Fito Páez, el piano y la obsesión por aprender a dirigir una orquesta: una noche para volver a empezar
El rosarino pasó por Otro día perdido, tocó sus clásicos al piano, habló de Charly García y se abrió con Pergolini sobre un proyecto que lo desvela: pararse frente a una orquesta y conducirla como quien conduce una canción.

“Me apasiona la máquina orquestal y cómo funciona.”Fito Páez, en Otro día perdido
Hay noches de televisión en las que uno, espectador de toda la vida, reconoce que está viendo algo más que una nota de color en la grilla: una pequeña fotografía del estado de ánimo de un artista. La visita de Fito Páez al programa que conduce Mario Pergolini fue una de esas noches, de esas que a mí, que sigo su carrera desde que El amor después del amor me cambió la manera de entender la canción argentina, me dejaron con la sensación de estar frente a un músico que, a fuerza de décadas, sigue hablándose en presente. Y lo hace con una honestidad que, a los 40, 50 o 60 años, cuando uno ya acumuló unas cuantas escuchas propias, se agradece como se agradece un café compartido en una cocina amiga.
Un piano, un clásico y una declaración de intenciones
Fito se sentó frente al piano y arrancó con Al lado del camino, uno de esos temas que ya forman parte del cancionero popular y que, ejecutado en formato íntimo, recupera la melodía como si fuera la primera vez. Pero lo más interesante no fue el arranque musical sino lo que vino después: la confesión de que quiere aprender a dirigir una orquesta. No a componer para orquesta, no a arreglarse con directores convidados, sino a pararse él frente al ensemble y entender, desde adentro, cómo se respira una máquina que a él, sus propias palabras, lo apasionan. Quienes seguimos su trayectoria sabemos que esta declaración no es un capricho de rockero curioso: es la continuidad lógica de un artista que lleva años cruzando géneros, del rock al tango, del sinfónico al electrónico, y que siente que todavía le falta ese eslabón.
Charly, la melena y las lecciones de escenario
Pergolini le preguntó por algo que quedó en la memoria de varios de mi generación: por qué, en aquella gira compartida con Charly García, Fito tocaba de espaldas al público. El rosarino arrancó con una salida que nos hizo reír a todos: Hay que preguntarle a Charly. Y después, ya en serio, contó que el propio García nunca explicó demasiado aquella decisión escénica, pero que él la lee como parte de una concepción visual del show. La imagen, según reconstruyó, era casi pictórica: que el público viera una melena en movimiento. Para un músico que después construyó puestas monumentales en el Luna Park, en el Obras, en plazas públicas colmadas, esa primera lección junto a Charly fue, dijo, un aprendizaje que le sirvió para siempre. Y uno, que vio crecer a ambos, entiende que esa herencia no se mide en notas sino en la manera de habitar un escenario.
- Páez reveló que quiere aprender a dirigir una orquesta y se mostró fascinado por el funcionamiento del formato.
- Interpretó Al lado del camino al piano y volvió a sentarse para cerrar con temas pedidos por Pergolini, Evelyn Botto y Agustín Soy Rada Aristarán.
- Relató la experiencia de haber tocado de espaldas al público junto a Charly García y la vinculó con una decisión visual del propio García.
- Contó que hace unos quince años hizo un concierto con repertorio de García y se encontró con público que no reconocía las canciones, una preocupación que volvió a poner sobre la mesa.
La pregunta que me quedó dando vueltas
Antes de despedirse, Páez dejó en el aire una preocupación que a mí, personalmente, me pegó fuerte: hace unos quince años, cuando armó un show entero con canciones de Charly, se cruzó con gente que no las reconocía. No era una queja ni un reproche, era casi una advertencia amorosa sobre cómo ciertos repertorios pueden borrarse de la memoria colectiva si no se cuidan. Y eso, en un país que vive inventando y olvidando a sus artistas al mismo tiempo, es un tema de conversación enorme. Mi recomendación, si esta nota les dejó aunque sea un cosquilleo, es volver a poner un disco de Páez esta semana, sentarse a escucharlo con la misma atención con la que él se sentó frente a Pergolini, y permitirse, aunque sea por un rato, creer que todavía hay músicos argentinos con ganas de aprender cosas nuevas. Que un artista con su trayectoria quiera empezar de nuevo, en mi opinión, es la mejor noticia del año.
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