Mafalda te espera en la esquina más fotografiada de San Telmo
La estatua de Chile y Defensa se convirtió en parada obligada para turistas y vecinos. La recorrida puede enlazarse con la feria dominical, donde el personaje de Quino se multiplica en cerámicas, mates y muñecas tejidas. Una guía para no perderse nada y, de paso, esquivar las frases apócrifas.

Son las once de la mañana de un domingo cualquiera en la esquina de Chile y Defensa, pleno corazón de San Telmo, y ya hay una fila de gente esperando para fotografiarse con Mafalda. La estatua del personaje que Joaquín Salvador Lavado, Quino, dejó en el imaginario colectivo hace más de seis décadas se transformó en una especie de santuario urbano: visitantes de paso, familias porteñas y curiosos de todas las edades se acomodan frente a la escultura para llevarse la postal. Yo los miro desde la vereda de enfrente, mientras trato de entender por qué esa esquina, precisamente esa, se volvió punto de peregrinación para quienes quieren un recuerdo del barrio.
La clave para ordenar la salida es tomar esa dirección como ancla. Ahí funciona la parada principal del recorrido mafaldea, integrada al Paseo de la Historieta porteño, un circuito que rinde homenaje a distintos personajes de la historieta argentina con esculturas instaladas en las calles del centro. La de Mafalda, sentada con su característico bolso y esa mirada que parece estar juzgando al mundo, es de las más convocantes. Conviene contemplarla al planificar la caminata, porque la espera para posar a su lado puede estirarse bastante: aunque nadie informa un tiempo oficial, la cola se mueve al ritmo del flujo de visitantes que llegan, se sacan su foto y siguen.
La feria como continuación del personaje
Apenas uno se aleja de la estatua y empieza a caminar por Defensa, hacia el sur, la feria dominical de San Telmo se encarga de recordarle a Mafalda a cada paso. Los puestos que se despliegan a lo largo de la calle ofrecen cerámicas, mates, cuadernos, imanes, stickers y muñecas tejidas con la imagen del personaje en distintos materiales y formatos. Hay opciones para todos los gustos y para todos los bolsillos: desde la pieza de autor hasta el souvenir más económico. La recorrida se vuelve así una especie de museo al aire libre donde el personaje se multiplica en versiones que los artesanos del barrio reinventan semana tras semana.
- La estatua de Chile y Defensa funciona como punto de partida y de referencia obligatoria.
- Sobre Defensa, los puestos de la feria ofrecen cerámicas, mates, cuadernos y muñecas tejidas con la imagen de Mafalda.
- Algunos comercios de la zona sumaron más figuras del personaje, por lo que el paseo permite varios encuentros.
- Conviene revisar las inscripciones: hay objetos con frases que Quino nunca escribió.
- El recorrido puede combinarse con las demás esculturas del Paseo de la Historieta porteño.
Antes de comprar cualquier recuerdo, vale un consejo que parece obvio pero que muchos olvidan: no todo lo que lleva la cara de Mafalda dice cosas que ella realmente dijo. Entre los artículos oficiales y autorizados circulan otros que le adjudican al personaje frases que Quino no escribió jamás, resignificaciones, dichos populares y sentencias inventadas que se fueron sumando con los años. Reconocerla en un objeto no garantiza que el mensaje provenga de las historietas originales, así que más vale mirar dos veces antes de quedarse con esa taza que promete cambiarle la vida a uno.
El universo del personaje, desde la vereda
Si uno se queda un rato mirando a la gente que se acerca a la esquina, empieza a entender por qué Mafalda sigue convocando tantas décadas después de la última tira. A su lado crecieron Felipe, Manolito, Susanita, Miguelito, Guille y Libertad, un elenco que el humorista gráfico Tute, heredero declarado de Quino, suele describir como uno de los grandes logros de la tira: la complejidad de esas personalidades y la manera en que el mundo se fue colando en las historietas hasta convertirlas en un espejo de la sociedad argentina. Esa densidad, esa capacidad de hablar de política, de familia y de las contradicciones del país con el humor como vehículo, es lo que sigue atrayendo a los que hacen fila en Chile y Defensa un domingo a la mañana.
Vuelvo entonces a la esquina, ahora con la fila más larga que cuando llegué. Una pareja de turistas brasileños le pide a una señora que les saque una foto juntos, un padre le explica a su hija quién era esa nena de pelo negro que parece enojada con el mundo, y dos amigas posan haciendo el gesto característico de Mafalda, como si la conocieran de toda la vida. Me sumo a la ronda, saco el teléfono y me llevo mi propia postal. Después, mientras me interno en la feria siguiendo el río de puestos, pienso que San Telmo le regala a Buenos Aires algo que pocas ciudades tienen: la posibilidad de cruzarte cara a cara con un personaje de historieta en plena calle, y de llevarte un pedacito de él a la casa. Para mí, que vengo siguiendo a Mafalda desde que tengo memoria, la caminata de este domingo fue una pequeña reconciliación con un barrio que nunca deja de sorprender.
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