Michaela Coel, dueña de su propia herida: la historia detrás de "Podría destruirte"
La creadora, guionista, codirectora y protagonista de la miniserie británica que sacudió 2020 convirtió una violación sufrida en una obra de doce capítulos, y rechazó un acuerdo con una plataforma global para no perder el control sobre lo que contaba.

"No me acuerdo de todo, pero me acuerdo lo suficiente", dice Arabella en uno de los momentos más desgarradores de "Podría destruirte", la frase que funciona como umbral de una historia que interpela desde la primera escena. La pronuncia Michaela Coel, su autora y protagonista, y esa línea resume el motor de los doce episodios: la voluntad de reconstruir una noche fragmentada, hecha de huecos y de certezas que duelen, en la que una escritora exitosa descubre que fue víctima de una violación. Yo, que arranqué la serie sin saber demasiado, terminé pegada al sillón con una incomodidad que no me soltó hasta el último capítulo, y ese es justamente el efecto que busca esta propuesta: incomodar para que no miremos hacia otro lado.
Una ficción con marcas autobiográficas
Arabella, el personaje central, es una autora joven que viene de saborear las mieles de su primer libro y pelea con la página en blanco de su segundo trabajo. Una salida con amigos se transforma en el detonante de toda la trama: a la mañana siguiente, hay zonas de la noche que se resisten a volver. Lo que en otra serie podría ser un arranque de thriller psicológico es, en manos de Coel, el punto de partida de algo más íntimo y más político. La reconstrucción de esas horas, con la ayuda de sus amigos y de sus propios recuerdos que vuelven a oleadas, lleva a Arabella a confirmar lo que en algún momento del relato intuye pero no quiere aceptar: fue violada.
La historia no es un capricho dramático ni un ejercicio de estilo. Coel tomó como materia prima una agresión que ella misma sufrió y decidió ficcionalizarla con un nivel de exposición pocas veces visto: no solo escribió los doce capítulos, sino que también codirigió la serie y se puso en la piel de Arabella. Esa decisión de acumular roles no responde a una cuestión de ego creativo, sino a una lógica de control: nadie mejor que la persona que vivió el hecho para decidir cómo se cuenta, qué se muestra y qué se deja afuera. Esa misma lógica, justamente, fue la que chocó de frente con las reglas del mercado audiovisual más grande del mundo.
Por qué no la hizo Netflix
Cuando la plataforma de streaming más grande del planeta se interesó en el proyecto, pretendió quedarse con la totalidad de los derechos de la obra. Coel dijo que no. Su razonamiento, que ella misma explicó en distintas entrevistas, fue tan simple como radical: si la historia nace de una agresión sufrida por su cuerpo y por su memoria, la propiedad intelectual de esa historia tiene que quedar en sus manos. Las conversaciones no prosperaron y la serie terminó encontrando su camino por otros rumbos, hasta desembarcar en la pantalla en junio de 2020, en plena pandemia y en plena discusión global sobre el consentimiento y la cultura de la violación.
- Creada, escrita y codiregida por Michaela Coel, que también interpreta a Arabella.
- Basada en una experiencia real de violación sufrida por la propia Coel.
- Rechazó un acuerdo con Netflix para conservar los derechos sobre la obra.
- Estrenada en junio de 2020 como miniserie de doce episodios.
- Reconocimiento crítico amplio y crecimiento de público vía streaming.
Una recepción en dos velocidades
La crítica especializada la recibió con elogios casi unánimes, pero la audiencia televisiva inicial fue más bien acotada. La paradoja se explica por el formato y la época: cuando una serie de doce capítulos con un tema tan delicado sale al mundo en medio de un aislamiento global, no siempre cuenta con el ruido necesario para imponerse de entrada. El streaming hizo el resto. Con el correr de los meses, la producción fue sumando espectadores que llegaban recomendados por boca a boca o por listas de fin de año, y terminó por convertirse en una referencia ineludible del debate sobre cómo se cuentan las agresiones sexuales en la ficción contemporánea.
Ese recorrido no se tradujo, sin embargo, en el premio más codiciado de la temporada: el Emmy a la mejor miniserie quedó en manos de "Gambito de dama", otra producción pensada para el consumo global y con una maquinaria de marketing muy distinta. "Podría destruirte" se fue con el reconocimiento de la crítica y de un público que la descubrió tarde, pero que la recomienda con el mismo fervor con el que uno recomienda una novela que le cambió la manera de pensar. A mí, que suelo desconfiar de las etiquetas de "serie indispensable", me cuesta no recomendarla: si te interesa el cruce entre vida y ficción, si te gusta la televisión que no esquiva lo incómodo, o si simplemente querés ver a una autora llevando las riendas de su propia historia hasta el último plano, esta miniserie es una cita obligada.
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