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Viernes, 16 de octubre de 2026
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La huerta que se cuida sola: recetas caseras con ortiga, ajo y cáscaras para decirle basta a las plagas sin química

Con la primavera y el verano como escenario, el INTA rescata preparados de elaboración sencilla a partir de ingredientes de cocina para prevenir ataques de pulgones, hongos y ácaros en jardines y huertas familiares.

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Carla NazarSociedad · · 4 min de lectura
La huerta que se cuida sola: recetas caseras con ortiga, ajo y cáscaras para decirle basta a las plagas sin química

La primavera empieza a asomar en alguna provincia del centro del país y yo ya estoy viendo moverse a Doña Esther en su huerta de toda la vida, en ese rincón del patio donde todavía quedan los surcos que le enseñó a hacer su madre. Tiene las manos llenas de tierra, un balde con agua tibia y una planta de ortiga que cortó a primera hora, antes de que el sol la ablande. Me dice, mientras se acomoda los guantes de goma, que hace años dejó de comprar venenos en la agronomía del pueblo y que, desde entonces, sus tomates y sus lechugas no volvieron a llenarse de pulgones. La receta que repite cada temporada es la misma: ortiga fermentada, ajo con alcohol y unas cáscaras de naranja que antes tiraba sin pensar. Su fórmula, que parece de abuela, tiene ahora un sello institucional detrás: la recomienda el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria, que acaba de difundir una guía con preparados caseros para defender la huerta familiar cuando el calor y la humedad hacen su trabajo.

Por qué el calendario cambia el problema

La explicación es bastante concreta y tiene que ver con lo que pasa afuera, en el ambiente. Cuando llega la primavera, el calor y la humedad se dan la mano y eso es casi una invitación para los hongos, que aprovechan cualquier hoja mojada para instalarse. Después, en verano, el aire se vuelve más seco y aparecen con fuerza los insectos y los ácaros, que además encuentran más frutos para alimentarse. Por eso, según el INTA, lo que sirve en octubre no siempre sirve en enero, y conviene tener un par de recetas a mano para cada momento. La idea, aclaran los técnicos, no es reemplazar a los agroquímicos cuando el ataque es severo, sino mantener las poblaciones a un nivel bajo, en el que el jardín pueda seguir adelante sin grandes pérdidas.

Tres reglas antes de empezar a mezclar

  • Usar siempre recipientes de plástico, vidrio o cerámica. Los metálicos pueden liberar elementos tóxicos para la planta.
  • Preparar los macerados en un lugar ventilado y sin luz solar directa, para que la fermentación marche parejo.
  • Colar bien el líquido antes de pulverizar, porque cualquier resto sólido puede tapar la boquilla del rociador y arruinar la aplicación.

Las recetas que recomienda el INTA

El preparado estrella es el purín fermentado de ortiga. Se hace con un kilo de ortiga fresca, o entre 100 y 200 gramos si está seca, en diez litros de agua. Se deja fermentar a la sombra entre 7 y 12 días, revolviendo a diario hasta que desaparezcan las burbujas. Antes de usarlo se diluye en la misma cantidad de agua. Controla pulgones y hongos y, como si fuera poco, aporta nutrientes al suelo. Eso sí: conviene manipular la ortiga con guantes, porque pica.

Para los ácaros, los pulgones, la mosca blanca, las orugas y algunos hongos, el macerado concentrado de ajo con alcohol es una de las fórmulas más rendidoras. Se licúa una cabeza entera de ajo con medio litro de agua y medio litro de alcohol, se deja siete días en la heladera, se filtra y, al momento de usar, se diluyen 100 mililitros por litro de agua con un poco de jabón blanco neutro como adherente, para que la preparación se pegue bien a la hoja.

Hay opciones todavía más simples, casi deapurillettes de cocina. Hervir la cáscara de una naranja en medio litro de agua durante diez minutos sirve para pulgones y cochinillas. Dejar reposar dos o tres cebollas medianas en agua hirviente durante hasta 48 horas ayuda contra pulgones y hongos. Y una infusión de ruda y salvia en proporciones iguales, sin fermentación, se usa directamente para controlar pulgones. En todos los casos, el consejo es aplicarlos al atardecer, cuando baja el sol y las abejas ya no están trabajando, para no molestar a los polinizadores.

Volví a la huerta de Doña Esther

Cuando vuelvo a la huerta de Doña Esther, ya entrada la tarde, la encuentro pulverizando sus tomateras con una mezcla que huele fuerte a ajo. Se ríe y me dice, mientras acomoda el rociador, que ella no sabe nada de fórmulas ni de manuales, pero que aprendió una cosa con los años: que la huerta se cuida sola si uno la mira todos los días y le da la mano antes de que la plaga se instale. Yo me quedo pensando que, en el fondo, tiene razón, y que detrás de cada frasco con ortiga fermentada o de cada cabeza de ajo licuada hay algo más profundo: la idea de que se puede convivir con el jardín sin envenenarlo, y que muchas veces la solución más efectiva está al alcance de la mano, en la cocina de casa.

CN
Carla NazarSociedad

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