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Esteban tiene 41 años, nació con sordera profunda en Neuquén y acaba de recibirse de abogado: la Legislatura lo reconoció como un caso único en la Patagonia

Acompañado por un fonoaudiólogo durante casi veinte años, aprendió a hablar palabra por palabra, se recibió con calificación sobresaliente en la Universidad Siglo 21 y se convirtió en el primer profesional con hipoacusia en obtener ese título en la región. Su historia es también un mapa de las barreras que todavía quedan por derribar.

CN
Carla NazarSociedad · · 3 min de lectura
Esteban tiene 41 años, nació con sordera profunda en Neuquén y acaba de recibirse de abogado: la Legislatura lo reconoció como un caso único en la Patagonia

Esteban Fontana camina por los pasillos de la Legislatura de Neuquén con una sonrisa que le cuesta esconder. Tiene 41 años, nació con sordera profunda y hace apenas unos días se convirtió en el primer abogado hipoacúsico de toda la Patagonia. Los diputados lo declararon de interés legislativo y lo aplaudieron de pie. Pero a mí, lo que más me interpela de esta historia, es todo lo que hubo que recorrer para llegar hasta esa butaca.

El diagnóstico llegó cuando Esteban era apenas un bebé. No había antecedentes de discapacidad auditiva en la familia y sus padres, según contó él mismo, tuvieron que empezar desde cero a buscar un camino que no estaba marcado en ningún mapa. Lo que apareció fue un fonoaudiólogo que se convirtió en su compañero de ruta durante casi veinte años. Con ese acompañamiento, palabra por palabra, Esteban fue aprendiendo a leer, a modular, a hablar y a leer los labios, una habilidad que después se volvió central para moverse en un mundo pensado, casi siempre, para oídos que escuchan.

Una infancia atravesada por la violencia y una hermana que lo frenó a tiempo

La infancia no fue fácil. Desde los cinco años, Esteban recuerda burlas, empujones, golpes y un aislamiento que se repetía en distintos ámbitos. "Gracias a ese esfuerzo, aprendí a leer, a modular, a hablar, a construir palabra por palabra un puente hacia el mundo", me resumió al reconstruir lo que le tocó vivir.

“Esperá, porque en el futuro te esperan cosas muy lindas.”Noelia, hermana de Esteban, en Neuquén

A los ocho años, el cuadro se volvió insostenible. Ahí apareció Noelia, su hermana, y le dijo esa frase que él todavía se repite como un ancla. "Me prometí que no importara cuánto sufriera, iba a superar las barreras y demostrar que podía ser alguien valioso", remarca Fontana cada vez que cuenta el momento en que decidió plantarse y seguir.

La escuela, la facultad y una tesis defendida con profesores que hablaban despacio

La primaria la cursó en una escuela del barrio Copol y la secundaria la completó en dos instituciones distintas. Cada cambio de aula fue, en la práctica, volver a aprender a comunicarse. En la Universidad Siglo 21, donde eligió Derecho, el patrón se repitió: muchas veces no podía seguir el ritmo de los docentes y tuvo que apoyarse en el estudio autodidacta y en la buena voluntad de los compañeros para cubrir lo que el aula no le daba.

Cursó seis años. Cuando llegó el momento de defender la tesis, que giró en torno a la maternidad en el servicio penitenciario, les pidió a los profesores algo tan simple como determinante: que hablaran despacio. La calificación que obtuvo fue sobresaliente. Ahí, en esa mesa, se transformó en el primer abogado con hipoacusia de la región.

El reconocimiento político y lo que todavía falta

  • La Legislatura de Neuquén declaró de interés legislativo el logro académico de Esteban Fontana y lo reconoció como el primer profesional con hipoacusia en obtener el título de abogado en la Patagonia.
  • En los fundamentos del reconocimiento, se planteó que el mérito académico de una persona con discapacidad no debería depender de su capacidad para compensar por sí misma las barreras institucionales.
  • El cuerpo legislativo insistió en la necesidad de avanzar en políticas que eliminen los obstáculos de acceso, permanencia y egreso en el sistema educativo y universitario para personas con discapacidad auditiva.

Mientras los diputados leían los fundamentos, Esteban volvía a la memoria de los empujones en el patio de la escuela, a la voz de Noelia pidiéndole que esperara, a las dos décadas de consultas con el fonoaudiólogo que le enseñaron a decir su nombre. Hoy, cada vez que se pone el traje para ir a Tribunales en Neuquén, repite el mismo gesto íntimo: un guiño silencioso a la promesa que se hizo a los ocho años. Y cada vez que firma un escrito como abogado, vuelve a comprobar que, cuando alguien del otro lado está dispuesto a hablar despacio, el mundo todavía puede escucharlo.

CN
Carla NazarSociedad

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