta qué punto la combinación de humor absurdo y ternura que Henson construyó sigue siendo viable en la televisión actual, o si directamente el formato ya no tiene un equivalente contemporáneo. Hay señales para los dos lados. Del lado del "sí": cada vez que aparece una producción animada o con marionetas que confía en el gag extraño, en el personaje con una manía reconocible y en el guiño que pueden leer tanto un nene de seis años como su padre, ahí está, de alguna manera, la sombra de Henson. Del lado del "no": la televisión para chicos se volvió más calibrada, más segmentada por edad, más pendiente de métricas y de tiempos de exposición, y ese ecosistema tiene cada vez menos paciencia para el delirio blando, paciente, ligeramente incómodo, que era la marca registrada del titiritero de Misisipi. No tengo respuesta cerrada, y me parece bien no tenerla: la pregunta es parte del encanto del legado.

Si todavía no se acercaron a su obra más allá de los recuerdos de la infancia, yo les recomendaría empezar por "Fraggle Rock", que para mí es la prueba más limpia de su filosofía funcionando sin las atenuantes del estrellato de los Muppets, y después volver a ver "Barrio Sésamo" con ojos de adulto. Verán que el método sigue ahí, intacto, esperando a ser redescubierto.

JK
Julia KaplanCultura y espectáculos

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