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Una tarta de manzana en media hora: la receta que mete la fruta en la masa y termina con un baño de damasco

La preparación, que se hace con batidora de mano y un molde de 24 centímetros, admite cubrirse con un glaseado de mermelada o servirse con crema. El texto disponible deja afuera las cantidades de varios ingredientes.

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Ana Laura QuinteroAmbiente y energía · 24 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

La propuesta para la merienda o la sobremesa llega con un dato que la define de entrada: la manzana entra dos veces en la receta, porque una parte se tritura junto con el resto de los ingredientes de la masa y la otra se corta en láminas y se dispone sobre la superficie antes del horneado. Esa doble presencia de la fruta es lo que le da a la tarta su humedad y su sabor característicos, y es también lo que distingue a esta versión de las preparaciones más clásicas en las que la manzana sólo aparece como relleno o como cobertura.

El equipamiento es doméstico y accesible: alcanza con un molde redondo de unos 24 centímetros de diámetro y una batidora de mano. No hace falta batidora de pie ni amasadora, ya que la masa se arma directamente en un bol con los líquidos, la harina y la manteca blanda, sin necesidad de un trabajo de amasado prolongado. El horno, en tanto, se enciende con tiempo para que alcance la temperatura indicada antes de que la preparación entre a la cocción.

¿Qué hace falta tener listo antes de empezar?

  • Un molde de unos 24 centímetros, enmantecado o aceitado para que la tarta no se pegue.
  • Horno precalentado a 180 grados, que es la temperatura a la que se hornea durante 30 minutos.
  • Leche, azúcar, huevo, manteca blanda (no derretida), harina y levadura como base de la masa.
  • Manzanas en cantidad suficiente para media unidad que se procesa y para el resto que se corta en láminas.
  • Para el glaseado, cinco cucharadas de mermelada de damasco, más agua y azúcar en proporciones que la fuente no precisa.

El procedimiento sigue una secuencia simple: en un bol se vuelcan la leche, el azúcar, el huevo, la harina, la levadura y la manteca blanda, se suma media manzana y se procesa todo con la batidora hasta obtener una mezcla homogénea. En paralelo, el resto de las manzanas se pela y se corta en láminas finas, que después se incorporan a la masa con una espátula o cuchara, revolviendo apenas para distribuirlas sin romperlas. Esa preparación se vuelca en el molde previamente enmantecado y se lleva al horno por 30 minutos.

¿Cómo se termina la tarta una vez que sale del horno?

El paso final es optativo y admite más de una lectura. La opción más vistosa es el glaseado de damasco, que se prepara durante la cocción calentando en una cacerola chica la mermelada, un poco de agua y azúcar hasta integrar, y se vierte sobre la tarta apenas sale del horno, cuando todavía está caliente y puede absorber el brillo azucarado. También es válido servirla sin cobertura, o acompañarla con un poco más de mermelada en el plato o con crema batida, dos variantes que corren por cuenta de quien la lleva a la mesa.

Antes de arremangarse, hay una advertencia útil: la receta consigna los ingredientes de la masa y del glaseado, pero el texto disponible no detalla las cantidades de varios de ellos, empezando por la harina, el azúcar, la leche, la manteca y la cantidad total de manzanas. Quien quiera replicarla tendrá que ajustar esas proporciones a ojo o recurriendo a referencias propias, porque la fuente sólo fija con precisión las cinco cucharadas de mermelada de damasco del baño final. Queda, en definitiva, una tarta de ejecución rápida y resultado vistoso, a la que sólo le falta el dato numérico para poder repetirse sin improvisar.

AL
Ana Laura QuinteroAmbiente y energía

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