Un cumpleaños para el Kempes: la idea de Llaryora para festejar los 100 años de Mirtha Legrand
El gobernador de Córdoba lanzó la propuesta al aire, en el programa que conduce Juana Viale. La diva cumple un siglo el 23 de febrero y se recupera en su casa tras recibir el alta el 6 de octubre.

"Bueno, los 100 años los hacemos en el Kempes". La frase, lanzada con ese tono entre cómplice y festivo que tienen los gobernadores cuando saben que la cámara los está mirando, fue pronunciada por Martín Llaryora en pleno almuerzo televisivo de Juana Viale, y bastó para que durante unos segundos el living más famoso de la Argentina se transformara en una mesa de operaciones donde se empezó a discutir, en serio y en broma a la vez, cómo se festeja el siglo de vida de Mirtha Legrand. La idea, todavía en estado de borrador, suena descomunal y al mismo tiempo absolutamente a la altura de quien la convoca: nada menos que el cumpleaños número 100 de la conductora que, desde hace más de seis décadas, es sinónimo de la pantalla chica en este país, y que se celebrará el próximo 23 de febrero.
Una recuperación que ya es buena noticia
Lo cierto es que para hablar de fiestas primero hay que celebrar algo que hasta hace muy poco era una preocupación: Legrand recibió el alta médica el 6 de octubre, después de permanecer internada durante 18 días en el Sanatorio Mater Dei por un cuadro de neumopatía, con una breve salida a mediados de septiembre que se frustró y la obligó a reingresar al sanatorio. En lo que va del año, además, había transitado en abril un cuadro gripal con bronquitis que la apartó de su agenda por varios días. Cada uno de esos sustos, conocidos por el público casi en tiempo real, volvió a poner en primer plano una pregunta que los argentinos no queremos formular en voz alta pero que siempre aparece: cómo seguimos sin Mirtha los domingos. La respuesta, por ahora, es que no tenemos que hacerlo. Ella está en casa, recuperándose, y su nieta, al frente del programa en su reemplazo, fue la encargada de confirmar la buena evolución: "Ella está cada día mejor, cada día más ella, con su temperamento hermoso que tiene", dijo Juana Viale, y esa descripción, para cualquiera que haya visto un envío de la Chiqui, alcanza como un parte médico y un retrato al mismo tiempo.
“Ella está cada día mejor, cada día más ella, con su temperamento hermoso que tiene.”Juana Viale
Fue en ese contexto, con la abuela ya en su domicilio y el almanazo funcionando con su proverbial liviandad, donde se coló la propuesta de Llaryora. El gobernador de Córdoba participaba como invitado y, después del comentario sobre la salud de la diva, dejó caer la idea del Kempes con una segunda frase que desnudó el doble juego de la política y la televisión: "Uno busca inversiones; está todo el año". La lectura más llana es la de un gobernador que, como cualquier otro, se pelea por pantalla, turistas y fotos. Pero la lectura más fina es la de un hombre que entiende que asociar su provincia a un evento así es un negocio cultural y simbólico enorme, sobre todo en un país donde la marca Legrand sigue funcionando como un sello de legitimidad que pocas figuras vivas pueden ostentar.
Por qué el estadio y no otro lugar
- Porque el Estadio Mario Alberto Kempes, en la ciudad de Córdoba, es uno de los recintos más grandes del país, con capacidad para varias decenas de miles de personas, y una celebridad con pedigree de centenario se merece un escenario a la altura de su historia.
- Porque Córdoba ya es, desde hace años, una de las plazas fuertes del verano de festivales y shows al que acude público de todo el país, y la logística, la hotelería y la cadena de servicios ya están aceitadas para recibir una convocatoria de ese porte.
- Porque la propia Mirtha ha tenido con esa provincia una relación afectiva de larga data, con público fiel y anécdotas que la propia Juana Viale recordó al aire, en una de esas evocaciones donde las familias de la televisión argentina se cruzan con las familias políticas y nadie sabe bien dónde termina una y empieza la otra.
Si la idea avanza más allá del comentario y se convierte en una producción concreta, estaríamos ante uno de los festejos más multitudinarios de la historia del espectáculo argentino. No es un dato menor: en un país que suele desconfiar de sus propios íconos, el centenario de Mirtha Legrand se cruzaría con un momento donde la televisión abierta pelea por no perder audiencia, donde las nuevas generaciones consumen contenido por streaming y donde la figura de la conductora, lejos de evaporarse, se ha vuelto casi un museo viviente. Un cumpleaños en el Kempes sería, también, una manera de decir que ese museo todavía late, y que late fuerte. Yo, si me preguntan cómo debería ser la fiesta, lo tengo claro: con Mirtha presente, aunque sea unos minutos en el escenario, sentada en su silla, con un micrófono que no necesite usar demasiado, y con la Argentina entera mirándola como la miramos hace décadas, con esa mezcla de respeto, cariño y sana envidia que solo ella sabe provocar.
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