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El lunes 28 de septiembre asoma como jornada de quietud en las góndolas: el comercio evalúa cómo tomar el Día del Empleado

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Rodrigo IriarteEconomía · 27 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

El lunes 28 de septiembre promete un escenario singular para los consumidores de la Ciudad de Buenos Aires y de los principales centros urbanos del país, donde supermercados, shoppings y comercios de distinto porte podrían mantener sus persianas bajas en homenaje al Día del Empleado de Comercio. Aunque la celebración está fijada por ley el 26 de septiembre, la fecha cayó este año en sábado y, por el acuerdo alcanzado entre la Federación Argentina de Empleados de Comercio y Servicios (FAECyS) y las cámaras empresarias del sector, se resolvió correr el descanso hasta el primer día hábil siguiente, lo que vuelve a concentrar la atención sobre la apertura o no de los locales.

Según el entendimiento alcanzado por las partes, la jornada del lunes próximo conserva los mismos alcances que un feriado nacional para los trabajadores de la actividad. En los hechos, eso significa que el grueso del personal queda dispensado de presentarse y que la decisión final sobre abrir o mantener cerrado el establecimiento quedará en manos de cada empleador. Las principales cadenas de supermercados, así como la mayoría de los centros comerciales, suelen hacer suya la fecha y permanecer sin atención al público, aunque la medida no es obligatoria y no todos los negocios la aplican de manera uniforme.

Quiénes abran deberán pagar el doble

Para los comerciantes que decidan mantener la actividad y convoquen a su personal, la legislación establece una compensación específica. La Ley de Contrato de Trabajo prevé que la jornada laborada en un día como el que se avecina debe ser remunerada al doble de la habitual, lo que encarece cualquier apertura y suele inclinar la balanza hacia el cierre, en línea con el espíritu de la norma que dio origen al reconocimiento.

El acuerdo que oficializó el traslado quedó plasmado en una circular del 7 de septiembre, en la que se recordó que la jornada se rige por la ley 26.541. Esa norma, sancionada el 10 de diciembre de 2009, instituyó el Día del Empleado de Comercio como fecha en la que los empleados del sector no prestan tareas, con los mismos efectos que un feriado. La elección del 26 de septiembre no es casual: ese día de 1934 se dictó la ley 11.729, una de las piezas tempranas del derecho laboral argentino, que reguló aspectos centrales de las relaciones de trabajo en el comercio, entre ellos las licencias por enfermedad y accidente y la indemnización por despido.

En la práctica, el consumidor que tenga previsto hacer compras ese día se enfrenta a un mapa desparejo: algunos locales atenderán con normalidad bajo la modalidad de día feriado, otros lo harán con horario reducido y un tercer grupo permanecerá directamente cerrado. Por eso, antes de trasladarse hasta un shopping o un hipermercado, conviene consultar la política de cada cadena y, sobre todo, anticipar las compras de la semana. Para los comercios, en tanto, el cálculo es simple: abrir implica asumir el costo salarial doble; cerrar, resignar ventas por una jornada. El mercado observa cómo se reparte esa decisión entre las grandes firmas y los negocios de cercanía, donde la informalidad suele hacer más lábil la frontera entre el feriado y la jornada habitual, un dato que, por cierto, también escapa al INDEC y al BCRA, que en esta oportunidad no tienen injerencia directa en el calendario del sector.

Qué se espera para los próximos días

De cara a la semana próxima, la mirada del sector estará puesta en el nivel de adhesión que obtenga la jornada entre los distintos formatos de venta. Las cámaras que nuclean a los supermercados y a los centros comerciales suelen comunicar sus decisiones en los días previos al 28, mientras que en los comercios barriales primará el criterio de cada propietario. Para el consumidor, la recomendación práctica es la misma que aplican los analistas cuando evalúan un feriado puente: planificar con antelación, abastecerse con margen y verificar el funcionamiento de las cadenas antes de salir. Esa misma lógica, trasladada al calendario laboral, ayuda a entender por qué una fecha que en el papel es solo un traslado de tres días termina por reconfigurar la rutina de compras de todo un lunes.

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Rodrigo IriarteEconomía

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